{"id":1634,"date":"2013-12-22T10:00:48","date_gmt":"2013-12-22T09:00:48","guid":{"rendered":"http:\/\/alqueriasegundociclo.wordpress.com\/?p=1634"},"modified":"2014-02-24T10:47:41","modified_gmt":"2014-02-24T10:47:41","slug":"hans-christian-andersen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.alqueria.es\/blogs\/alqueriasegundociclo\/2013\/12\/22\/hans-christian-andersen\/","title":{"rendered":"Hans Christian Andersen. El ruise\u00f1or."},"content":{"rendered":"<h3><\/h3>\n<h3><span style=\"color:#0000ff\">Hans Christian Andersen<\/span><\/h3>\n<p><a href=\"http:\/\/alqueriasegundociclo.files.wordpress.com\/2012\/08\/hans_christian_andersen.jpg\"><img decoding=\"async\" data-attachment-id=\"1635\" data-permalink=\"https:\/\/www.alqueria.es\/blogs\/alqueriasegundociclo\/hans_christian_andersen\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.alqueria.es\/blogs\/alqueriasegundociclo\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2012\/08\/hans_christian_andersen.jpg\" data-orig-size=\"424,471\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Hans_Christian_Andersen\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.alqueria.es\/blogs\/alqueriasegundociclo\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2012\/08\/hans_christian_andersen.jpg\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-1635\" title=\"Hans_Christian_Andersen\" alt=\"\" src=\"https:\/\/cloud.alqueria.es\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2013\/12\/hans_christian_andersen.jpg\" width=\"270\" height=\"300\" \/><\/a><\/p>\n<p>(Odense, Dinamarca, 1805 &#8211; Copenhague, 1875) Poeta y escritor dan\u00e9s. El m\u00e1s c\u00e9lebre de los escritores rom\u00e1nticos daneses fue hombre de origen humilde y formaci\u00f3n esencialmente autodidacta, en quien influyeron poderosamente las lecturas de Goethe, Schiller y E.T.A. Hoffmann.<\/p>\n<p>Hijo de un zapatero de Odense, su padre muri\u00f3 cuando \u00e9l contaba s\u00f3lo once a\u00f1os, por lo que no pudo completar sus estudios. En 1819, a los catorce a\u00f1os, Hans Christian Andersen viaj\u00f3 a Copenhague en pos del sue\u00f1o de triunfar como dramaturgo. La crisis que viv\u00eda el reino a ra\u00edz de las duras condiciones del tratado de paz de Kiel y su escasa formaci\u00f3n intelectual obstaculizaron seriamente su prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Sin embargo, con la ayuda de personas adineradas, logr\u00f3 estudiar, y en 1828 obtuvo el t\u00edtulo de bachiller. Un a\u00f1o antes se hab\u00eda dado a conocer con su poema\u00a0<em>El ni\u00f1o moribundo<\/em>, que reflejaba el tono rom\u00e1ntico de los grandes poetas de la \u00e9poca, en especial los alemanes. En esta misma l\u00ednea se desarrollaron su producci\u00f3n po\u00e9tica y sus epigramas, en los que prevalec\u00eda la exaltaci\u00f3n sentimental y patri\u00f3tica.<\/p>\n<p>El escaso \u00e9xito de sus obras teatrales y su insaciable curiosidad lo impulsaron a viajar por diversos pa\u00edses, entre ellos Alemania, Francia, Italia, Grecia, Turqu\u00eda, Suecia, Espa\u00f1a y el Reino Unido, y a anotar sus impresiones en interesantes cuadernos y libros de viaje (<em>En Suecia<\/em>,\u00a0<em>En Espa\u00f1a<\/em>).<\/p>\n<p>En 1835, ya de regreso en su pa\u00eds, alcanz\u00f3 cierta fama con la publicaci\u00f3n de su novela\u00a0<em>El improvisador<\/em>, a la que siguieron en los a\u00f1os siguientes\u00a0<em>O.T.<\/em>\u00a0y\u00a0<em>Tan s\u00f3lo un violinista<\/em>, entre otras, piezas teatrales como\u00a0<em>El mulato<\/em>\u00a0y una autobiograf\u00eda,\u00a0<em>La verdadera historia de mi vida<\/em>.<\/p>\n<p>Durante su estancia en el Reino Unido, Andersen entabl\u00f3 amistad con Charles Dickens, cuyo poderoso realismo, al parecer, fue uno de los factores que le ayudaron a encontrar el equilibrio entre realidad y fantas\u00eda, en un estilo que tuvo su m\u00e1s lograda expresi\u00f3n en una larga serie de cuentos. Inspir\u00e1ndose en tradiciones populares y narraciones mitol\u00f3gicas extra\u00eddas de fuentes alemanas y griegas, as\u00ed como de experiencias particulares, entre 1835 y 1872 escribi\u00f3 168 cuentos protagonizados por personajes de la vida diaria, h\u00e9roes m\u00edticos, animales y objetos animados.<\/p>\n<p>Dirigidas en principio al p\u00fablico infantil, aunque admiten sin duda la lectura a otros niveles, los cuentos de Andersen se desarrollan en un escenario donde la fantas\u00eda forma parte natural de la realidad y las peripecias del mundo se reflejan en historias que, no exentas de un peculiar sentido del humor, tratan de los sentimientos y el esp\u00edritu humanos.<\/p>\n<p>En la l\u00ednea de autores como Charles Perrault y los hermanos Grimm, el escritor dan\u00e9s identific\u00f3 sus personajes con valores, vicios y virtudes para, vali\u00e9ndose de elementos fabulosos, reales y autobiogr\u00e1ficos, como en el cuento\u00a0<em>El patito feo<\/em>, describir la eterna lucha entre el bien y el mal y dar fe del imperio de la justicia, de la supremac\u00eda del amor sobre el odio y de la persuasi\u00f3n sobre la fuerza; en sus relatos, los personajes m\u00e1s desvalidos se someten pacientemente a su destino hasta que el cielo, en forma de h\u00e9roe, hada madrina u otro ser fabuloso, acude en su ayuda y la virtud es premiada.<\/p>\n<p>La maestr\u00eda y la sencillez expositiva logradas por Andersen en sus cuentos no s\u00f3lo contribuyeron a la r\u00e1pida popularizaci\u00f3n de \u00e9stos, sino que consagraron a su autor como uno de los grandes genios de la literatura universal.<br \/>\n<ins><\/ins><\/p>\n<h1 style=\"text-align:center\"><span style=\"color:#ff6600\">El ruise\u00f1or &#8211;<\/span><\/h1>\n<p><span style=\"color:#008000\">Cuento escrito por el dan\u00e9s Hans Christian Andersen para la soprano sueca Jenny Lind a quien cortej\u00f3 sin demasiado \u00e9xito. Andersen naci\u00f3 el 2 de abril de 1805 en Odense, y escribi\u00f3 obras de teatros, novelas, libros de viajes y centenares de cuentos para ni\u00f1os por los cuales se hizo famoso. Entre ellos: \u00abEl patito feo\u00bb, \u00abLa sirenita\u00bb, \u00abEl traje nuevo del emperador\u00bb, \u00abEl soldadito de plomo\u00bb.<\/span><\/p>\n<div><\/div>\n<h4>\u00a0<strong>China, como sabes muy bien, el Emperador es chino, y chinos son todos los que lo rodean. Hace ya muchos a\u00f1os de lo que voy a contar, mas por eso precisamente vale la pena que lo oigan, antes de que la historia se haya olvidado.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4><strong>El palacio del Emperador era el m\u00e1s espl\u00e9ndido del mundo entero, todo \u00e9l de la m\u00e1s delicada porcelana. Todo en \u00e9l era tan precioso y fr\u00e1gil, que hab\u00eda que ir con mucho cuidado antes de tocar nada. El jard\u00edn estaba lleno de flores maravillosas, y de las m\u00e1s bellas colgaban campanillas de plata que sonaban para que nadie pudiera pasar de largo sin fijarse en ellas. S\u00ed, en el jard\u00edn imperial todo estaba muy bien pensado, y era tan extenso que el propio jardinero no ten\u00eda idea de d\u00f3nde terminaba. Si segu\u00edas andando, te encontrabas en el bosque m\u00e1s espl\u00e9ndido que quepa imaginar, lleno de altos \u00e1rboles y profundos lagos. Aquel bosque llegaba hasta el mar hondo y azul; grandes\u00a0embarcaciones pod\u00edan navegar por debajo de las ramas, y all\u00ed viv\u00eda un ruise\u00f1or que cantaba tan primorosamente, que incluso el pobre pescador, a pesar de sus muchas ocupaciones, cuando por la noche sal\u00eda a retirar las redes, se deten\u00eda a escuchar sus trinos.<\/strong><\/h4>\n<h4><strong>-\u00a1Dios santo, y qu\u00e9 hermoso! -exclamaba; pero luego ten\u00eda que atender a sus redes y olvidarse del p\u00e1jaro hasta la noche siguiente, en que, al llegar de nuevo al lugar, repet\u00eda-: \u00a1Dios santo, y qu\u00e9 hermoso!\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4><strong><a href=\"http:\/\/alqueriasegundociclo.files.wordpress.com\/2012\/08\/ruise25c325b1or.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" style=\"border-style:initial;border-color:initial;border-width:0\" alt=\"\" src=\"https:\/\/cloud.alqueria.es\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2013\/12\/ruise25c325b1or.jpg\" width=\"200\" height=\"156\" border=\"0\" \/><\/a>De todos los pa\u00edses llegaban viajeros a la ciudad imperial, y admiraban el palacio y el jard\u00edn; pero en cuanto o\u00edan al ruise\u00f1or, exclamaban:<\/strong><\/h4>\n<h4><strong>-\u00a1Esto es lo mejor de todo!<\/strong><br \/>\n<strong>De regreso a sus tierras los viajeros hablaban de \u00e9l, y los sabios escrib\u00edan libros y m\u00e1s libros acerca de la ciudad, del palacio y del jard\u00edn, pero sin olvidarse nunca del ruise\u00f1or, al que pon\u00edan por las nubes; y los poetas compon\u00edan inspirad\u00edsimos poemas sobre el p\u00e1jaro que cantaba en el bosque, junto al profundo lago.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Aquellos libros se difundieron por el mundo, y algunos llegaron a manos del Emperador. Se hallaba sentado en su sill\u00f3n de oro, leyendo y leyendo; de vez en cuando hac\u00eda con la cabeza un gesto de aprobaci\u00f3n, pues le satisfac\u00eda leer aquellas magn\u00edficas descripciones de la ciudad, del palacio y del jard\u00edn. \u00abPero lo mejor de todo es el ruise\u00f1or\u00bb, dec\u00eda el libro.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>\u00ab\u00bfQu\u00e9 es esto? -pens\u00f3 el Emperador-. \u00bfEl ruise\u00f1or? Jam\u00e1s he o\u00eddo hablar de \u00e9l. \u00bfEs posible que haya un p\u00e1jaro as\u00ed en mi imperio, y precisamente en mi jard\u00edn? Nadie me ha informado. \u00a1Est\u00e1 bueno que uno tenga que enterarse de semejantes cosas por los libros!\u00bb\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>Y mand\u00f3 llamar al mayordomo de palacio, un personaje tan importante, que cuando una persona de rango inferior se atrev\u00eda a dirigirle la palabra o hacerle una pregunta, se limitaba a contestarle: \u00ab\u00a1P!\u00bb. Y esto no significa nada.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Seg\u00fan parece, hay aqu\u00ed un p\u00e1jaro de lo m\u00e1s notable, llamado ruise\u00f1or -dijo el Emperador-. Se dice que es lo mejor que existe en mi imperio; \u00bfpor qu\u00e9 no se me ha informado de este hecho?\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Es la primera vez que oigo hablar de \u00e9l -se justific\u00f3 el mayordomo-. Nunca ha sido presentado en la Corte.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Pues ordeno que acuda esta noche a cantar en mi presencia -dijo el Emperador-. El mundo entero sabe lo que tengo, menos yo.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Es la primera vez que oigo hablar de \u00e9l -repiti\u00f3 el mayordomo-. Lo buscar\u00e9 y lo encontrar\u00e9.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>\u00bfEncontrarlo?, \u00bfd\u00f3nde? El dignatario se cans\u00f3 de subir y bajar escaleras y de recorrer salas y pasillos. Nadie de cuantos pregunt\u00f3 hab\u00eda o\u00eddo hablar del ruise\u00f1or. Y el mayordomo, volviendo al Emperador, le dijo que se trataba de una de esas f\u00e1bulas que suelen imprimirse en los libros.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Vuestra Majestad Imperial no debe creer todo lo que se escribe; son fantas\u00edas y una cosa que llaman magia negra.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Pero el libro en que lo he le\u00eddo me lo ha enviado el poderoso Emperador del Jap\u00f3n -replic\u00f3 el Soberano-; por tanto, no puede ser mentiroso. Quiero o\u00edr al ruise\u00f1or. Que acuda esta noche a mi presencia para cantar bajo mi especial protecci\u00f3n. Si no se presenta mandar\u00e9 que todos los cortesanos sean pateados en el est\u00f3mago despu\u00e9s de cenar.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Tsing-pe! -dijo el mayordomo; y vuelta a subir y bajar escaleras y a recorrer salas y pasillos, y media Corte con \u00e9l, pues a nadie le hac\u00eda gracia que le patearan el est\u00f3mago. Y todo era preguntar por el notable ruise\u00f1or, conocido por todo el mundo menos por la Corte.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Finalmente dieron en la cocina con una pobre muchachita que exclam\u00f3:<\/strong><br \/>\n<strong>-\u00a1Dios m\u00edo! \u00bfEl ruise\u00f1or? \u00a1Claro que lo conozco! \u00a1qu\u00e9 bien canta! Todas las noches me dan permiso para que lleve algunas sobras de comida a mi pobre madre que est\u00e1 enferma. Vive all\u00e1 en la playa, y cuando estoy de regreso me paro a descansar en el bosque y oigo cantar al ruise\u00f1or. Y oy\u00e9ndolo se me vienen las l\u00e1grimas a los ojos como si mi madre me besase. Es un recuerdo que me estremece de emoci\u00f3n y dulzura.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Peque\u00f1a fregaplatos -dijo el mayordomo-, te dar\u00e9 un empleo fijo en la cocina y permiso para presenciar la comida del Emperador, si puedes traernos al ruise\u00f1or; est\u00e1 citado para esta noche.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Todos se dirigieron al bosque, al lugar donde el p\u00e1jaro sol\u00eda situarse; media Corte tomaba parte en la expedici\u00f3n. Avanzaban a toda prisa, cuando una vaca se puso a mugir.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Oh! -exclamaron los cortesanos-. \u00a1Ya lo tenemos! \u00a1Qu\u00e9 fuerza para un animal tan peque\u00f1o! Ahora que caigo en ello, no es la primera vez que lo oigo.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-No, eso es una vaca que muge -dijo la fregona A\u00fan tenemos que andar mucho.\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>Luego oyeron las ranas croando en una charca.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Magn\u00edfico! -exclam\u00f3 un cortesano-. Ya lo oigo, suena como las campanillas de la iglesia.\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>-No, eso son ranas -contest\u00f3 la muchacha-. Pero creo que no tardaremos en o\u00edrlo.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Y en seguida el ruise\u00f1or se puso a cantar.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Es \u00e9l! -dijo la ni\u00f1a-. \u00a1Escuchen, escuchen! \u00a1All\u00ed est\u00e1! -y se\u00f1al\u00f3 un avecilla gris posada en una rama.<\/strong><br \/>\n<strong>-\u00bfEs posible? -dijo el mayordomo-. Jam\u00e1s lo habr\u00eda imaginado as\u00ed. \u00a1Qu\u00e9 vulgar! Seguramente habr\u00e1 perdido el color, intimidado por unos visitantes tan distinguidos.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Mi peque\u00f1o ruise\u00f1or -dijo en voz alta la muchachita-, nuestro gracioso Soberano quiere que cantes en su presencia.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Con mucho gusto! &#8211; respondi\u00f3 el p\u00e1jaro, y reanud\u00f3 su canto que daba gloria o\u00edrlo.\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>-\u00a1Parecen campanitas de cristal! -observ\u00f3 el mayordomo.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Miren c\u00f3mo se mueve su garganta! Es raro que nunca lo hubi\u00e9semos visto. Causar\u00e1 sensaci\u00f3n en la Corte.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00bfQuieren que vuelva a cantar para el Emperador? -pregunt\u00f3 el p\u00e1jaro, pues cre\u00eda que el Emperador estaba all\u00ed.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Mi peque\u00f1o y excelente ruise\u00f1or -dijo el mayordomo- tengo el honor de invitarlo a una gran fiesta en palacio esta noche, donde podr\u00e1 deleitar con su magn\u00edfico canto a Su Imperial Majestad.\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>-Suena mejor en el bosque -objet\u00f3 el ruise\u00f1or; pero cuando le dijeron que era un deseo del Soberano, los acompa\u00f1\u00f3 gustoso.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>En palacio todo hab\u00eda sido pulido y fregado. Las paredes y el suelo, que eran de porcelana, brillaban a la luz de millares de l\u00e1mparas de oro; las flores m\u00e1s exquisitas, con sus campanillas, hab\u00edan sido colocadas en los corredores; las idas y venidas de los cortesanos produc\u00edan tales corrientes de aire que las campanillas no cesaban de sonar y uno no o\u00eda ni su propia voz.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>En medio del gran sal\u00f3n donde el Emperador estaba, hab\u00edan puesto una percha de oro para el ruise\u00f1or. Toda la Corte estaba presente, y la peque\u00f1a fregona hab\u00eda recibido autorizaci\u00f3n para situarse detr\u00e1s de la puerta, pues ten\u00eda ya el t\u00edtulo de cocinera de la Corte. Todo el mundo llevaba sus vestidos de gala, y todos los ojos estaban fijos en la avecilla gris, a la que el Emperador hizo signo de que pod\u00eda empezar.\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>El ruise\u00f1or cant\u00f3 tan deliciosamente que las l\u00e1grimas acudieron a los ojos del Soberano; y cuando el p\u00e1jaro las vio rodar por sus mejillas, volvi\u00f3 a cantar mejor a\u00fan, hasta llegarle al alma. El Emperador qued\u00f3 tan complacido que dijo que regalar\u00eda su chinela de oro al ruise\u00f1or para que se la colgase al cuello. Mas el p\u00e1jaro le dio las gracias, dici\u00e9ndole que ya se consideraba suficientemente recompensado.\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>-He visto l\u00e1grimas en los ojos del Emperador; \u00e9ste es para m\u00ed el mejor premio. Las l\u00e1grimas de un rey poseen una virtud especial. Dios sabe que he quedado bien recompensado -y reanud\u00f3 su canto con su dulce y melodiosa voz.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Es la lisonja m\u00e1s amable y graciosa que he escuchado en mi vida! -exclamaron las damas presentes; y todas se fueron a llenarse la boca de agua para gargarizar cuando alguien hablase con ellas; pues cre\u00edan que tambi\u00e9n ellas pod\u00edan ser ruise\u00f1ores. S\u00ed, hasta los lacayos y las camareras expresaron su aprobaci\u00f3n, y esto es decir mucho, pues son siempre m\u00e1s dif\u00edciles de contentar. Realmente el ruise\u00f1or caus\u00f3 sensaci\u00f3n.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Se quedar\u00eda en la Corte, en una jaula particular, con libertad para salir dos veces durante el d\u00eda y una durante la noche. Pusieron a su servicio diez criados, a cada uno de los cuales estaba sujeto por medio de una cinta de seda que le ataron alrededor de la pierna. La verdad es que no eran precisamente de placer aquellas excursiones.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>La ciudad entera hablaba del notabil\u00edsimo p\u00e1jaro, y cuando dos se encontraban, se saludaban diciendo el uno: \u00abRui\u00bb y respondiendo el otro: \u00abSe\u00f1or\u00bb; luego exhalaban un suspiro, indicando que se hab\u00edan comprendido. Hubo incluso once verduleras que pusieron su nombre a sus hijos, pero ni uno de ellos result\u00f3 capaz de dar una nota.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Un buen d\u00eda el Emperador recibi\u00f3 un gran paquete rotulado: \u00abEl ruise\u00f1or\u00bb.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-He aqu\u00ed un nuevo libro acerca de nuestro famoso p\u00e1jaro -exclam\u00f3 el Emperador. Pero result\u00f3 que no era un libro, sino un peque\u00f1o ingenio puesto en una jaula, un ruise\u00f1or artificial, imitaci\u00f3n del vivo, pero cubierto materialmente de diamantes, rub\u00edes y zafiros. S\u00f3lo hab\u00eda que darle cuerda y se pon\u00eda a cantar una de las melod\u00edas que cantaba el de verdad, levantando y bajando la cola, todo \u00e9l un ascua de plata y oro. Llevaba una cinta atada al cuello y en ella estaba escrito: \u00abEl ruise\u00f1or del Emperador del Jap\u00f3n es pobre en comparaci\u00f3n con el del Emperador de la China\u00bb.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Soberbio! -exclamaron todos, y el emisario que hab\u00eda tra\u00eddo el ave artificial recibi\u00f3 inmediatamente el t\u00edtulo de Gran Portador Imperial de Ruise\u00f1ores.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Ahora van a cantar juntos. \u00a1Qu\u00e9 d\u00fao har\u00e1n!\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Y los hicieron cantar a d\u00fao; pero la cosa no marchaba, pues el ruise\u00f1or aut\u00e9ntico lo hac\u00eda a su manera y el artificial iba con cuerda.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-No se le puede reprochar -dijo el Director de la Orquesta Imperial-; mantiene el comp\u00e1s exactamente y sigue mi m\u00e9todo al pie de la letra.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>En adelante, el p\u00e1jaro artificial tuvo que cantar solo. Obtuvo tanto \u00e9xito como el otro; adem\u00e1s, era mucho m\u00e1s bonito, pues brillaba como un pu\u00f1ado de pulseras y broches.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Repiti\u00f3 treinta y tres veces la misma melod\u00eda, sin cansarse, y los cortesanos quer\u00edan volver a o\u00edrla de nuevo, pero el Emperador opin\u00f3 que tambi\u00e9n el ruise\u00f1or verdadero deb\u00eda cantar algo. Pero, \u00bfd\u00f3nde se hab\u00eda metido? Nadie se hab\u00eda dado cuenta de que, saliendo por la ventana abierta, hab\u00eda vuelto a su verde bosque.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00bfQu\u00e9 significa esto? -pregunt\u00f3 el Emperador. Y todos los cortesanos se deshicieron en reproches e improperios, tachando al p\u00e1jaro de desagradecido-. Por suerte nos queda el mejor -dijeron, y el ave mec\u00e1nica hubo de cantar de nuevo, repitiendo por trig\u00e9simo cuarta vez la misma canci\u00f3n; pero como era muy dif\u00edcil no hab\u00eda modo de que los oyentes se la aprendieran. El Director de la Orquesta Imperial se hac\u00eda lenguas del arte del p\u00e1jaro, asegurando que era muy superior al verdadero, no s\u00f3lo en lo relativo al plumaje y la cantidad de diamantes, sino tambi\u00e9n interiormente.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Pues f\u00edjense Vuestras Se\u00f1or\u00edas, y especialmente Su Majestad, que con el ruise\u00f1or de carne y hueso nunca se puede saber qu\u00e9 es lo que va a cantar. En cambio, en el artificial todo est\u00e1 determinado de antemano. Se oir\u00e1 tal cosa y tal otra, y nada m\u00e1s. En \u00e9l todo tiene su explicaci\u00f3n: se puede abrir y poner de manifiesto c\u00f3mo obra la inteligencia humana, viendo c\u00f3mo est\u00e1n dispuestas las ruedas, c\u00f3mo se mueven, c\u00f3mo una se engrana con la otra.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Eso pensamos todos -dijeron los cortesanos, y el Director de la Orquesta Imperial fue autorizado para que el pr\u00f3ximo domingo mostrara el p\u00e1jaro al pueblo-. Todos deben o\u00edrlo cantar -dijo el Emperador; y as\u00ed se hizo, y qued\u00f3 la gente tan satisfecha como si se hubiesen emborrachado con t\u00e9, pues as\u00ed es como lo hacen los chinos; y todos gritaron: \u00ab\u00a1Oh!\u00bb, y levantando el dedo \u00edndice se inclinaron profundamente.<\/strong><\/h4>\n<h4><strong> Mas los pobres pescadores que hab\u00edan o\u00eddo al ruise\u00f1or aut\u00e9ntico, dijeron:\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>-No est\u00e1 mal; las melod\u00edas se parecen, pero le falta algo, no s\u00e9 qu\u00e9&#8230;\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>El ruise\u00f1or de verdad fue desterrado del pa\u00eds.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>El p\u00e1jaro mec\u00e1nico estuvo en adelante junto a la cama del Emperador, sobre una almohada de seda; todos los regalos con que hab\u00eda sido obsequiado -oro y piedras preciosas- estaban dispuestos a su alrededor, y se le hab\u00eda conferido el t\u00edtulo de Primer Cantor de Cabecera Imperial, con categor\u00eda de n\u00famero uno al lado izquierdo. Pues el Emperador consideraba que este lado era el m\u00e1s noble, por ser el del coraz\u00f3n, que hasta los emperadores tienen a la izquierda. Y el Director de la Orquesta Imperial escribi\u00f3 una obra de veinticinco tomos sobre el p\u00e1jaro mec\u00e1nico; tan larga y erudita, tan llena de las m\u00e1s dif\u00edciles palabras chinas, que todo el mundo afirm\u00f3 haberla le\u00eddo y entendido, pues de otro modo habr\u00edan pasado por tontos y recibido patadas en el est\u00f3mago.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>As\u00ed transcurrieron las cosas durante un a\u00f1o; el Emperador, la Corte y todos los dem\u00e1s chinos se sab\u00edan de memoria el trino de canto del ave mec\u00e1nica, y precisamente por eso les gustaba m\u00e1s que nunca; pod\u00edan imitarlo y lo hac\u00edan. Los golfillos de la calle cantaban: \u00ab\u00a1tsitsii, cluclucluk!\u00bb, y hasta el Emperador hac\u00eda coro. Era de veras divertido.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Pero he aqu\u00ed que una noche, estando el p\u00e1jaro en pleno canto, el Emperador, que estaba ya acostado, oy\u00f3 de pronto un \u00ab\u00a1crac!\u00bb en el interior del mecanismo; algo hab\u00eda saltado. \u00ab\u00a1Schnurrrr!\u00bb, se escap\u00f3 la cuerda, y la m\u00fasica ces\u00f3.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>El Emperador salt\u00f3 de la cama y mand\u00f3 llamar a su m\u00e9dico de cabecera; pero, \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda hacer el hombre? Entonces fue llamado el relojero, quien tras largos discursos y manipulaciones arregl\u00f3 un poco el ave; pero manifest\u00f3 que deb\u00edan andarse con mucho cuidado con ella y no hacerla trabajar demasiado, pues los pernos estaban gastados y no era posible sustituirlos por otros nuevos que asegurasen el funcionamiento de la m\u00fasica. \u00a1Qu\u00e9 desolaci\u00f3n! Desde entonces s\u00f3lo se pudo hacer cantar al p\u00e1jaro una vez al a\u00f1o, y aun esto era una imprudencia; pero en tales ocasiones el Director de la Orquesta Imperial pronunciaba un breve discurso, empleando aquellas palabras tan intrincadas, diciendo que el ave cantaba tan bien como antes, y no hay que decir que todo el mundo se manifestaba de acuerdo.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Pasaron cinco a\u00f1os, cuando he aqu\u00ed que una gran desgracia cay\u00f3 sobre el pa\u00eds. Los chinos quer\u00edan mucho a su Emperador, el cual estaba ahora enfermo de muerte. Ya hab\u00eda sido elegido su sucesor, y el pueblo, en la calle, no cesaba de preguntar al mayordomo de Palacio por el estado del anciano monarca.\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>-\u00a1P! -respond\u00eda \u00e9ste, sacudiendo la cabeza.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Fr\u00edo y p\u00e1lido yac\u00eda el Emperador en su grande y suntuoso lecho. Toda la Corte lo cre\u00eda ya muerto y cada cual se apresuraba a ofrecer sus respetos al nuevo soberano. Los camareros de palacio sal\u00edan precipitadamente para hablar del suceso, y las camareras se reunieron en un t\u00e9 muy concurrido. En todos los salones y corredores hab\u00edan tendido pa\u00f1os para que no se oyera el paso de nadie, y as\u00ed reinaba un gran silencio.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Pero el Emperador no hab\u00eda expirado a\u00fan; permanec\u00eda r\u00edgido y p\u00e1lido en la lujosa cama, con sus largas cortinas de terciopelo y macizas borlas de oro. Por una ventana que se abr\u00eda en lo alto de la pared, la luna enviaba sus rayos que iluminaban al Emperador y al p\u00e1jaro mec\u00e1nico.<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>El pobre Emperador jadeaba con gran dificultad; era como si alguien se le hubiera sentado sobre el pecho. Abri\u00f3 los ojos y vio que era la Muerte, que se hab\u00eda puesto su corona de oro en la cabeza y sosten\u00eda en una mano el dorado sable imperial, y en la otra, su magn\u00edfico estandarte. En torno, por los pliegues de los cortinajes asomaban extrav\u00edas cabezas, algunas horriblemente feas, otras de expresi\u00f3n dulce y apacible: eran las obras buenas y malas del Emperador, que lo miraban en aquellos momentos en que la muerte se hab\u00eda sentado sobre su coraz\u00f3n.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00bfTe acuerdas de tal cosa? -murmuraban una tras otra-. \u00bfY de tal otra? -Y le recordaban tantas, que al pobre le manaba el sudor de la frente.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Yo no lo sab\u00eda! -se excusaba el Emperador-. \u00a1M\u00fasica, m\u00fasica! \u00a1Que suene el gran tambor chino -grit\u00f3- para no o\u00edr todo eso que dicen!<\/strong><\/h4>\n<h4><strong>Pero las cabezas segu\u00edan hablando y la Muerte asent\u00eda con la cabeza, al modo chino, a todo lo que dec\u00edan.<\/strong><\/h4>\n<h4><strong>-\u00a1M\u00fasica, m\u00fasica! -gritaba el Emperador-. \u00a1Oh t\u00fa, pajarillo de oro, canta, canta! Te di oro y objetos preciosos, con mi mano te colgu\u00e9 del cuello mi chinela dorada. \u00a1Canta, canta ya!<\/strong><\/h4>\n<h4><strong>Mas el p\u00e1jaro segu\u00eda mudo, pues no hab\u00eda nadie para darle cuerda, y la Muerte segu\u00eda mirando al Emperador con sus grandes \u00f3rbitas vac\u00edas; y el silencio era l\u00fagubre.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4><strong><a href=\"http:\/\/alqueriasegundociclo.files.wordpress.com\/2012\/08\/muerte.jpg\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"https:\/\/cloud.alqueria.es\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2013\/12\/muerte.jpg\" width=\"200\" height=\"150\" border=\"0\" \/><\/a>De pronto reson\u00f3, procedente de la ventana, un canto maravilloso. Era el peque\u00f1o ruise\u00f1or vivo, posado en una rama. Enterado de la desesperada situaci\u00f3n del Emperador, hab\u00eda acudido a traerle consuelo y esperanza; y cuanto m\u00e1s cantaba, m\u00e1s palidec\u00edan y se esfumaban aquellos fantasmas, la sangre aflu\u00eda con m\u00e1s fuerza a los debilitados miembros del enfermo, e incluso la Muerte prest\u00f3 o\u00eddos y dijo:<\/strong><\/h4>\n<h4><strong>-Sigue, lindo ruise\u00f1or, sigue.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-S\u00ed, pero, \u00bfme dar\u00e1s el magn\u00edfico sable de oro? \u00bfMe dar\u00e1s la rica bandera? \u00bfMe dar\u00e1s la corona imperial?\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>Y la Muerte le fue dando aquellos tesoros a cambio de otras tantas canciones, y el ruise\u00f1or sigui\u00f3 cantando, cantando del silencioso camposanto donde crecen las rosas blancas, donde las lilas exhalan su aroma y donde la hierba lozana es humedecida por las l\u00e1grimas de los supervivientes. La Muerte sinti\u00f3 entonces nostalgia de su jard\u00edn y sali\u00f3 por la ventana, flotando como una niebla blanca y fr\u00eda.<\/strong><\/h4>\n<h4><strong>\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>-\u00a1Gracias, gracias! -dijo el Emperador-. \u00a1Bien te conozco, avecilla celestial! Te desterr\u00e9 de mi reino; sin embargo, con tus cantos has alejado de mi lecho los malos esp\u00edritus, has ahuyentado de mi coraz\u00f3n la Muerte. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 recompensarte?\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Ya me has recompensado -dijo el ruise\u00f1or-. Arranqu\u00e9 l\u00e1grimas a tus ojos la primera vez que cant\u00e9 para ti; esto no lo olvidar\u00e9 nunca, pues son las joyas que contentan al coraz\u00f3n de un cantor. Pero ahora duerme y recupera las fuerzas, que yo seguir\u00e9 cantando.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>As\u00ed lo hizo, y el Soberano qued\u00f3 sumido en un dulce sue\u00f1o; \u00a1qu\u00e9 sue\u00f1o tan dulce y tan reparador!\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>El sol entraba por la ventana cuando el Emperador se despert\u00f3, sano y fuerte. Ninguno de sus criados hab\u00eda vuelto a\u00fan, pues todos lo cre\u00edan muerto. S\u00f3lo el ruise\u00f1or segu\u00eda cantando en la rama.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Nunca te separar\u00e1s de mi lado! -le dijo el Emperador-. Cantar\u00e1s cuando te apetezca; y en cuanto al p\u00e1jaro mec\u00e1nico, lo romper\u00e9 en mil pedazos.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-No lo hagas -suplic\u00f3 el ruise\u00f1or-. \u00c9l cumpli\u00f3 su misi\u00f3n mientras pudo; gu\u00e1rdalo como hasta ahora. Yo no puedo anidar ni vivir en palacio, pero perm\u00edteme que venga cuando se me ocurra; entonces me posar\u00e9 junto a la ventana y te cantar\u00e9 para que est\u00e9s contento y reflexiones. Te cantar\u00e9 de los felices y tambi\u00e9n de los que sufren; y del mal y del bien que se hace a tu alrededor sin t\u00fa saberlo. Tu pajarillo cantor debe volar a lo lejos, hasta la caba\u00f1a del pobre pescador, hasta el tejado del campesino, hacia todos los que residen apartados de ti y de tu Corte. Prefiero tu coraz\u00f3n a tu corona&#8230; aunque la corona exhala cierto olor a cosa santa. Volver\u00e9 a cantar para ti. Pero debes prometerme una cosa.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-\u00a1Lo que quieras! -dijo el Emperador, incorpor\u00e1ndose en su ropaje imperial, que ya se hab\u00eda puesto, y oprimiendo contra su coraz\u00f3n el pesado sable de oro.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>-Una cosa te pido: que no digas a nadie que tienes un pajarito que te cuenta todas las cosas. \u00a1Saldr\u00e1s ganando!<\/strong><br \/>\n<strong>Y se ech\u00f3 a volar.\u00a0<\/strong><\/h4>\n<h4>\n<strong>Entraron los criados a ver a su difunto Emperador. Entraron, s\u00ed, y el Emperador les dijo: \u00a1Buenos d\u00edas!<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align:center\"><span style=\"color:#993300\">FIN<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hans Christian Andersen (Odense, Dinamarca, 1805 &#8211; Copenhague, 1875) Poeta y escritor dan\u00e9s. El m\u00e1s c\u00e9lebre de los escritores rom\u00e1nticos daneses fue hombre de origen humilde y formaci\u00f3n esencialmente autodidacta, en quien influyeron poderosamente las lecturas de Goethe, Schiller y E.T.A. Hoffmann. Hijo de un zapatero de Odense, su padre muri\u00f3 cuando \u00e9l contaba s\u00f3lo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.alqueria.es\/blogs\/alqueriasegundociclo\/2013\/12\/22\/hans-christian-andersen\/\" class=\"more-link\">Seguir leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Hans Christian Andersen. 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