{"id":1756,"date":"2012-09-04T07:34:12","date_gmt":"2012-09-04T07:34:12","guid":{"rendered":"http:\/\/alqueriasegundociclo.wordpress.com\/?p=1756"},"modified":"2012-09-04T07:34:12","modified_gmt":"2012-09-04T07:34:12","slug":"hans-christian-andersen-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.alqueria.es\/blogs\/alqueriasegundociclo\/2012\/09\/04\/hans-christian-andersen-3\/","title":{"rendered":"HANS CHRISTIAN ANDERSEN"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align:center\"><span style=\"color:#800000\"><span style=\"font-size:x-large;color:#0000ff\">El \u00faltimo sue\u00f1o del viejo roble<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size:large;color:#0000ff\">(Cuento de Navidad)<\/span><\/span><span style=\"color:#0000ff\"><span style=\"font-size:x-large\"><br \/>\n<\/span><span style=\"font-size:small\">[Cuento infantil. Texto completo]<\/span><\/span><\/h2>\n<p><span style=\"font-size:large;color:#003300\">Hans Christian Andersen<\/span><\/p>\n<h3>Hab\u00eda una vez en el bosque, sobre los acantilados que daban al mar, un vetusto roble, que ten\u00eda exactamente trescientos sesenta y cinco a\u00f1os. Pero todo este tiempo, para el \u00e1rbol no significaba m\u00e1s que lo que significan otros tantos d\u00edas para nosotros, los hombres.<\/h3>\n<h3>Nosotros velamos de d\u00eda, dormimos de noche y entonces tenemos nuestros sue\u00f1os. La cosa es distinta con el \u00e1rbol, pues vela por espacio de tres estaciones, y s\u00f3lo en invierno queda sumido en sue\u00f1o; el invierno es su tiempo de descanso, es su noche tras el largo d\u00eda formado por la primavera, el verano y el oto\u00f1o.<\/h3>\n<h3>Aquel insecto que apenas vive veinticuatro horas y que llamamos ef\u00edmera, m\u00e1s de un caluroso d\u00eda de verano hab\u00eda estado bailando, viviendo, flotando y disfrutando en torno a su copa. Despu\u00e9s, el pobre animalito descansaba en silenciosa bienaventuranza sobre una de las verdes hojas de roble, y entonces el \u00e1rbol le dec\u00eda siempre:<\/h3>\n<h3>-\u00a1Pobre peque\u00f1a! Tu vida entera dura s\u00f3lo un momento. \u00a1Qu\u00e9 breve! Es un caso bien triste.<\/h3>\n<h3>-\u00bfTriste? -respond\u00eda invariablemente la ef\u00edmera-. \u00bfQu\u00e9 quieres decir? Todo es tan luminoso y claro, tan c\u00e1lido y magn\u00edfico, y yo me siento tan contenta&#8230;<\/h3>\n<h3>-Pero s\u00f3lo un d\u00eda y todo termin\u00f3.<\/h3>\n<h3>-\u00bfTermin\u00f3? -replicaba la ef\u00edmera-. \u00bfQu\u00e9 es lo que termina? \u00bfHas terminado t\u00fa, acaso?<\/h3>\n<h3>-No, yo vivo miles y miles de tus d\u00edas, y mi d\u00eda abarca estaciones enteras. Es un tiempo tan largo, que t\u00fa no puedes calcularlo.<\/h3>\n<h3>-No te comprendo, la verdad. T\u00fa tienes millares de mis d\u00edas, pero yo tengo millares de instantes para sentirme contenta y feliz. \u00bfTermina acaso toda esa magnificencia del mundo, cuando t\u00fa mueres?<\/h3>\n<h3>-No -dec\u00eda el roble-. Contin\u00faa m\u00e1s tiempo, un tiempo infinitamente m\u00e1s largo del que puedo imaginar.<\/h3>\n<h3>-Entonces nuestra existencia es igual de larga, s\u00f3lo que la contamos de modo diferente.<\/h3>\n<h3>Y la ef\u00edmera danzaba y se mec\u00eda en el aire, satisfecha de sus alas sutiles y primorosas, que parec\u00edan hechas de tul y terciopelo. Gozaba del aire c\u00e1lido, impregnado del aroma de los campos de tr\u00e9bol y de las rosas silvestres, las lilas y la madreselva, para no hablar ya de la asp\u00e9rula, las primaveras y la menta rizada. Tan intenso era el aroma, que la ef\u00edmera sent\u00eda como una ligera embriaguez. El d\u00eda era largo y espl\u00e9ndido, saturado de alegr\u00eda y de aire suave, y en cuanto el sol se pon\u00eda, el insecto se sent\u00eda invadido de un agradable cansancio, producido por tanto gozar. Las alas se resist\u00edan a sostenerlo, y, casi sin darse cuenta, se deslizaba por el tallo de hierba, blando y ondeante, agachaba la cabeza como s\u00f3lo \u00e9l sabe hacerlo, y se quedaba alegremente dormido. \u00c9sta era su muerte.<\/h3>\n<h3>-\u00a1Pobre, pobre ef\u00edmera! -exclamaba el roble-. \u00a1Qu\u00e9 vida tan breve!<\/h3>\n<h3>Y cada d\u00eda se repet\u00eda la misma danza, el mismo coloquio, la misma respuesta y el mismo desvanecerse en el sue\u00f1o de la muerte. Se repet\u00eda en todas las generaciones de las ef\u00edmeras, y todas se mostraban igualmente felices y contentas.<\/h3>\n<h3>El roble hab\u00eda estado en vela durante toda su ma\u00f1ana primaveral, su mediod\u00eda estival y su ocaso oto\u00f1al. Llegaba ahora el per\u00edodo del sue\u00f1o, su noche. Se acercaba el invierno.<\/h3>\n<h3>Ven\u00edan ya las tempestades, cantando: \u00ab\u00a1Buenas noches, buenas noches! \u00a1Cay\u00f3 una hoja, cay\u00f3 una hoja! \u00a1Cosechamos, cosechamos! Vete a acostar. Te cantaremos en tu sue\u00f1o, te sacudiremos, pero, \u00bfverdad que eso le hace bien a las viejas ramas? Crujen de puro placer. \u00a1Duerme dulcemente, duerme dulcemente! Es tu noche n\u00famero trescientos sesenta y cinco; en realidad, eres docemesino. \u00a1Duerme dulcemente! La nube verter\u00e1 nieve sobre ti. Te har\u00e1 de s\u00e1bana, una caliente manta que te envolver\u00e1 los pies. Duerme dulcemente, y sue\u00f1a\u00bb.<\/h3>\n<h3>Y el roble se qued\u00f3 despojado de todo su follaje, dispuesto a entregarse a su prolongado sue\u00f1o invernal y so\u00f1ar; a so\u00f1ar siempre con las cosas vividas, exactamente como en los sue\u00f1os de los humanos.<\/h3>\n<h3>Tambi\u00e9n \u00e9l hab\u00eda sido peque\u00f1o. Su cuna hab\u00eda sido una bellota. Seg\u00fan el c\u00f3mputo de los hombres, se hallaba ahora en su cuarto siglo. Era el roble m\u00e1s corpulento y hermoso del bosque; su copa rebasaba todos los dem\u00e1s \u00e1rboles, y era visible desde muy adentro del mar, sirviendo a los marinos de punto de referencia. No pensaba \u00e9l en los muchos ojos que lo buscaban. En lo m\u00e1s alto de su verde copa instalaban su nido las palomas torcaces, y el cuclillo gritaba su nombre. En oto\u00f1o, cuando las hojas parec\u00edan l\u00e1minas de cobre forjado, acud\u00edan las aves de paso y descansaban en ella antes de emprender el vuelo a trav\u00e9s del mar. Mas ahora hab\u00eda llegado el invierno; el \u00e1rbol estaba sin hojas, y quedaban al desnudo los \u00e1ngulos y sinuosidades que formaban sus ramas. Ven\u00edan las cornejas y los grajos a posarse a bandadas sobre \u00e9l, charlando acerca de los duros tiempos que empezaban y de lo dif\u00edcil que resultar\u00eda procurarse la pitanza.<\/h3>\n<h3>Fue precisamente en los d\u00edas santos de las Navidades cuando el roble tuvo su sue\u00f1o m\u00e1s bello. Vais a o\u00edrlo.<\/h3>\n<h3>El \u00e1rbol se daba perfecta cuenta de que era tiempo de fiesta. Cre\u00eda o\u00edr en derredor el ta\u00f1ido de las campanas de las iglesias, y se sent\u00eda como en un espl\u00e9ndido d\u00eda de verano, suave y caliente. Verde y lozana extend\u00eda su poderosa copa, los rayos del sol jugueteaban entre sus hojas y ramas, el aire estaba impregnado del aroma de hierbas y matas olorosas. Pintadas mariposas jugaban a la gallinita ciega, y las ef\u00edmeras danzaban como si todo hubiese sido creado s\u00f3lo para que ellas pudiesen bailar y alegrarse. Todo lo que el \u00e1rbol hab\u00eda vivido y visto en el curso de sus a\u00f1os desfilaba ante \u00e9l como un festivo cortejo. Ve\u00eda cabalgar a trav\u00e9s del bosque gentiles hombres y damas de tiempos remotos, con plumas en el sombrero y halcones en la mano. Resonaba el cuerno de caza, y ladraban los perros. Vio luego soldados enemigos con armas relucientes y uniformes abigarrados, con lanzas y alabardas, que levantaban, sus tiendas y volv\u00edan a plegarlas; ard\u00edan fuegos de vivaque, y bajo las amplias ramas del \u00e1rbol los hombres cantaban y dorm\u00edan. Vio felices parejas de enamorados que se encontraban a la luz de la luna y entallaban en la verdosa corteza las iniciales de sus nombres. Un d\u00eda -hab\u00edan transcurrido ya muchos a\u00f1os-, unos alegres estudiantes colgaron una c\u00edtara y un arpa e\u00f3lica de las ramas del roble; y he aqu\u00ed que ahora reaparec\u00edan y sonaban melodiosamente. Las palomas torcaces arrullaban como si quisieran contar lo que sent\u00eda el \u00e1rbol, y el cuclillo pregonaba a voz en grito los d\u00edas de verano que le quedaban a\u00fan de vida.<\/h3>\n<h3>Fue como si un nuevo flujo de vida recorriese el \u00e1rbol, desde las \u00faltimas fibras de la ra\u00edz hasta las ramas m\u00e1s altas y las hojas. Sinti\u00f3 el roble como si se estirara y extendiera. Por las ra\u00edces notaba, que tambi\u00e9n bajo tierra hay vida y calor. Sent\u00eda crecer su fuerza, crec\u00eda sin cesar. Se elevaba el tronco continuamente, ganando altura por momentos. La copa se hac\u00eda m\u00e1s densa, ensanch\u00e1ndose y subiendo. Y cuanto m\u00e1s crec\u00eda el \u00e1rbol, tanto mayor era su sensaci\u00f3n de bienestar y su anhelo, impregnado de felicidad indecible, de seguir elev\u00e1ndose hasta llegar al sol resplandeciente y ardoroso.<\/h3>\n<h3>Rebasaba ya en mucho las nubes, que desfilaban por debajo de \u00e9l cual oscuras bandadas de aves migratorias o de blancos cisnes.<\/h3>\n<h3>Y cada una de las hojas del \u00e1rbol estaba dotada de vista, como, si tuviese un ojo capaz de ver. Las estrellas se hicieron visibles de d\u00eda, tal eran de grandes y brillantes; cada una luc\u00eda como un par de ojos, unos ojos muy dulces y l\u00edmpidos. Recordaban queridos ojos conocidos, ojos de ni\u00f1os, de enamorados, cu\u00e1ndo se encontraban bajo el \u00e1rbol.<\/h3>\n<h3>Eran momentos de infinita felicidad, y, sin embargo, en medio de su ventura sinti\u00f3 el roble un vivo af\u00e1n de que todos los restantes \u00e1rboles del bosque, matas, hierbas y flores, pudieran elevarse con \u00e9l, para disfrutar tambi\u00e9n de aquel esplendor y de aquel gozo. Entre tanta magnificencia, una cosa faltaba a la felicidad del poderoso roble: no poder compartir su dicha con todos, grandes y peque\u00f1os, y este sentimiento hac\u00eda vibrar las ramas y las hojas con tanta intensidad como un pecho humano.<\/h3>\n<h3>Se movi\u00f3 la copa del \u00e1rbol como si buscara algo, como si algo le faltara. Mir\u00f3 atr\u00e1s, y la fragancia de la asp\u00e9rula y la a\u00fan m\u00e1s intensa de la madreselva y la violeta, subieron hasta ella; y el roble crey\u00f3, o\u00edr la llamada del cuclillo.<\/h3>\n<h3>Y he aqu\u00ed que empezaron a destacar por entre las nubes las verdes cimas del bosque, y el roble vio c\u00f3mo crec\u00edan los dem\u00e1s \u00e1rboles hasta alcanzar su misma altura. Las hierbas y matas sub\u00edan tambi\u00e9n; algunas se desprend\u00edan de las ra\u00edces, para encaramarse m\u00e1s r\u00e1pidamente. El abedul fue el m\u00e1s ligero; cual blanco rayo proyect\u00f3 a lo alto su esbelto tronco, mientras las ramas se agitaban como un tul verde o como banderas. Todo el bosque crec\u00eda, incluso la ca\u00f1a de pardas hojas, y las aves segu\u00edan cantando, y en el tallito que ondeaba a modo de una verde cinta de seda, el saltamontes jugaba con el ala posada sobre la pata. Zumbaban los abejorros y las abejas, cada p\u00e1jaro entonaba su canci\u00f3n, y todo era melod\u00eda y regocijo en las regiones del \u00e9ter.<\/h3>\n<h3>-Pero tambi\u00e9n deber\u00edan participar la florecilla del agua -dijo el roble-, y la campanilla azul, y la diminuta margarita.<\/h3>\n<h3>S\u00ed, el roble deseaba que todos, hasta los m\u00e1s humildes, pudiesen tomar parte en la fiesta.<\/h3>\n<h3>-\u00a1Aqu\u00ed estamos, aqu\u00ed estamos! -se oy\u00f3 gritar.<\/h3>\n<h3>-Pero la hermosa asp\u00e9rula del \u00faltimo verano (el a\u00f1o pasador hubo aqu\u00ed una verdadera alfombra de lirios de los valles) y el manzano, silvestre, \u00a1tan hermoso como era!, y toda la magnificencia de a\u00f1os atr\u00e1s&#8230; \u00a1qu\u00e9 l\u00e1stima que haya muerto todo, y no puedan gozar con nosotros!<\/h3>\n<h3>-\u00a1Aqu\u00ed estamos, aqu\u00ed estamos! \u2013se oy\u00f3 el coro, m\u00e1s alto a\u00fan que antes. Parec\u00eda como si se hubiesen adelantado en su vuelo.<\/h3>\n<h3>-\u00a1Qu\u00e9 hermoso! -exclam\u00f3, entusiasmado, el viejo roble \u00a1Los tengo a todos, grandes y chicos, no falta ni uno! \u00bfC\u00f3mo es posible tanta dicha?<\/h3>\n<h3>-En el reino de Dios todo es posible \u2013se oy\u00f3 una voz.<\/h3>\n<h3>Y el \u00e1rbol, que segu\u00eda creciendo incesantemente, sinti\u00f3 que las ra\u00edces se soltaban de la tierra.<\/h3>\n<h3>-Esto es lo mejor de todo -exclam\u00f3 el \u00e1rbol-. Ya no me sujeta nada all\u00e1 abajo. Ya puedo elevarme hasta el infinito en la luz y la gloria. Y me rodean todos los que quiero, chicos y grandes.<\/h3>\n<h3>-\u00a1Todos!<\/h3>\n<h3>\u00c9ste fue el sue\u00f1o del roble; y mientras so\u00f1aba, una furiosa tempestad se desencaden\u00f3 por mar y tierra en la santa noche de Navidad. El oc\u00e9ano lanzaba terribles olas contra la orilla, cruji\u00f3 el \u00e1rbol y fue arrancado de ra\u00edz, precisamente mientras so\u00f1aba que sus ra\u00edces se desprend\u00edan del suelo. Sus trescientos sesenta y cinco a\u00f1os no representaban ya m\u00e1s que el d\u00eda de la ef\u00edmera.<\/h3>\n<h3>La ma\u00f1ana de Navidad, cuando volvi\u00f3 a salir el sol, la tempestad se hab\u00eda calmado. Todas las campanas doblaban en son de fiesta, y de todas las chimeneas, hasta la del jornalero, que era la m\u00e1s peque\u00f1a y humilde, se elevaba el humo azulado, como del altar en un sacrificio de acci\u00f3n de gracias. El mar se fue tambi\u00e9n calmando progresivamente, y en un gran buque que aquella noche hab\u00eda tenido que capear el temporal, fueron izados los gallardetes.<\/h3>\n<h3>-\u00a1No est\u00e1 el \u00e1rbol, el viejo roble que nos se\u00f1alaba la tierra! -dec\u00edan los marinos-. Ha sido abatido en esta noche tempestuosa. \u00bfQui\u00e9n va a sustituirlo? Nadie podr\u00e1 hacerlo.<\/h3>\n<h3>Tal fue el paneg\u00edrico, breve pero efusivo, que se dedic\u00f3 al \u00e1rbol, el cual yac\u00eda tendido en la orilla, bajo un manto de nieve. Y sobre \u00e9l resonaba un solemne coro procedente del barco, una canci\u00f3n evocadora de la alegr\u00eda navide\u00f1a y de la redenci\u00f3n del alma humana por Cristo, y de la vida eterna:<\/h3>\n<h3><em>Regoc\u00edjate, grey cristiana.<br \/>\nVamos ya a bajar anclas.<br \/>\nNuestra alegr\u00eda es sin par.<br \/>\n\u00a1Aleluya, aleluya!<\/em><\/h3>\n<h3>As\u00ed dec\u00eda el himno religioso, y todos los tripulantes se sent\u00edan elevados a su manera por el canto y la oraci\u00f3n, como el viejo roble en su \u00faltimo sue\u00f1o, el sue\u00f1o m\u00e1s bello de su Nochebuena.<\/h3>\n<p>FIN<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El \u00faltimo sue\u00f1o del viejo roble (Cuento de Navidad) [Cuento infantil. Texto completo] Hans Christian Andersen Hab\u00eda una vez en el bosque, sobre los acantilados que daban al mar, un vetusto roble, que ten\u00eda exactamente trescientos sesenta y cinco a\u00f1os. 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