El día comienza rodando y botando, pelotas por aquí, aros por allá. Corremos detrás de los aros y lanzamos las pelotas muy alto, ¡menuda fuerza!.
Recogemos todo y cuando está la clase ordenada, dibujan con rotuladores de punta gruesa, una vez finalizados sus dibujos ellos mismos son los que piden
ponerles los tapones a los rotuladores y meterlos en su paquete ¡me encanta que sean tan ordenados!.
Plátano si si si me gusta a mí mí mí, y acto seguido están todos los peques sentados en asamblea esperando su ración, cuando ya no quieren más plátano, en vez de tirarlo al suelo, me lo dan, finalmente… ¡lo han aprendido! ¡braaavooooo!.
Bajamos al patio no sin antes echarnos protector solar, podéis estar muy tranquilos, que ellos en cuanto les digo que bajamos al patio, van directos al casillero dónde están los
protectores solares y a la percha para coger el sombrero.
Os aviso que por ahora nadie irá para Septiembre a los exámenes de recuperación. Y si alguno tiene que recuperar algo, por favor, mi coche no tiene la culpa y tampoco lo tengo a todo riesgo.
Antes de irnos a comer compartimos espacio y actividad con la clase amarilla, nos encanta estar con ellos.
El calor parece que empieza a visitarnos con la intención de pasar una larga temporada con nosotros, por lo que sería aconsejable cambiar la ropa de la muda por algo menos abrigado.
Mañana reviso mochilas (me ha quedado muy de sargento) y en el caso que haya que hacer «cambio de armario» cuando vengáis a recoger a los peques os aviso.
Hasta mañana.
Alba Cala.
Pero lo que más le llama la atención es el papel celofán, por el sonido que produce al moverlo y porque se puede ver de colores a través de el.
En algodones o gasas se dejan presionadas las puntas de los rotuladores gruesos, dejando que se empape bien de tinta y después los echamos al agua y vemos como la tinta se va esparciendo hasta llegar al agua y… voilà!. El agua se tiñe de colores.



las cuerdas, gomas y rulos son los elegidos. Con las gomas creamos ritmos golpeándolas entre sí y nos sirve de micrófono, las cuerdas para manipularlas y experimentar las diferentes texturas y los rulos nos hacen cosquillas y nos sirven de pulseras, que no nos falte ni un complemento.


Me debato entre la vida y la muerte pero finalmente no me llevo ni un picotazo, tenía unos buenos guardaespaldas desde el otro lado de la valla.


los lápices de colores y las ceras. Así da gusto, que ordenados son.
cogiéndose de la cuerda y gateando para subir y bajar las escaleras. Parecen unos mayores, ¿en qué momento han crecido tanto?.

Tirarnos todos a la bartola y que les haga cosquillas también se está convirtiendo en hábito, he de confesar que a mí me encanta y a ellos parece ser que más.
