Buenas familias,
Hoy me voy a extender un poquito más de lo habitual, porque me gustaría compartir con vosotros cómo acompañamos estos aprendizajes en el aula. La alfabetización y las matemáticas quizá se abordan de una manera diferente a como muchos las aprendimos, y creo que merece la pena conocer y comprender el sentido de nuestras propuestas.
Durante estas últimas semanas hemos ido compartiendo diferentes experiencias de la clase verde, pero hay muchos aprendizajes que forman parte de nuestro día a día y que no siempre resultan tan visibles como una producción artística o un proyecto de trabajo.
Hoy me gustaría acercaros un poquito más a dos de ellos: el proceso alfabetizador y el desarrollo del pensamiento lógico-matemático. Dos dimensiones fundamentales de nuestra programación que, aunque vamos a explicar por separado, están estrechamente relacionadas entre sí y con el resto de los aprendizajes.
Como comentamos en nuestra reunión de principio de curso, en Educación Infantil no entendemos el aprendizaje como una suma de contenidos aislados. Los niños y niñas aprenden de manera globalizada, estableciendo relaciones entre lo que observan, lo que ya conocen, las preguntas que se plantean y las experiencias que viven. Por eso, una conversación en la asamblea, el reparto de la fruta, un ensayo teatral o un juego de mesa pueden convertirse en oportunidades extraordinarias para desarrollar múltiples competencias al mismo tiempo.
El proceso alfabetizador: mucho antes de leer y escribir
Cuando hablamos de alfabetización, no nos referimos únicamente al reconocimiento de letras o al aprendizaje de la lectura y la escritura convencionales. Hablamos de un proceso mucho más amplio que comienza con el desarrollo del lenguaje oral, la comprensión, la conciencia de los sonidos que componen las palabras y el descubrimiento de las diferentes funciones que cumplen la lectura y la escritura en nuestra vida.
En este sentido, en nuestra clase estamos dedicando especial atención al desarrollo de la conciencia fonológica, es decir, a la capacidad de reconocer y manipular de manera consciente las diferentes unidades del lenguaje hablado.
Lo hacemos mediante juegos y propuestas que van aumentando progresivamente su complejidad:
- Conciencia léxica: jugamos con las palabras que forman una frase, contamos cuántas contiene, sustituimos unas por otras y tratamos de ampliarlas. Por ejemplo, partiendo de «El pantalón es rojo», buscamos maneras de añadir información hasta construir una oración más completa. Así descubrimos que las palabras tienen un orden y que podemos modificar nuestras frases para expresar mejor lo que queremos comunicar. Añadir, eliminar, sustituir, cambiar el orden, ordenar palabras «descolocadas»… son algunas de las prácticas que llevamos habitualmente en el aula.
- Conciencia silábica: exploramos cómo podemos dividir oralmente las palabras en sílabas, acompañándonos en ocasiones de palmadas o movimientos. También hemos comenzado a jugar a las palabras encadenadas, una propuesta que todavía nos plantea algunas dificultades y que iremos retomando progresivamente. De momento nos va bien con las sílabas directas (re-ma-lo, etc.). Sustituir sílabas por otras, también forma parte de nuestra práctica (ro-pa/ro-jo/ro-sa, etc.).
- Conciencia fonémica: prestamos atención a los sonidos individuales del habla. En lugar de preguntar qué palabra comienza por una determinada letra, proponemos buscar palabras que empiecen por un sonido concreto. De este modo, favorecemos la discriminación auditiva y la identificación de los fonemas, antes de centrarnos en su representación gráfica. Jugar al «veo veo de los sonidos» es una excelente forma de practicarla, pero también sustituir un sonido por otro (pato-gato) , buscar palabras que empiecen por el mismo sonido…
Estas experiencias nos ayudan a desarrollar habilidades lingüísticas que constituyen una base importante para el posterior aprendizaje de la lectura y la escritura.




¡Y todo ello sin usar lápiz ni papel!
Pero nuestro trabajo alfabetizador va mucho más allá de estos juegos.
El teatro, por ejemplo, continúa ofreciéndonos oportunidades muy valiosas para comprender, construir y expresar mensajes orales. Durante los ensayos de «Las enseñanzas de la lluvia» estamos prestando atención a la entonación, a las diferencias entre una pregunta y una exclamación, a las pausas que permiten intervenir a otro personaje y a cómo acompañar nuestras palabras con la expresión facial y corporal. También hemos ido modificando algunas frases para que resulten más naturales y comprensibles, descubriendo que podemos expresar una misma idea de diferentes maneras.
La lectura compartida y la lectura de imágenes ocupan igualmente un lugar importante en nuestras jornadas. Dedicamos pequeños momentos a observar libros de manera individual o con otros compañeros y compañeras, interpretar sus ilustraciones, anticipar lo que puede estar sucediendo y construir nuestras propias narraciones.
También disfrutamos de la lectura en voz alta a cargo de la tutora y, en ocasiones, de aquellos niños y niñas que ya han comenzado a leer de manera autónoma. Entre nuestras últimas propuestas hemos compartido Adivinacedario, un libro que nos ha permitido jugar con adivinanzas, palabras y sonidos iniciales.
Y seguimos disfrutando de nuestro préstamo semanal de biblioteca, una experiencia en la que las familias tenéis un papel fundamental para alimentar el interés por los libros, compartir momentos de lectura y descubrir el placer de las historias.
La escritura, por su parte, aparece vinculada a necesidades comunicativas reales: identificamos nuestras producciones con el nombre propio, reconocemos los nombres que aparecen en nuestros materiales o elaboramos listados, como el reparto de personajes de nuestra obra teatral.
Es importante señalar que el reconocimiento global del nombre propio no implica necesariamente que se haya adquirido la capacidad de leerlo mediante la descodificación de sus letras. Es una aproximación significativa al lenguaje escrito que nos permite familiarizarnos con él y descubrir algunas de sus funciones.
Y aquí me gustaría compartir una reflexión importante. En el segundo ciclo de Educación Infantil no se establece como objetivo que el alumnado finalice la etapa leyendo y escribiendo convencionalmente. El trabajo va orientado a favorecer una aproximación progresiva, funcional y significativa al lenguaje escrito, respetando los diferentes ritmos madurativos y ofreciendo experiencias que sienten bases sólidas para los aprendizajes que continuarán desarrollándose en Educación Primaria.
Por eso, más que apresurarnos hacia un resultado, nos interesa especialmente cómo se construyen las habilidades que permitirán llegar a él.
Las matemáticas están en todas partes
Algo muy parecido sucede con el pensamiento lógico-matemático. Cuando hablamos de matemáticas, no nos referimos únicamente a los números o a las operaciones aritméticas. Las matemáticas también están presentes en la orientación espacial, las relaciones entre objetos, las formas geométricas, las cantidades, las secuencias, la comparación, la estimación y la búsqueda de soluciones a problemas cotidianos.
Y en nuestra clase aparecen constantemente.
Durante la asamblea, por ejemplo, contamos cuántas personas hemos venido al colegio y cuántas faltan. Algunos niños y niñas realizan el conteo de los presentes; otros comienzan a establecer relaciones entre las sillas vacías y las ausencias, e incluso a resolver mentalmente pequeñas situaciones de sustracción.
También seguimos proponiendo pequeños problemas de cálculo mental, relacionados con experiencias cercanas y cantidades reducidas, para favorecer la representación mental de las cantidades y el desarrollo de estrategias propias de resolución, sin necesidad de recurrir siempre al conteo con los dedos u otros apoyos materiales.
Y uno de los ejemplos más bonitos lo hemos vivido recientemente con el reparto de los frutos de otoño.
Teníamos 10 higos para 14 niños y niñas. ¿Cómo podíamos repartirlos para que todo el mundo tuviera?
La conversación nos llevó a comparar cantidades, plantear posibilidades y descubrir que, si partíamos los higos por la mitad, podíamos obtener más porciones. Uno de nuestros compañeros llegó a la conclusión de que con siete higos conseguiríamos catorce mitades, suficientes para repartir una a cada persona, y todavía nos quedarían tres higos.
Una situación aparentemente sencilla que nos permitió poner en juego estimación, cálculo, reparto equitativo, relaciones entre cantidades y resolución de problemas. Sin necesidad de presentar formalmente una multiplicación o una división, estábamos construyendo algunas de las relaciones matemáticas que más adelante permitirán comprenderlas.
Y esto mismo ocurre cuando repartimos materiales, organizamos equipos, distribuimos la fruta o necesitamos averiguar cuántos elementos hacen falta para una actividad.
También observamos nuestro entorno para identificar formas geométricas, establecer relaciones espaciales y descubrir semejanzas y diferencias entre los objetos que nos rodean. Incluso cuando utilizamos una cuenta atrás desde el diez para prepararnos antes de un cambio de espacio, estamos practicando la secuencia numérica descendente y anticipando una transición cotidiana.
Jugar también es pensar matemáticamente
Durante estos días, los juegos de mesa han adquirido un protagonismo especial. El alumnado ha ido trayendo diferentes propuestas de casa, algunas cooperativas y otras en las que existe un ganador o ganadora.
Entre los juegos que hemos compartido encontramos propuestas tan diferentes como Robin Rabbit, un juego cooperativo en el que necesitamos construir caminos, orientarnos, contar y tomar decisiones conjuntas para alcanzar un objetivo común; o Kitty Bitty, que nos invita a poner en práctica la memoria visual, la discriminación de colores, la orientación espacial y la anticipación de movimientos. Dos ejemplos que nos muestran cómo, a través de dinámicas distintas, podemos desarrollar habilidades lógico-matemáticas y cognitivas mientras disfrutamos jugando con los demás.
Pero lo interesante no es únicamente jugar, sino todo lo que sucede mientras lo hacemos.


Primero necesitamos conocer y comprender las reglas, explicar a los demás cómo funciona el juego y organizar los turnos. Después debemos observar, contar casillas, interpretar posiciones, anticipar movimientos, comparar posibilidades y tomar decisiones.
En función del juego, aparecen conceptos como los números cardinales y ordinales, las relaciones espaciales, las secuencias, la correspondencia entre cantidades y la orientación sobre un recorrido.
Y junto a estos aprendizajes matemáticos, entran en juego otras habilidades igual de importantes: la atención, la memoria de trabajo, el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva, la cooperación y la tolerancia a la frustración.
Esperar nuestro turno, aceptar una regla, comprender que no siempre podemos ganar, modificar una estrategia o ayudar a un compañero son experiencias que conectan el razonamiento con el desarrollo social y emocional.
Por eso, los juegos de mesa constituyen una herramienta educativa especialmente valiosa: nos permiten aprender a pensar mientras aprendemos a convivir.



Aprendizajes que se conectan
Si observamos todas estas experiencias en conjunto, resulta más fácil comprender por qué hablamos de un aprendizaje globalizado.
Cuando reconstruimos una historia, estamos trabajando lenguaje, memoria, organización temporal y pensamiento secuencial. Cuando repartimos una fruta, necesitamos comprender una situación, expresar nuestras ideas, razonar matemáticamente y llegar a acuerdos. Y cuando participamos en un juego de mesa, ponemos en relación conocimientos numéricos, habilidades lingüísticas, funciones ejecutivas y competencias sociales.
En definitiva, no aprendemos primero una cosa y después otra de manera completamente independiente. Los aprendizajes se relacionan, se enriquecen mutuamente y adquieren mayor sentido cuando podemos utilizarlos para comprender y desenvolvernos en nuestro entorno.
Este es uno de los propósitos fundamentales de las propuestas que desarrollamos en la clase verde: ofrecer experiencias ajustadas a los diferentes ritmos y necesidades del grupo, que permitan avanzar en la adquisición de competencias desde la curiosidad, el juego, la participación y la vida cotidiana.
Y, sobre todo, que nuestros niños y niñas sigan descubriendo que aprender no consiste únicamente en saber una respuesta, sino también en hacerse preguntas, buscar caminos para resolverlas y compartir lo que vamos descubriendo.
¡Buen fin de semana!
Esther Justicia.
En uno de nuestros talleres artísticos, las hojas de otoño se convirtieron en protagonistas. Partimos de hoja dividida en cuatro partes. En cada una, nuestros rojitos tenían que realizar un grafismo diferente: puntitos, círculos, líneas verticales, horizontales, onduladas… 


De esta manera hemos trabajado la coordinación de ambas manos, la coordinación óculo-manual, la motricidad fina, la atención y el control del trazo. Después, al dibujar las nervaduras, seguimos practicando la precisión y la orientación de las líneas en el espacio.
Además, este taller nos permitió trabajar algo muy importante: 





Porque eso es precisamente lo que buscamos con nuestro Método de propuestas: que una idea lleve a otra, que las preguntas abran nuevos caminos y que los aprendizajes nazcan de la curiosidad y tengan sentido para ellos.

La obra elegida es 







La escritura también ha encontrado su lugar dentro del proyecto. Hemos elaborado un cartel con el reparto de personajes en el que cada cual ha escrito su nombre y algunos compañeros y compañeras han añadido dibujos. Una pequeña muestra de cómo la escritura adquiere una función comunicativa real, al servicio de una necesidad que surge de nuestra propia actividad.
Y mientras nuestro proyecto teatral va tomando forma, también lo hace nuestro 















