¡Aprender a leer el mundo!: palabras, números y experiencias compartidas

Buenas familias,

Hoy me voy a extender un poquito más de lo habitual, porque me gustaría compartir con vosotros cómo acompañamos estos aprendizajes en el aula. La alfabetización y las matemáticas quizá se abordan de una manera diferente a como muchos las aprendimos, y creo que merece la pena conocer y comprender el sentido de nuestras propuestas.

Durante estas últimas semanas hemos ido compartiendo diferentes experiencias de la clase verde, pero hay muchos aprendizajes que forman parte de nuestro día a día y que no siempre resultan tan visibles como una producción artística o un proyecto de trabajo.

Hoy me gustaría acercaros un poquito más a dos de ellos: el proceso alfabetizador y el desarrollo del pensamiento lógico-matemático. Dos dimensiones fundamentales de nuestra programación que, aunque vamos a explicar por separado, están estrechamente relacionadas entre sí y con el resto de los aprendizajes.

Como comentamos en nuestra reunión de principio de curso, en Educación Infantil no entendemos el aprendizaje como una suma de contenidos aislados. Los niños y niñas aprenden de manera globalizada, estableciendo relaciones entre lo que observan, lo que ya conocen, las preguntas que se plantean y las experiencias que viven. Por eso, una conversación en la asamblea, el reparto de la fruta, un ensayo teatral o un juego de mesa pueden convertirse en oportunidades extraordinarias para desarrollar múltiples competencias al mismo tiempo.

El proceso alfabetizador: mucho antes de leer y escribir

Cuando hablamos de alfabetización, no nos referimos únicamente al reconocimiento de letras o al aprendizaje de la lectura y la escritura convencionales. Hablamos de un proceso mucho más amplio que comienza con el desarrollo del lenguaje oral, la comprensión, la conciencia de los sonidos que componen las palabras y el descubrimiento de las diferentes funciones que cumplen la lectura y la escritura en nuestra vida.

En este sentido, en nuestra clase estamos dedicando especial atención al desarrollo de la conciencia fonológica, es decir, a la capacidad de reconocer y manipular de manera consciente las diferentes unidades del lenguaje hablado.

Lo hacemos mediante juegos y propuestas que van aumentando progresivamente su complejidad:

  • Conciencia léxica: jugamos con las palabras que forman una frase, contamos cuántas contiene, sustituimos unas por otras y tratamos de ampliarlas. Por ejemplo, partiendo de «El pantalón es rojo», buscamos maneras de añadir información hasta construir una oración más completa. Así descubrimos que las palabras tienen un orden y que podemos modificar nuestras frases para expresar mejor lo que queremos comunicar. Añadir, eliminar, sustituir, cambiar el orden, ordenar palabras «descolocadas»… son algunas de las prácticas que llevamos habitualmente en el aula.
  • Conciencia silábica: exploramos cómo podemos dividir oralmente las palabras en sílabas, acompañándonos en ocasiones de palmadas o movimientos. También hemos comenzado a jugar a las palabras encadenadas, una propuesta que todavía nos plantea algunas dificultades y que iremos retomando progresivamente. De momento nos va bien con las sílabas directas (re-ma-lo, etc.). Sustituir sílabas por otras, también forma parte de nuestra práctica (ro-pa/ro-jo/ro-sa, etc.).
  • Conciencia fonémica: prestamos atención a los sonidos individuales del habla. En lugar de preguntar qué palabra comienza por una determinada letra, proponemos buscar palabras que empiecen por un sonido concreto. De este modo, favorecemos la discriminación auditiva y la identificación de los fonemas, antes de centrarnos en su representación gráfica. Jugar al «veo veo de los sonidos» es una excelente forma de practicarla, pero también sustituir un sonido por otro (pato-gato) , buscar palabras que empiecen por el mismo sonido…

Estas experiencias nos ayudan a desarrollar habilidades lingüísticas que constituyen una base importante para el posterior aprendizaje de la lectura y la escritura.

¡Y todo ello sin usar lápiz ni papel! 

Pero nuestro trabajo alfabetizador va mucho más allá de estos juegos.

El teatro, por ejemplo, continúa ofreciéndonos oportunidades muy valiosas para comprender, construir y expresar mensajes orales. Durante los ensayos de «Las enseñanzas de la lluvia» estamos prestando atención a la entonación, a las diferencias entre una pregunta y una exclamación, a las pausas que permiten intervenir a otro personaje y a cómo acompañar nuestras palabras con la expresión facial y corporal. También hemos ido modificando algunas frases para que resulten más naturales y comprensibles, descubriendo que podemos expresar una misma idea de diferentes maneras.

La lectura compartida y la lectura de imágenes ocupan igualmente un lugar importante en nuestras jornadas. Dedicamos pequeños momentos a observar libros de manera individual o con otros compañeros y compañeras, interpretar sus ilustraciones, anticipar lo que puede estar sucediendo y construir nuestras propias narraciones.

También disfrutamos de la lectura en voz alta a cargo de la tutora y, en ocasiones, de aquellos niños y niñas que ya han comenzado a leer de manera autónoma. Entre nuestras últimas propuestas hemos compartido Adivinacedario, un libro que nos ha permitido jugar con adivinanzas, palabras y sonidos iniciales.

Y seguimos disfrutando de nuestro préstamo semanal de biblioteca, una experiencia en la que las familias tenéis un papel fundamental para alimentar el interés por los libros, compartir momentos de lectura y descubrir el placer de las historias.

La escritura, por su parte, aparece vinculada a necesidades comunicativas reales: identificamos nuestras producciones con el nombre propio, reconocemos los nombres que aparecen en nuestros materiales o elaboramos listados, como el reparto de personajes de nuestra obra teatral.

Es importante señalar que el reconocimiento global del nombre propio no implica necesariamente que se haya adquirido la capacidad de leerlo mediante la descodificación de sus letras. Es una aproximación significativa al lenguaje escrito que nos permite familiarizarnos con él y descubrir algunas de sus funciones.

Y aquí me gustaría compartir una reflexión importante. En el segundo ciclo de Educación Infantil no se establece como objetivo que el alumnado finalice la etapa leyendo y escribiendo convencionalmente. El trabajo va orientado a favorecer una aproximación progresiva, funcional y significativa al lenguaje escrito, respetando los diferentes ritmos madurativos y ofreciendo experiencias que sienten bases sólidas para los aprendizajes que continuarán desarrollándose en Educación Primaria.

Por eso, más que apresurarnos hacia un resultado, nos interesa especialmente cómo se construyen las habilidades que permitirán llegar a él.

Las matemáticas están en todas partes

Algo muy parecido sucede con el pensamiento lógico-matemático. Cuando hablamos de matemáticas, no nos referimos únicamente a los números o a las operaciones aritméticas. Las matemáticas también están presentes en la orientación espacial, las relaciones entre objetos, las formas geométricas, las cantidades, las secuencias, la comparación, la estimación y la búsqueda de soluciones a problemas cotidianos.

Y en nuestra clase aparecen constantemente.

Durante la asamblea, por ejemplo, contamos cuántas personas hemos venido al colegio y cuántas faltan. Algunos niños y niñas realizan el conteo de los presentes; otros comienzan a establecer relaciones entre las sillas vacías y las ausencias, e incluso a resolver mentalmente pequeñas situaciones de sustracción.

También seguimos proponiendo pequeños problemas de cálculo mental, relacionados con experiencias cercanas y cantidades reducidas, para favorecer la representación mental de las cantidades y el desarrollo de estrategias propias de resolución, sin necesidad de recurrir siempre al conteo con los dedos u otros apoyos materiales.

Y uno de los ejemplos más bonitos lo hemos vivido recientemente con el reparto de los frutos de otoño.

Teníamos 10 higos para 14 niños y niñas. ¿Cómo podíamos repartirlos para que todo el mundo tuviera?

La conversación nos llevó a comparar cantidades, plantear posibilidades y descubrir que, si partíamos los higos por la mitad, podíamos obtener más porciones. Uno de nuestros compañeros llegó a la conclusión de que con siete higos conseguiríamos catorce mitades, suficientes para repartir una a cada persona, y todavía nos quedarían tres higos.

Una situación aparentemente sencilla que nos permitió poner en juego estimación, cálculo, reparto equitativo, relaciones entre cantidades y resolución de problemas. Sin necesidad de presentar formalmente una multiplicación o una división, estábamos construyendo algunas de las relaciones matemáticas que más adelante permitirán comprenderlas.

Y esto mismo ocurre cuando repartimos materiales, organizamos equipos, distribuimos la fruta o necesitamos averiguar cuántos elementos hacen falta para una actividad.

También observamos nuestro entorno para identificar formas geométricas, establecer relaciones espaciales y descubrir semejanzas y diferencias entre los objetos que nos rodean. Incluso cuando utilizamos una cuenta atrás desde el diez para prepararnos antes de un cambio de espacio, estamos practicando la secuencia numérica descendente y anticipando una transición cotidiana.

Jugar también es pensar matemáticamente

Durante estos días, los juegos de mesa han adquirido un protagonismo especial. El alumnado ha ido trayendo diferentes propuestas de casa, algunas cooperativas y otras en las que existe un ganador o ganadora.

Entre los juegos que hemos compartido encontramos propuestas tan diferentes como Robin Rabbit, un juego cooperativo en el que necesitamos construir caminos, orientarnos, contar y tomar decisiones conjuntas para alcanzar un objetivo común; o Kitty Bitty, que nos invita a poner en práctica la memoria visual, la discriminación de colores, la orientación espacial y la anticipación de movimientos. Dos ejemplos que nos muestran cómo, a través de dinámicas distintas, podemos desarrollar habilidades lógico-matemáticas y cognitivas mientras disfrutamos jugando con los demás.

Pero lo interesante no es únicamente jugar, sino todo lo que sucede mientras lo hacemos.

Primero necesitamos conocer y comprender las reglas, explicar a los demás cómo funciona el juego y organizar los turnos. Después debemos observar, contar casillas, interpretar posiciones, anticipar movimientos, comparar posibilidades y tomar decisiones.

En función del juego, aparecen conceptos como los números cardinales y ordinales, las relaciones espaciales, las secuencias, la correspondencia entre cantidades y la orientación sobre un recorrido.

Y junto a estos aprendizajes matemáticos, entran en juego otras habilidades igual de importantes: la atención, la memoria de trabajo, el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva, la cooperación y la tolerancia a la frustración.

Esperar nuestro turno, aceptar una regla, comprender que no siempre podemos ganar, modificar una estrategia o ayudar a un compañero son experiencias que conectan el razonamiento con el desarrollo social y emocional.

Por eso, los juegos de mesa constituyen una herramienta educativa especialmente valiosa: nos permiten aprender a pensar mientras aprendemos a convivir.

Aprendizajes que se conectan

Si observamos todas estas experiencias en conjunto, resulta más fácil comprender por qué hablamos de un aprendizaje globalizado.

Cuando reconstruimos una historia, estamos trabajando lenguaje, memoria, organización temporal y pensamiento secuencial. Cuando repartimos una fruta, necesitamos comprender una situación, expresar nuestras ideas, razonar matemáticamente y llegar a acuerdos. Y cuando participamos en un juego de mesa, ponemos en relación conocimientos numéricos, habilidades lingüísticas, funciones ejecutivas y competencias sociales.

En definitiva, no aprendemos primero una cosa y después otra de manera completamente independiente. Los aprendizajes se relacionan, se enriquecen mutuamente y adquieren mayor sentido cuando podemos utilizarlos para comprender y desenvolvernos en nuestro entorno.

Este es uno de los propósitos fundamentales de las propuestas que desarrollamos en la clase verde: ofrecer experiencias ajustadas a los diferentes ritmos y necesidades del grupo, que permitan avanzar en la adquisición de competencias desde la curiosidad, el juego, la participación y la vida cotidiana.

Y, sobre todo, que nuestros niños y niñas sigan descubriendo que aprender no consiste únicamente en saber una respuesta, sino también en hacerse preguntas, buscar caminos para resolverlas y compartir lo que vamos descubriendo.

¡Buen fin de semana!

Esther Justicia.

EL OTOÑO SE CUELA EN NUESTRA CLASE ROJITA.

Aunque parece que este año el otoño se resiste a llegar a Granada y las temperaturas siguen recordándonos al verano, en nuestra clase rojita ya hemos comenzado a darle la bienvenida a través de diferentes experiencias.

En uno de nuestros talleres artísticos, las hojas de otoño se convirtieron en protagonistas. Partimos de hoja dividida en cuatro partes. En cada una, nuestros rojitos tenían que realizar un grafismo diferente: puntitos, círculos, líneas verticales, horizontales, onduladas…

Cada uno fue eligiendo libremente qué trazos realizar y qué colores del otoño utilizar, pero con dos pequeñas premisas: no podían repetir ni el tipo de trazo ni el color en ninguna de las cuatro partes. A través del grafismo creativo, además de trabajar la motricidad fina, la coordinación óculo-manual y el control del trazo, pusimos en juego la atención, la memoria de trabajo y la planificación, ya que tenían que recordar qué colores y grafismos habían utilizado para no repetirlos.

 ¡Porque detrás de estas bonitas hojas hay mucho más que unos simples trazos! 

Esta semana hemos vuelto  a acercarnos a esta estación a través de la pintura. Pero antes de comenzar, nos encontramos con un pequeño reto: los colores de nuestras témperas eran demasiado vivos y brillantes para representar las tonalidades del otoño. Así que nos pusimos a experimentar con las mezclas, observando cómo unos colores se transformaban al combinarlos con otros hasta conseguir esos tonos ocres, marrones, amarillos y anaranjados tan característicos de esta estación. 

Tras la mezcla, elegimos un color y con ayuda de un pincel pintamos un trozo de papel grande.  Después tuvimos que dejarlas secar, y al día siguiente, con ayuda de unas plantillas de cartón pluma con forma de hoja,  repasamos su contorno y dibujamos después las nervaduras de su interior.

Una propuesta que, aunque a simple vista parece sencilla, supone todo un reto para nuestros rojitos. Y es que mientras una mano sujeta la plantilla para evitar que se mueva, la otra tiene que ir siguiendo su contorno con el rotulador. Dos manos trabajando a la vez, pero cada una con una función diferente.

 

De esta manera hemos trabajado la coordinación de ambas manos, la coordinación óculo-manual, la motricidad fina, la atención y el control del trazo. Después, al dibujar las nervaduras, seguimos practicando la precisión y la orientación de las líneas en el espacio.

Además, este taller nos permitió trabajar algo muy importante: la espera y la capacidad de posponer la recompensa. Al necesitar respetar los tiempos de secado, tuvimos que realizarlo en varios días, aprendiendo que no siempre podemos terminar lo que empezamos en el mismo momento y que algunas cosas necesitan su tiempo.

 

Porque aprender a esperar, tener paciencia y retomar una tarea para terminarla otro día también forma parte de nuestros aprendizajes.

Una actividad con mucho aprendizaje detrás y que, además, nos ha dejado unas bonitas hojas otoñales para decorar nuestro pasillo. 

El otoño también ha llegado a nuestras asambleas a través de una divertida adivinanza que estamos aprendiendo y que nos invita a hablar sobre los cambios que se producen en nuestro entorno con la llegada de esta estación.  Favoreciendo la memoria, la atención, la escucha, la ampliación del vocabulario y la expresión oral, jugando con las palabras y disfrutando de sus rimas.

Hemos comenzado nuestras sesiones mensuales de yoga con nuestra especialista Marta.

En este primer encuentro hemos retomado el contacto con esta práctica, recordando algunas de las posturas que ya conocíamos y disfrutando de una sesión dedicada al movimiento, la atención y la calma.

También,  hemos tenido un motivo muy especial para celebrar, ¡nuestra compañera Nabila ha cumplido 4 años! 

¡Felicidades!

 

Y así seguimos disfrutando de nuestro día a día, aprendiendo a través del juego, la experimentación, el movimiento y las experiencias compartidas.

¡A ver si el otoño se anima a llegar también a las calles de Granada, porque en nuestra clase rojita ya está más que presente!

Buen fin de semana, 

Eva.

LA CLASE ROJA SE CONVIERTE EN UN PARQUE JURÁSICO.

Como ya sabéis, nuestro método de propuestas parte de los intereses, inquietudes y motivaciones de los niños y niñas, convirtiéndolos en protagonistas de sus propios aprendizajes. A través de sus propuestas, el juego y las conversaciones que van surgiendo, vamos construyendo nuevas experiencias y descubriendo juntos aquello que despierta nuestra curiosidad.

Esta semana, tras realizar nuestra votación, los dinosaurios fueron  la propuesta de juego más elegida por nuestros rojitos.  Y, casi sin darnos cuenta, nuestra clase se ha transformado en un auténtico Parque Jurásico.

Poco a poco, han ido trayendo de casa diferentes materiales para enriquecer nuestra propuesta. Cada uno tiene su momento especial durante la asamblea para mostrar a sus compañeros qué ha traído, contarnos por qué lo ha elegido y compartir aquello que sabe sobre el tema. De esta forma, fomentamos la expresión oral, la escucha activa, la confianza para hablar ante el grupo y el aprendizaje entre iguales.

Y es que, gracias a las aportaciones de todos, jugamos, investigamos, compartimos conocimientos y descubrimos cosas nuevas. Pero lo más interesante es que una simple conversación puede llevarnos a nuevos aprendizajes

En una de las asambleas posteriores al juego surgió una reflexión muy interesante: los dinosaurios y los seres humanos no vivieron juntos Incluso algún compañero comentó que, por aquel entonces, las personas éramos «átomos», haciendo referencia a que todavía no existíamos. Otros comenzaron a hablar sobre la desaparición de los dinosaurios y apareció una nueva palabra que despertó muchísimo interés: ¡VOLCANES! 

Así que, siguiendo el hilo de sus conversaciones y curiosidades, decidimos trasladar este interés a nuestro taller creativo, donde hemos construido un volcán utilizando plastilina. Amasando, aplastando este material para darle forma y, una vez terminado, llegó el momento más esperado: ¡hacerlo entrar en erupción! Para ello mezclamos vinagre, bicarbonato y colorante alimenticio rojo, observando con enorme asombro cómo se producía una reacción química que generaba espuma y simulaba la salida de la lava por la chimenea del volcán.

¡Sus caras de sorpresa lo decían todo! 

También hemos realizado la expresión gráfica acerca de lo que hemos jugado. Esa representación no se trata simplemente de hacer un dibujo, sino de realizar un importante ejercicio cognitivo: recordar lo que han vivido durante el juego, organizar mentalmente esa idea y representarla mediante el lenguaje gráfico.

De esta manera, durante la semana hemos ido enlazando dinosaurios, volcanes, creatividad, experimentación, lenguaje oral y pensamiento científico, partiendo siempre de su motivación.

Porque eso es precisamente lo que buscamos con nuestro Método de propuestas: que una idea lleve a otra, que las preguntas abran nuevos caminos y que los aprendizajes nazcan de la curiosidad y tengan sentido para ellos.

 

Dragoni se marcha de viaje con nuestra compañera Nora.

A ver que aventuras le deparan. 

 

 

 

 

 

Os deseo un estupendo fin de semana. 

¡Nos vemos el martes!

Eva Mª Oliva.

¡Nuestro primer proyecto de emprendimiento! Mucho más que una obra de teatro

Buenas  tardes familias,

Esta semana hemos puesto en marcha nuestro primer proyecto de emprendimiento del curso y la clase verde ya está inmersa en los preparativos de una representación teatral muy especial.

Con motivo de la próxima fiesta del otoño, tenemos un reto por delante: preparar una obra de teatro para compartirla con todo el alumnado de Educación Infantil. Un objetivo común que nos invita a organizarnos, tomar decisiones, buscar soluciones y trabajar juntos para conseguirlo.

Y es precisamente ahí donde aparece el sentido del emprendimiento escolar a estas edades. No hablamos de crear una empresa ni de desarrollar una actividad económica, sino de aprender a identificar una necesidad o un reto real y responder a él con iniciativa, creatividad, cooperación y responsabilidad. Se trata de pasar de las ideas a la acción, participando activamente en las decisiones y descubriendo que somos capaces de transformar nuestras propuestas en algo que podemos compartir con los demás.

La obra elegida es Las enseñanzas de la lluvia, una adaptación de una leyenda africana que hemos conocido a través de su lectura en la asamblea. Después llegó uno de los momentos más esperados: el casting. Entre propuestas y votaciones fuimos repartiendo los personajes, mientras una compañera y yo asumimos la narración de la historia.

Y así comenzó a tomar forma nuestro pequeño proyecto.

De las ideas a las soluciones

Una de las experiencias más interesantes de estos primeros días ha sido pensar cómo queremos representar la historia. ¿Qué elementos necesitamos? ¿Cómo podemos construirlos? ¿Qué materiales podríamos utilizar?

La lluvia de ideas ha dado lugar a conversaciones verdaderamente enriquecedoras. Por ejemplo, en una de las escenas, el elefante debe derribar parte de la vegetación. Pero ¿cómo hacemos un árbol que pueda caerse durante la representación y después volver a colocarse?

Han surgido propuestas de todo tipo: estructuras de cartón, papeles sujetos con cuerdas, sistemas con imanes… Cada idea nos ha llevado a imaginar posibilidades, anticipar dificultades, escuchar otras opiniones y buscar nuevas alternativas.

Detrás de estas conversaciones aparecen aprendizajes fundamentales: creatividad, planificación, resolución de problemas, flexibilidad cognitiva y toma de decisiones. Y, sobre todo, la oportunidad de comprobar que una idea puede mejorar cuando la compartimos y la pensamos entre todos.

La cooperación, una palabra que ya forma parte de nuestro día a día, adquiere aquí un sentido especialmente significativo: cada aportación cuenta y necesitamos del trabajo de los demás para alcanzar nuestro objetivo.

Pensar, decidir y crear: mucho más que elaborar materiales

La expresión artística ocupa también un lugar importante en este proyecto, pero me gustaría detenerme en algo que no siempre resulta visible cuando observamos las producciones terminadas.

Antes de confeccionar las caretas o elaborar elementos del decorado, como el sol y el charco que aparecen en la historia, hemos dedicado tiempo a imaginar cómo queríamos hacerlos, proponer materiales, valorar diferentes posibilidades y llegar a acuerdos sobre sus formas, colores o tamaños.

Después llega el momento de llevar esas decisiones a la práctica. En ocasiones, las características de los materiales o la complejidad de determinadas tareas requieren el acompañamiento y la intervención del adulto. Pero eso no resta protagonismo al alumnado: las producciones son el resultado de un proceso compartido en el que sus ideas y decisiones tienen un papel fundamental.

Colorear, recortar, pegar o construir nos permite desarrollar habilidades motrices, coordinación y precisión. Pero, además, cuando estas acciones responden a una intención previamente pensada y acordada, adquieren un significado mucho más amplio.

Una historia que nos invita a hablar, escuchar y escribir

La preparación del teatro también nos está ofreciendo numerosas oportunidades para avanzar en nuestro proceso alfabetizador.

La lectura y comprensión de la historia, el descubrimiento de palabras poco habituales, la construcción de frases, la ampliación del vocabulario y los primeros ensayos nos ayudan a desarrollar el lenguaje oral, organizar nuestro discurso y comprender la importancia de escuchar para saber cuándo intervenir.

Porque alfabetizar no consiste únicamente en aprender letras o comenzar a escribir palabras. También implica comprender lo que escuchamos, expresarnos con claridad, enriquecer nuestro lenguaje y descubrir para qué sirven la lectura y la escritura.

También hemos realizado un taller de comprensión y secuenciación narrativa a partir de seis escenas que representan momentos importantes de nuestra obra. Las imágenes se presentaron desordenadas y cada niño y niña tuvo que observarlas, identificar qué sucedía en cada una, reconstruir el hilo de la historia y colocarlas en el orden adecuado, recortándolas y pegándolas posteriormente en otra hoja. Un trabajo que ya podéis ver expuesto en nuestro tablón y que nos permite desarrollar comprensión oral, memoria, organización temporal, relaciones de causa y efecto y pensamiento secuencial.

Porque comprender una narración no es solamente recordar lo que ocurre, sino entender cómo se relacionan los acontecimientos y por qué suceden en un determinado orden. Estas habilidades constituyen una base fundamental para la futura comprensión lectora y forman parte del proceso alfabetizador mucho antes de que la lectura convencional esté plenamente adquirida.

La escritura también ha encontrado su lugar dentro del proyecto. Hemos elaborado un cartel con el reparto de personajes en el que cada cual ha escrito su nombre y algunos compañeros y compañeras han añadido dibujos. Una pequeña muestra de cómo la escritura adquiere una función comunicativa real, al servicio de una necesidad que surge de nuestra propia actividad.

Y desde el área de Música estamos preparando una canción final acompañada de percusión corporal, incorporando nuevas formas de expresión a esta experiencia compartida.

Aprender a equivocarnos y seguir adelante

Los primeros ensayos nos han regalado también conversaciones importantes. Todavía estamos familiarizándonos con nuestras intervenciones, aprendiendo a reconocer cuándo nos toca hablar y a escuchar atentamente a los demás, antes de incorporar los gestos y la interpretación.

En este proceso han aparecido emociones como el miedo o la vergüenza ante la posibilidad de actuar delante del público. Hemos hablado de ellas y también de algo que nos ha ayudado a mirar la situación de otra manera: quienes vengan a vernos no conocen nuestras frases exactas y, si alguna se nos olvida, siempre podemos buscar otra manera de contar lo que queremos decir.

Equivocarse no significa que tengamos que detenernos. Podemos improvisar, pedir ayuda, buscar alternativas y continuar.

El teatro nos permite así trabajar la confianza, la empatía, la tolerancia a la frustración y la autorregulación. Aprendemos a reconocer lo que sentimos, a expresar nuestras preocupaciones, a respetar las emociones de los demás y a encontrar recursos para afrontar situaciones que inicialmente pueden generarnos inseguridad.

También ponemos en juego nuestras funciones ejecutivas, un conjunto de procesos cognitivos que nos permiten dirigir nuestra conducta hacia un objetivo, regular nuestros impulsos y adaptarnos a situaciones nuevas. Entre ellas destacan tres especialmente importantes durante la infancia:

  • La memoria de trabajo, necesaria para recordar las intervenciones, mantener presente la secuencia de la historia y reconocer las señales que indican cuándo nos toca participar.
  • El control inhibitorio, que nos ayuda a esperar nuestro turno, mantener la atención y evitar intervenir impulsivamente cuando otro compañero se equivoca.
  • La flexibilidad cognitiva, imprescindible para buscar alternativas, improvisar cuando algo no sucede como esperábamos y aceptar que las propuestas propias pueden modificarse o enriquecerse con las de los demás.

Estas habilidades no se desarrollan únicamente mediante ejercicios específicos. La investigación en neuroeducación destaca el valor de las experiencias globalizadas que integran movimiento, emoción, relaciones sociales y actividad cognitiva. El teatro constituye un contexto especialmente rico para ponerlas en práctica de manera significativa.

Y todo ello ocurre mientras nos preparamos para compartir algo que estamos creando juntos.

Todavía nos quedan ensayos, decisiones, materiales por elaborar y seguramente más de un pequeño problema que resolver. Pero quizá ahí esté una de las mayores riquezas de este proyecto: el aprendizaje no espera al día de la representación; está sucediendo ya, en cada conversación, en cada propuesta y en cada decisión compartida.

Y mientras nuestro proyecto teatral va tomando forma, también lo hace nuestro rincón de otoño, que continúa enriqueciéndose con las aportaciones que van llegando de casa y con nuestros propios descubrimientos. Os dejamos algunas imágenes para que podáis ver cómo está quedando este pequeño espacio compartido.

Y entre tantos preparativos también hemos tenido tiempo para celebrar los cumpleaños de nuestros compañeros Bruno y Leo G. ¡Muchas felicidades a los dos! Nos encanta seguir compartiendo estos momentos tan especiales en la clase verde.

Nos reencontramos el martes, después del festivo, para continuar dando forma a nuestro proyecto.

NOTA: Hoy se os ha enviado por correo el plan anual de actividades. Os recomiendo anotar las fechas importantes que en él aparecen.

¡Disfrutad de estos días!

Esther Justicia

NUESTROS TALLERES: APRENDEMOS HACIENDO.

Buenas tardes, familias

Hoy quiero mostraros algunos de los talleres que hemos llevado a cabo hasta ahora. ¡Esto no ha hecho más que empezar!

Nuestra metodología en Alquería nos permite la flexibilización y personalización del aprendizaje para atender las necesidades, intereses y ajustarse a los distintos ritmos de aprendizaje.  Aunque nuestro pilar fundamental es el Método de Propuestas, también educamos dentro de un paisaje de aprendizaje que contempla otras metodologías activas igualmente basadas en el constructivismo, como pueden ser: el aprendizaje basado en proyectos (ABP), el trabajo cooperativo y colaborativo y los talleres complementarios.   A través de ellos ofrecemos propuestas variadas en las que  pueden experimentar, manipular, jugar, observar, pensar, crear y aprender desde la propia experiencia.

En nuestro Taller de alfabetización nos acercamos al lenguaje de una manera vivencial y adaptada a estas edades. Una de las propuestas ha estado destinada a trabajar la identificación léxica, descubriendo que las frases están formadas por palabras que podemos separar y contar. Para ello utilizamos también el movimiento, tan importante en Educación Infantil, haciendo visible y concreto a través de nuestro cuerpo un aprendizaje que inicialmente puede resultar más abstracto. Así vamos desarrollando nuestra conciencia léxica y sentando las bases de futuros aprendizajes relacionados con la lectura y la escritura.

También reservamos momentos para visitar nuestra biblioteca, acercándonos a los cuentos, observando sus ilustraciones, compartiéndolos con los compañeros y disfrutando del placer de descubrir todo aquello que se esconde entre sus páginas.

También dedicamos algunas sesiones al desarrollo de las Funciones ejecutivas. En esta ocasión hemos jugado a “¿Qué animal soy?”. Uno de nosotros lleva en la cabeza la imagen de un animal que no puede ver y, mediante preguntas a sus compañeros ¿vive en la granja?, ¿vive en el mar?, ¿vive en la selva?, debe intentar averiguar de cuál se trata. Los demás conocemos la respuesta, pero tenemos una consigna fundamental: ¡no podemos decir su nombre! A través del juego ponemos en marcha la atención, la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva, además del razonamiento y el lenguaje oral.

La lógico-matemática también está muy presente a través de propuestas manipulativas. Jugamos con números y cantidades, contamos, establecemos relaciones, realizamos seriaciones y exploramos diferentes posibilidades con los materiales. De esta forma, los aprendizajes lógico-matemáticos se van construyendo desde la acción, la observación y la experimentación.

 A través del clásico juego de la oca,  aprendemos a contar, esperar nuestro turno, respetar unas reglas comunes, organizarnos con los demás y resolver pequeñas situaciones de forma cada vez más autónoma. Nos organizamos en pequeños equipos, repartimos las fichas, establecemos los turnos y recordamos las reglas. Después llega uno de nuestros principales retos: intentar desarrollar el juego de la manera más autónoma posible, mientras la maestra va pasando por los distintos equipos para observar, supervisar y acompañar cuando es necesario. 

Con la llegada del otoño, nuestro Taller experimental se ha llenado de elementos naturales propios de esta estación.  A través de las partes sueltas, experimentamos con ramas, frutos, semillas, rodajas y anillas de madera y otros materiales que podemos tocar, observar, combinar, ordenar y transformar para dar forma a nuestras propias creaciones. No existe un modelo que copiar ni un único resultado posible: cada uno imagina, prueba, modifica y construye según sus propias ideas. 

Hoy hemos vivido una tarde muy especial con la inauguración de nuestras Tardes Cooperativas, una actividad compartida por las clases Naranja, Roja y Verde en el que aprendemos a colaborar, ayudarnos y disfrutar juntos a través de diferentes actividades previamente planificadas, que iremos reflejando en el tablón principal de nuestro pasillo de Infantil.

Hoy hemos acogido especialmente al grupo Naranja, que se inicia en esta aventura. Entre todos les hemos contado algunas de las experiencias que iremos compartiendo durante el curso: cuidar y limpiar nuestro patio, atender los arriates y jardineras, escuchar narraciones de cuentos, disfrutar de juegos tradicionales en el jardín, recoger hojas, plantar los esquejes de nuestro vivero, merendar todos juntos… ¡y muchas cosas más! Estas tardes nos brindan, además, una estupenda oportunidad para convivir con compañeros y compañeras de otras edades, asumir pequeñas responsabilidades, ayudarnos y sentirnos parte de un grupo más amplio.

Porque en la clase rojita jugar, tocar, moverse, observar, preguntar, probar, equivocarse, volver a intentarlo y compartir con los demás también son formas de aprender. 

Os deseo un estupendo fin de semana.

Eva Oliva.

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