Buenas familias,
Hace unas semanas os presentaba nuestro primer proyecto de emprendimiento del curso, «Las enseñanzas de la lluvia», una propuesta que nacía con el reto compartido de preparar una representación teatral para nuestra Fiesta de Otoño.
En aquella primera entrada os contaba qué pretendíamos conseguir con esta experiencia y cómo el teatro podía convertirse en una valiosa oportunidad para desarrollar aprendizajes relacionados con la autonomía, la creatividad, la cooperación y las funciones ejecutivas.
Hoy, a las puertas de nuestra representación, quiero compartir con vosotros cómo ha evolucionado el proyecto y qué ha sucedido durante todo este recorrido. Porque, aunque mañana llegue el momento de subir al escenario, muchos de los aprendizajes más importantes ya han tenido lugar.
¡Nuestros seis decorados!
Una de las primeras decisiones que tomamos fue cómo representar los diferentes escenarios de nuestra historia.
Les presenté dos posibilidades: elaborar un único gran decorado o crear seis composiciones diferentes que recogieran distintas situaciones del cuento. Tras valorar ambas opciones, los verdecitos votaron y decidieron realizar seis decorados.
A partir de ahí comenzó un proceso de creación colectiva en el que no faltaron las propuestas, los acuerdos, las pruebas y, por supuesto, los imprevistos.
¡Su imaginación no tenía límites! Surgieron ideas para incorporar elementos con volumen, vegetación que pudiera desprenderse mediante cuerdas o imanes y otros recursos que aportaran movimiento y realismo a la representación.
Sin embargo, imaginar una solución y conseguir llevarla a la práctica no siempre es lo mismo.
Algunas propuestas pudieron hacerse realidad; otras tuvieron que modificarse o descartarse al comprobar que requerían materiales, tiempos o destrezas que no estaban a nuestro alcance. Y esto también ha formado parte del aprendizaje: valorar qué podemos hacer, buscar alternativas y tomar decisiones ajustadas a nuestras posibilidades.
En otras ocasiones fueron los propios resultados los que nos obligaron a replantear lo previsto. Un árbol que habíamos elaborado con mucho entusiasmo no conseguía mantenerse en pie. ¿Qué podíamos hacer? Buscamos otro soporte, lo reforzamos y cambiamos su ubicación inicial.
También aparecieron nuevas necesidades que no habíamos previsto, como la incorporación de unas nubes que servirán de escondite para los personajes de la lluvia.
Así, nuestros decorados y demás atrezzo ha ido tomando forma a través de un auténtico proceso de planificación, experimentación, resolución de problemas y creación cooperativa.
Durante su elaboración hemos puesto en juego habilidades motrices, coordinación, organización espacial, paciencia, respeto por los tiempos de los demás y capacidad para trabajar por un objetivo común.
Además, aprovechamos las imágenes de los seis escenarios para realizar una actividad de secuenciación: los niños y niñas tuvieron que recortarlas, ordenarlas y reconstruir la sucesión de acontecimientos de nuestra historia.
Porque detrás de cada decorado hay mucho más que un resultado artístico: hay decisiones, intentos, descubrimientos y aprendizajes compartidos.















Un guion que también ha ido evolucionando
Como sucede en cualquier proyecto vivo, nuestra planificación inicial también ha necesitado algunos ajustes.
Durante los primeros ensayos observé que determinados personajes tenían mayor protagonismo que otros y que algunas intervenciones compartidas dificultaban la participación individual.
Por ello, realicé una nueva adaptación del guion, organizándolo en cuatro escenas y redistribuyendo los diálogos para favorecer una participación más equilibrada de todos los niños y niñas.
Esta reorganización nos permitió seguir avanzando, respetando las características del grupo y ofreciendo a cada participante la oportunidad de asumir su propio papel dentro de la representación.
Ensayar, observarnos y aprender a mejorar
A lo largo de estas semanas hemos realizado numerosos ensayos, avanzando progresivamente desde el conocimiento del texto y los turnos de intervención hasta la incorporación de la entonación, los gestos, los movimientos y los elementos de caracterización.
Y si algo ha tenido especial valor durante este proceso ha sido aprender a observar nuestro propio trabajo.
Después de cada ensayo hemos dedicado un tiempo a reflexionar sobre cómo había transcurrido. Cada niño y niña ha podido identificar aspectos que necesitaba mejorar y también ofrecer sugerencias a sus compañeros, siempre desde el respeto y con la orientación de los adultos que hemos acompañado la actividad.
La grabación de uno de los ensayos y su posterior visualización, nos ha permitido una autoevaluación muy valiosa ¡Qué interesante ha sido comprobar cómo se veían ellos/as mismos!
Reconocieron situaciones que durante la actuación les habían pasado inadvertidas: jugar con las caretas, moverse cuando no correspondía, sentarse mientras otros personajes intervenían, hablar demasiado bajito, interrumpir o perder la atención.
Esta experiencia de autoevaluación y reflexión compartida nos ha permitido concretar pequeños objetivos de mejora que han ido dando sus frutos en los ensayos posteriores.
Aprendizajes que no siempre se ven sobre el escenario
Durante este recorrido los verdecitos han demostrado una sorprendente capacidad de memorización. No solamente conocen sus propias intervenciones, sino también las de muchos compañeros/as e incluso fragmentos de la narración.
Han aprendido a reconocer la secuencia de las escenas, coordinarse con quienes comparten personaje, improvisar cuando ha sido necesario y afrontar el reto de expresarse delante de otras personas.
Para algunos, uno de los mayores desafíos ha sido superar la vergüenza. Para otras, aprender a esperar, escuchar o controlar el impulso de intervenir cuando todavía no les correspondía.
Y aquí entran en juego algunas de las funciones ejecutivas que ya abordábamos al presentar el proyecto: la memoria de trabajo, la atención, la flexibilidad cognitiva y el control inhibitorio.
Porque una cosa es recordar perfectamente nuestras frases y otra, bastante más compleja, es mantener la atención cuando son los demás quienes están actuando, seguir el hilo de la historia y estar preparados para intervenir en el momento oportuno.
Precisamente, el ensayo general de hoy nos ha permitido comprobarlo.

Al incorporar simultáneamente todos los elementos (texto, entonación, gestos, caretas, accesorios y ubicación en el escenario), la exigencia atencional ha sido mayor y han reaparecido algunas dificultades que parecían superadas.
Lejos de restar valor al proceso, esta experiencia nos recuerda que los aprendizajes no evolucionan siempre de manera lineal. La autorregulación, la atención sostenida y el control de los impulsos son capacidades que se construyen progresivamente y que necesitan tiempo, experiencias y acompañamiento.
Por eso, también hemos incorporado pequeñas ayudas visuales, como señales en el suelo que indican dónde debe situarse cada personaje, facilitando su orientación espacial y favoreciendo una mayor autonomía durante la representación.
Mañana se abre el telón… ¡pero el aprendizaje ya ha sucedido!

Mañana llegará el momento de compartir con el público nuestra adaptación de «Las enseñanzas de la lluvia». Será, sin duda, una experiencia especial para los verdecitos y una bonita manera de culminar estas semanas de trabajo.
Pero he querido compartir hoy esta reflexión porque el verdadero valor pedagógico del proyecto no dependerá de cómo salga la representación de mañana.
Puede que olvidemos alguna frase, que necesitemos ayuda, que nos pongamos nerviosos o que algo no suceda exactamente como estaba previsto. Y no pasará nada.
Lo verdaderamente importante ya forma parte de nuestro recorrido: hemos imaginado, decidido, creado, probado, rectificado, colaborado, aprendido a observarnos y descubierto que mejorar también implica equivocarse y volver a intentarlo.
Mañana veremos una obra de teatro. Detrás de ella hay semanas de aprendizajes que merecen ser reconocidos.
¡Enhorabuena, verdecitos, por todo el camino recorrido!
Un abrazo, familias. Nos vemos en la fiesta.
Esther Justicia.
Hoy hemos recibido la visita de Estefanía, la mamá de nuestra compañera Elena, que ha venido a compartir con nosotros una profesión muy importante: es médica de familia de urgencias y trabaja en una ambulancia. Estefanía y Elena han llegado vestidas con su ropa de trabajo, preparadas para acercarnos su profesión.
Nos ha enseñado cual es su consulta en el Centro de Salud de Urgencias y cómo son las ambulancias por dentro, qué materiales llevan, cómo están preparadas para atender a las personas que lo necesitan y como suena su sirena, recordando que si la escuchamos debemos apartarnos y cederles el paso.
También, nos ha mostrado un vídeo muy interesante en el que aparecía trabajando junto a sus compañeros: una enfermera y un técnico de emergencias sanitarias. Gracias a él, hemos podido observar cómo se organizan, cómo utilizan los diferentes materiales de la ambulancia y cómo ayudan a subir y trasladar a las personas que necesitan atención médica. Hemos descubierto que en una ambulancia nadie trabaja solo, sino que todos forman un equipo y se ayudan para cuidar de los demás.


La educación emocional forma parte de la programación de todas las aulas de Educación Infantil y Primaria, a través de un programa específico integrado en nuestro proyecto de centro, adaptado a las características y necesidades de cada grupo y supervisado por la Orientadora del centro.
Durante estos primeros meses hemos comenzado a preparar un recurso muy especial que pronto tendrá su propio espacio en nuestra clase: el botiquín de las emociones.
Entre las herramientas que estamos recuperando se encuentra la respiración de la estrella, que los verdecitos ya conocían de las sesiones de yoga del curso pasado. De hecho, cada uno lleva en su mochila una pequeña imagen plastificada que puede utilizar también en casa.


En nuestra primera sesión hemos recuperado aprendizajes de cursos anteriores, recordando las tres posturas que ya conocíamos para sentarnos e incorporando una cuarta. También hemos repasado las normas que nos acompañan durante las sesiones y practicado diferentes movimientos y posturas, entre ellos el saludo al sol, favoreciendo el equilibrio, la coordinación y la conciencia corporal.





En esta ocasión nos han acompañado Julia y María, las mamás de Gonzalo y Vega, que han venido a compartir con nosotros una profesión muy importante: son farmacéuticas. Con mucho cariño y entusiasmo, nos han contado cómo es su trabajo y nos han acercado un poquito a su día a día en la farmacia. Todos juntos han hecho su entrada ataviados con la bata que utilizan en su trabajo, lo que ha despertado inmediatamente la curiosidad y el interés del grupo.







En esta primera salida nos acompañaron los niños y niñas de 5.º y 6.º de Primaria. Organizamos las parejas dando prioridad a los más pequeños del ciclo, de manera que algunos verdecitos caminaron con los mayores y otros lo hicieron con compañeros y compañeras de nuestra clase.
El día, además, fue especialmente apacible. Con un cielo azul y una temperatura estupenda, disfrutamos de nuestro recorrido observando los campos que nos rodean. Pudimos reconocer cultivos de maíz y otros terrenos que ya estaban arados y preparados para una próxima siembra.


Por el camino también nos encontramos con un tractor y con algunos viandantes que nos regalaron sus saludos. Y, cómo no, aparecieron nuestros dos conocidos burros, que viven en un terreno cercano al colegio y que esta vez parecían haber salido expresamente a recibirnos.

Otra de las explicaciones que despertó muchísimo interés fue la diferencia entre pescado y marisco, relacionada con la clasificación de los animales en vertebrados e invertebrados.








¿Fruta o verdura? ¡No siempre es lo que parece!













