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Aprender fuera del aula, crecer juntos

¡Buenas, familias!

Esta semana hemos disfrutado de dos experiencias muy especiales fuera del colegio: nuestra primera salida del curso a la Vega de Granada y la visita a Mercagranada, ambas compartidas con compañeros y compañeras de Primaria.

Dos propuestas diferentes, pero con mucho en común: conocer nuestro entorno, descubrir cosas nuevas a través de la experiencia y aprender junto a niños y niñas de otras edades.

Y, como suele ocurrir cuando salimos del aula, hemos regresado con nuevos conocimientos, muchas preguntas y unas cuantas anécdotas que merece la pena compartir.

NUESTRA VEGA, MUCHO MÁS QUE UN PASEO

¡Por fin hemos inaugurado nuestras salidas mensuales a la Vega!

Como sabéis, se trata de una actividad de enriquecimiento curricular que forma parte de nuestra programación y que realizamos junto a los grupos naranja y rojo. Una oportunidad estupenda para conocer el entorno natural que rodea nuestro colegio, observar sus cambios a lo largo del curso y aprender a respetarlo y cuidarlo.

En esta primera salida nos acompañaron los niños y niñas de 5.º y 6.º de Primaria. Organizamos las parejas dando prioridad a los más pequeños del ciclo, de manera que algunos verdecitos caminaron con los mayores y otros lo hicieron con compañeros y compañeras de nuestra clase.

Fue precioso observar la ternura y la responsabilidad con la que los mayores acompañaban a los pequeños: pendientes de cualquier obstáculo, advirtiéndoles de posibles peligros e incluso cogiéndolos en brazos para ayudarlos a sentarse. Pequeños gestos que nos muestran cuánto se aprende cuando ofrecemos oportunidades reales para cuidar de los demás.

El día, además, fue especialmente apacible. Con un cielo azul y una temperatura estupenda, disfrutamos de nuestro recorrido observando los campos que nos rodean. Pudimos reconocer cultivos de maíz y otros terrenos que ya estaban arados y preparados para una próxima siembra.

Estas observaciones nos permiten acercarnos a los ciclos agrícolas, descubrir que los campos cambian con las estaciones y comprender que detrás de muchos de los alimentos que consumimos existe un proceso de cultivo y cuidado que comienza mucho antes de que lleguen a nuestras casas.

Por el camino también nos encontramos con un tractor y con algunos viandantes que nos regalaron sus saludos. Y, cómo no, aparecieron nuestros dos conocidos burros, que viven en un terreno cercano al colegio y que esta vez parecían haber salido expresamente a recibirnos.

Al llegar al gran álamo que nos espera al final del recorrido, tuvimos otro momento entrañable: le cantamos Cumpleaños feliz al duende de los cumpleaños, ese personaje mágico que, como bien saben nuestros pequeños, habita en aquel árbol.

¡Nos dieron ganas de quedarnos allí toda la jornada!

Esta primera salida también nos ha servido para recordar y poner en práctica las normas de seguridad y convivencia. Y es que, a partir de ahora, los verdecitos asumirán una responsabilidad especial: encabezar nuestras salidas a la Vega, prestando atención a los posibles obstáculos del camino y formando una barrera protectora cuando sea necesario para facilitar el paso seguro de los más pequeños.

Una tarea que implica atención, autocontrol, responsabilidad y conciencia de grupo. ¡Ya somos los mayores de Infantil!

Nuestro cuaderno de campo

De vuelta al aula, hemos dedicado varias sesiones a elaborar nuestro cuaderno de campo, recuperando algunos de los momentos más significativos de la salida.

En sus dibujos han aparecido cielos azules y soleados, el recorrido realizado, los campos que observamos, el gran álamo e incluso los compañeros mayores con quienes caminaron de la mano.

Cada representación nos permite recordar lo vivido, seleccionar aquello que más nos llamó la atención y organizar nuestras experiencias para expresarlas a través del dibujo. Y resulta muy interesante comprobar cómo, habiendo compartido una misma salida, cada niño y niña pone el foco en detalles diferentes.

MERCAGRANADA: DESCRUBRIR LO QUE HAY DETRÁS DE NUESTROS ALIMENTOS

El miércoles visitamos Mercagranada junto al alumnado de 4.º de Primaria.

Antes de comenzar el viaje, bajamos a encontrarnos con nuestros compañeros y compañeras mayores. Las parejas ya estaban organizadas, así que pudimos conocernos un poquito mejor y prepararnos para compartir la experiencia.

Quiero destacar desde el principio el exquisito cuidado y la atención que los niños y niñas de 4.º mostraron hacia los verdecitos durante toda la jornada. Fue una convivencia estupenda, en la que la ayuda y la colaboración surgieron con mucha naturalidad.

Una vez en Mercagranada, conocimos la organización de sus instalaciones y descubrimos que las distintas naves se identifican mediante colores, según los productos que se comercializan en ellas.

Comenzamos nuestro recorrido por la nave del pescado, donde aprendimos cómo funciona su distribución, qué papel desempeñan los mayoristas y minoristas y cómo se consigue que el pescado llegue en buenas condiciones hasta las pescaderías.

También descubrimos algunos trucos para reconocer si un pescado es fresco: observar el brillo de sus ojos, la firmeza de su carne o el color rojizo de sus branquias, también llamadas agallas.

¡Ya tenemos unos cuantos expertos que podrán acompañaros a la pescadería!

Otra de las explicaciones que despertó muchísimo interés fue la diferencia entre pescado y marisco, relacionada con la clasificación de los animales en vertebrados e invertebrados.

 

Y aquí llegó una de las sorpresas de la jornada: uno de nuestros verdecitos fue capaz de explicar con bastante precisión qué significaban ambos conceptos, dejando sorprendidos a los compañeros de 4.º y a los adultos que estábamos presentes.

No fue la única intervención que llamó la atención. A lo largo de la visita surgieron preguntas, razonamientos y explicaciones que demostraron la enorme curiosidad de nuestro grupo y su capacidad para relacionar conocimientos adquiridos en otros momentos.

Una visita muy especial al interior de la nave

Este año tuvimos, además, una oportunidad que hizo nuestra visita especialmente interesante.

Gracias a la familia de nuestro compañero Diego, pudimos entrar en la nave del pescado y conocer de cerca el espacio en el que trabajan.

Nos mostraron cómo se desarrollan algunas operaciones de compraventa, cómo se realizan los cobros y recuentos de dinero y cómo se organiza la identificación del pescado mediante unas etiquetas que contienen información muy detallada sobre su procedencia: el barco, la zona de captura y otros datos que permiten seguir su recorrido hasta llegar al consumidor.

Fue una ocasión magnífica para descubrir que detrás de algo tan cotidiano como comprar pescado existe una compleja organización y el trabajo de muchas personas.

Desde aquí queremos agradecer nuevamente a la familia de Diego su amabilidad, cercanía y generosidad al compartir con nosotros su lugar de trabajo. Además, tuvieron unos detalles preciosos con los niños y niñas de ambos grupos, que recibieron con muchísima ilusión.

¡Muchísimas gracias por hacerlo posible!

¿Fruta o verdura? ¡No siempre es lo que parece!

En el aula de los sentidos continuamos descubriendo curiosidades sobre los alimentos de origen vegetal.

Una de las explicaciones más interesantes estuvo relacionada con la diferencia entre frutas y verduras desde el punto de vista botánico.

Aprendimos que los frutos se desarrollan a partir de las flores y que normalmente contienen las semillas de la planta. Y aquí llegaron algunas sorpresas: ¡el pimiento y el calabacín son frutos, aunque habitualmente los utilicemos como verduras en la cocina!

También descubrimos que no siempre comemos la misma parte de una planta. A veces nos comemos la raíz, como ocurre con la zanahoria o la remolacha; otras, el tallo, como el espárrago; las hojas, como la lechuga o las espinacas; o las flores, como el brócoli y la coliflor.

Y, por supuesto, aparecieron nuevas preguntas. ¿Qué plantas comemos por sus semillas? ¿Dónde están las semillas de las moras? ¿Qué diferencia un alimento de temporada de otro que no lo es?

Una vez más, nuestros pequeños nos sorprendieron con sus intervenciones. Incluso hubo quien explicó que las moras están formadas por muchas pequeñas partes agrupadas, cada una con su propia semilla.

¡Qué importante es dar espacio a sus preguntas y a sus razonamientos!

¡A descubrir con los sentidos!

Uno de los momentos más divertidos llegó con el juego de reconocimiento de alimentos.

Con los ojos tapados, los voluntarios y voluntarias debían intentar adivinar qué alimento tenían delante utilizando el tacto, el olfato y, cuando se animaban, también el gusto.

Tomate cherry, guayaba, granada, ciruela… ¡y hasta un calamar que pasó por algunas manos!

Fue especialmente bonito comprobar cómo algunos niños y niñas que suelen mostrarse más cautelosos a la hora de probar alimentos nuevos se ofrecieron voluntarios con entusiasmo.

Hubo quien preguntó con cierta preocupación si tendría que meterse el alimento en la boca, aunque finalmente consiguió reconocerlo solo con tocarlo. Y también nos divertimos con la valentía de un compañero de 4.º al que el pescado no le entusiasma precisamente y que se encontró, con los ojos tapados, ¡sosteniendo un calamar!

Entre risas, dudas, sorpresas y descubrimientos, pudimos comprobar que acercarse a los alimentos desde el juego y la exploración sensorial puede ser una experiencia muy enriquecedora.

Y todavía nos esperaba una última novedad: regresamos al colegio un poquito más tarde de lo habitual y compartimos el momento de la comida con los grupos de 1.º, 2.º y 3.º de Primaria.

¡Todo un acontecimiento para los verdecitos!

Además, volvimos a casa con algunos recuerdos de la visita, entre ellos gorros, delantales…

Y mientras tanto, en nuestra clase…

Estas salidas han convivido durante la semana con otras propuestas que también nos están haciendo disfrutar y aprender.

Hemos seguido compartiendo los juegos de mesa que algunos niños y niñas han traído de casa. Como sabéis, pueden hacerlo siempre que se trate de juegos educativos cuyas reglas sean capaces de explicar de manera autónoma a sus compañeros y compañeras.

Son oportunidades estupendas para desarrollar la comunicación oral, la atención, el razonamiento, la capacidad de esperar y el respeto a las normas.

Y nuestro proyecto teatral continúa avanzando. Estamos inmersos en la creación del decorado para la representación de la Fiesta del Otoño. Los propios niños y niñas han decidido elaborar una composición formada por seis cartulinas y ya hemos completado dos. ¡Seguimos trabajando!

La visita a Mercagranada nos ha servido también como primera aproximación a nuestro próximo proyecto sobre los alimentos, que comenzaremos una vez que hayamos culminado el trabajo relacionado con el teatro.

Las relaciones también nos educan

Si tuviera que destacar algo que une estas dos salidas, sería la oportunidad de compartirlas con otros compañeros y compañeras del colegio.

Los gestos de cuidado de los mayores en la Vega, la complicidad de las parejas durante la visita a Mercagranada, las preguntas que sorprendieron a unos y otros, las conversaciones y los descubrimientos compartidos nos muestran que aprender juntos es mucho más que coincidir en una misma actividad.

Es escucharse, ayudarse, sentirse acompañado, asumir pequeñas responsabilidades y descubrir que todos tenemos algo que enseñar y algo que aprender, independientemente de nuestra edad.

Y esta semana hemos tenido muchas oportunidades de comprobarlo.

¡Buen fin de semana, familias!

Esther Justicia

¡Aprender a leer el mundo!: palabras, números y experiencias compartidas

Buenas familias,

Hoy me voy a extender un poquito más de lo habitual, porque me gustaría compartir con vosotros cómo acompañamos estos aprendizajes en el aula. La alfabetización y las matemáticas quizá se abordan de una manera diferente a como muchos las aprendimos, y creo que merece la pena conocer y comprender el sentido de nuestras propuestas.

Durante estas últimas semanas hemos ido compartiendo diferentes experiencias de la clase verde, pero hay muchos aprendizajes que forman parte de nuestro día a día y que no siempre resultan tan visibles como una producción artística o un proyecto de trabajo.

Hoy me gustaría acercaros un poquito más a dos de ellos: el proceso alfabetizador y el desarrollo del pensamiento lógico-matemático. Dos dimensiones fundamentales de nuestra programación que, aunque vamos a explicar por separado, están estrechamente relacionadas entre sí y con el resto de los aprendizajes.

Como comentamos en nuestra reunión de principio de curso, en Educación Infantil no entendemos el aprendizaje como una suma de contenidos aislados. Los niños y niñas aprenden de manera globalizada, estableciendo relaciones entre lo que observan, lo que ya conocen, las preguntas que se plantean y las experiencias que viven. Por eso, una conversación en la asamblea, el reparto de la fruta, un ensayo teatral o un juego de mesa pueden convertirse en oportunidades extraordinarias para desarrollar múltiples competencias al mismo tiempo.

El proceso alfabetizador: mucho antes de leer y escribir

Cuando hablamos de alfabetización, no nos referimos únicamente al reconocimiento de letras o al aprendizaje de la lectura y la escritura convencionales. Hablamos de un proceso mucho más amplio que comienza con el desarrollo del lenguaje oral, la comprensión, la conciencia de los sonidos que componen las palabras y el descubrimiento de las diferentes funciones que cumplen la lectura y la escritura en nuestra vida.

En este sentido, en nuestra clase estamos dedicando especial atención al desarrollo de la conciencia fonológica, es decir, a la capacidad de reconocer y manipular de manera consciente las diferentes unidades del lenguaje hablado.

Lo hacemos mediante juegos y propuestas que van aumentando progresivamente su complejidad:

  • Conciencia léxica: jugamos con las palabras que forman una frase, contamos cuántas contiene, sustituimos unas por otras y tratamos de ampliarlas. Por ejemplo, partiendo de «El pantalón es rojo», buscamos maneras de añadir información hasta construir una oración más completa. Así descubrimos que las palabras tienen un orden y que podemos modificar nuestras frases para expresar mejor lo que queremos comunicar. Añadir, eliminar, sustituir, cambiar el orden, ordenar palabras «descolocadas»… son algunas de las prácticas que llevamos habitualmente en el aula.
  • Conciencia silábica: exploramos cómo podemos dividir oralmente las palabras en sílabas, acompañándonos en ocasiones de palmadas o movimientos. También hemos comenzado a jugar a las palabras encadenadas, una propuesta que todavía nos plantea algunas dificultades y que iremos retomando progresivamente. De momento nos va bien con las sílabas directas (re-ma-lo, etc.). Sustituir sílabas por otras, también forma parte de nuestra práctica (ro-pa/ro-jo/ro-sa, etc.).
  • Conciencia fonémica: prestamos atención a los sonidos individuales del habla. En lugar de preguntar qué palabra comienza por una determinada letra, proponemos buscar palabras que empiecen por un sonido concreto. De este modo, favorecemos la discriminación auditiva y la identificación de los fonemas, antes de centrarnos en su representación gráfica. Jugar al «veo veo de los sonidos» es una excelente forma de practicarla, pero también sustituir un sonido por otro (pato-gato) , buscar palabras que empiecen por el mismo sonido…

Estas experiencias nos ayudan a desarrollar habilidades lingüísticas que constituyen una base importante para el posterior aprendizaje de la lectura y la escritura.

¡Y todo ello sin usar lápiz ni papel! 

Pero nuestro trabajo alfabetizador va mucho más allá de estos juegos.

El teatro, por ejemplo, continúa ofreciéndonos oportunidades muy valiosas para comprender, construir y expresar mensajes orales. Durante los ensayos de «Las enseñanzas de la lluvia» estamos prestando atención a la entonación, a las diferencias entre una pregunta y una exclamación, a las pausas que permiten intervenir a otro personaje y a cómo acompañar nuestras palabras con la expresión facial y corporal. También hemos ido modificando algunas frases para que resulten más naturales y comprensibles, descubriendo que podemos expresar una misma idea de diferentes maneras.

La lectura compartida y la lectura de imágenes ocupan igualmente un lugar importante en nuestras jornadas. Dedicamos pequeños momentos a observar libros de manera individual o con otros compañeros y compañeras, interpretar sus ilustraciones, anticipar lo que puede estar sucediendo y construir nuestras propias narraciones.

También disfrutamos de la lectura en voz alta a cargo de la tutora y, en ocasiones, de aquellos niños y niñas que ya han comenzado a leer de manera autónoma. Entre nuestras últimas propuestas hemos compartido Adivinacedario, un libro que nos ha permitido jugar con adivinanzas, palabras y sonidos iniciales.

Y seguimos disfrutando de nuestro préstamo semanal de biblioteca, una experiencia en la que las familias tenéis un papel fundamental para alimentar el interés por los libros, compartir momentos de lectura y descubrir el placer de las historias.

La escritura, por su parte, aparece vinculada a necesidades comunicativas reales: identificamos nuestras producciones con el nombre propio, reconocemos los nombres que aparecen en nuestros materiales o elaboramos listados, como el reparto de personajes de nuestra obra teatral.

Es importante señalar que el reconocimiento global del nombre propio no implica necesariamente que se haya adquirido la capacidad de leerlo mediante la descodificación de sus letras. Es una aproximación significativa al lenguaje escrito que nos permite familiarizarnos con él y descubrir algunas de sus funciones.

Y aquí me gustaría compartir una reflexión importante. En el segundo ciclo de Educación Infantil no se establece como objetivo que el alumnado finalice la etapa leyendo y escribiendo convencionalmente. El trabajo va orientado a favorecer una aproximación progresiva, funcional y significativa al lenguaje escrito, respetando los diferentes ritmos madurativos y ofreciendo experiencias que sienten bases sólidas para los aprendizajes que continuarán desarrollándose en Educación Primaria.

Por eso, más que apresurarnos hacia un resultado, nos interesa especialmente cómo se construyen las habilidades que permitirán llegar a él.

Las matemáticas están en todas partes

Algo muy parecido sucede con el pensamiento lógico-matemático. Cuando hablamos de matemáticas, no nos referimos únicamente a los números o a las operaciones aritméticas. Las matemáticas también están presentes en la orientación espacial, las relaciones entre objetos, las formas geométricas, las cantidades, las secuencias, la comparación, la estimación y la búsqueda de soluciones a problemas cotidianos.

Y en nuestra clase aparecen constantemente.

Durante la asamblea, por ejemplo, contamos cuántas personas hemos venido al colegio y cuántas faltan. Algunos niños y niñas realizan el conteo de los presentes; otros comienzan a establecer relaciones entre las sillas vacías y las ausencias, e incluso a resolver mentalmente pequeñas situaciones de sustracción.

También seguimos proponiendo pequeños problemas de cálculo mental, relacionados con experiencias cercanas y cantidades reducidas, para favorecer la representación mental de las cantidades y el desarrollo de estrategias propias de resolución, sin necesidad de recurrir siempre al conteo con los dedos u otros apoyos materiales.

Y uno de los ejemplos más bonitos lo hemos vivido recientemente con el reparto de los frutos de otoño.

Teníamos 10 higos para 14 niños y niñas. ¿Cómo podíamos repartirlos para que todo el mundo tuviera?

La conversación nos llevó a comparar cantidades, plantear posibilidades y descubrir que, si partíamos los higos por la mitad, podíamos obtener más porciones. Uno de nuestros compañeros llegó a la conclusión de que con siete higos conseguiríamos catorce mitades, suficientes para repartir una a cada persona, y todavía nos quedarían tres higos.

Una situación aparentemente sencilla que nos permitió poner en juego estimación, cálculo, reparto equitativo, relaciones entre cantidades y resolución de problemas. Sin necesidad de presentar formalmente una multiplicación o una división, estábamos construyendo algunas de las relaciones matemáticas que más adelante permitirán comprenderlas.

Y esto mismo ocurre cuando repartimos materiales, organizamos equipos, distribuimos la fruta o necesitamos averiguar cuántos elementos hacen falta para una actividad.

También observamos nuestro entorno para identificar formas geométricas, establecer relaciones espaciales y descubrir semejanzas y diferencias entre los objetos que nos rodean. Incluso cuando utilizamos una cuenta atrás desde el diez para prepararnos antes de un cambio de espacio, estamos practicando la secuencia numérica descendente y anticipando una transición cotidiana.

Jugar también es pensar matemáticamente

Durante estos días, los juegos de mesa han adquirido un protagonismo especial. El alumnado ha ido trayendo diferentes propuestas de casa, algunas cooperativas y otras en las que existe un ganador o ganadora.

Entre los juegos que hemos compartido encontramos propuestas tan diferentes como Robin Rabbit, un juego cooperativo en el que necesitamos construir caminos, orientarnos, contar y tomar decisiones conjuntas para alcanzar un objetivo común; o Kitty Bitty, que nos invita a poner en práctica la memoria visual, la discriminación de colores, la orientación espacial y la anticipación de movimientos. Dos ejemplos que nos muestran cómo, a través de dinámicas distintas, podemos desarrollar habilidades lógico-matemáticas y cognitivas mientras disfrutamos jugando con los demás.

Pero lo interesante no es únicamente jugar, sino todo lo que sucede mientras lo hacemos.

Primero necesitamos conocer y comprender las reglas, explicar a los demás cómo funciona el juego y organizar los turnos. Después debemos observar, contar casillas, interpretar posiciones, anticipar movimientos, comparar posibilidades y tomar decisiones.

En función del juego, aparecen conceptos como los números cardinales y ordinales, las relaciones espaciales, las secuencias, la correspondencia entre cantidades y la orientación sobre un recorrido.

Y junto a estos aprendizajes matemáticos, entran en juego otras habilidades igual de importantes: la atención, la memoria de trabajo, el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva, la cooperación y la tolerancia a la frustración.

Esperar nuestro turno, aceptar una regla, comprender que no siempre podemos ganar, modificar una estrategia o ayudar a un compañero son experiencias que conectan el razonamiento con el desarrollo social y emocional.

Por eso, los juegos de mesa constituyen una herramienta educativa especialmente valiosa: nos permiten aprender a pensar mientras aprendemos a convivir.

Aprendizajes que se conectan

Si observamos todas estas experiencias en conjunto, resulta más fácil comprender por qué hablamos de un aprendizaje globalizado.

Cuando reconstruimos una historia, estamos trabajando lenguaje, memoria, organización temporal y pensamiento secuencial. Cuando repartimos una fruta, necesitamos comprender una situación, expresar nuestras ideas, razonar matemáticamente y llegar a acuerdos. Y cuando participamos en un juego de mesa, ponemos en relación conocimientos numéricos, habilidades lingüísticas, funciones ejecutivas y competencias sociales.

En definitiva, no aprendemos primero una cosa y después otra de manera completamente independiente. Los aprendizajes se relacionan, se enriquecen mutuamente y adquieren mayor sentido cuando podemos utilizarlos para comprender y desenvolvernos en nuestro entorno.

Este es uno de los propósitos fundamentales de las propuestas que desarrollamos en la clase verde: ofrecer experiencias ajustadas a los diferentes ritmos y necesidades del grupo, que permitan avanzar en la adquisición de competencias desde la curiosidad, el juego, la participación y la vida cotidiana.

Y, sobre todo, que nuestros niños y niñas sigan descubriendo que aprender no consiste únicamente en saber una respuesta, sino también en hacerse preguntas, buscar caminos para resolverlas y compartir lo que vamos descubriendo.

¡Buen fin de semana!

Esther Justicia.

¡Nuestro primer proyecto de emprendimiento! Mucho más que una obra de teatro

Buenas  tardes familias,

Esta semana hemos puesto en marcha nuestro primer proyecto de emprendimiento del curso y la clase verde ya está inmersa en los preparativos de una representación teatral muy especial.

Con motivo de la próxima fiesta del otoño, tenemos un reto por delante: preparar una obra de teatro para compartirla con todo el alumnado de Educación Infantil. Un objetivo común que nos invita a organizarnos, tomar decisiones, buscar soluciones y trabajar juntos para conseguirlo.

Y es precisamente ahí donde aparece el sentido del emprendimiento escolar a estas edades. No hablamos de crear una empresa ni de desarrollar una actividad económica, sino de aprender a identificar una necesidad o un reto real y responder a él con iniciativa, creatividad, cooperación y responsabilidad. Se trata de pasar de las ideas a la acción, participando activamente en las decisiones y descubriendo que somos capaces de transformar nuestras propuestas en algo que podemos compartir con los demás.

La obra elegida es Las enseñanzas de la lluvia, una adaptación de una leyenda africana que hemos conocido a través de su lectura en la asamblea. Después llegó uno de los momentos más esperados: el casting. Entre propuestas y votaciones fuimos repartiendo los personajes, mientras una compañera y yo asumimos la narración de la historia.

Y así comenzó a tomar forma nuestro pequeño proyecto.

De las ideas a las soluciones

Una de las experiencias más interesantes de estos primeros días ha sido pensar cómo queremos representar la historia. ¿Qué elementos necesitamos? ¿Cómo podemos construirlos? ¿Qué materiales podríamos utilizar?

La lluvia de ideas ha dado lugar a conversaciones verdaderamente enriquecedoras. Por ejemplo, en una de las escenas, el elefante debe derribar parte de la vegetación. Pero ¿cómo hacemos un árbol que pueda caerse durante la representación y después volver a colocarse?

Han surgido propuestas de todo tipo: estructuras de cartón, papeles sujetos con cuerdas, sistemas con imanes… Cada idea nos ha llevado a imaginar posibilidades, anticipar dificultades, escuchar otras opiniones y buscar nuevas alternativas.

Detrás de estas conversaciones aparecen aprendizajes fundamentales: creatividad, planificación, resolución de problemas, flexibilidad cognitiva y toma de decisiones. Y, sobre todo, la oportunidad de comprobar que una idea puede mejorar cuando la compartimos y la pensamos entre todos.

La cooperación, una palabra que ya forma parte de nuestro día a día, adquiere aquí un sentido especialmente significativo: cada aportación cuenta y necesitamos del trabajo de los demás para alcanzar nuestro objetivo.

Pensar, decidir y crear: mucho más que elaborar materiales

La expresión artística ocupa también un lugar importante en este proyecto, pero me gustaría detenerme en algo que no siempre resulta visible cuando observamos las producciones terminadas.

Antes de confeccionar las caretas o elaborar elementos del decorado, como el sol y el charco que aparecen en la historia, hemos dedicado tiempo a imaginar cómo queríamos hacerlos, proponer materiales, valorar diferentes posibilidades y llegar a acuerdos sobre sus formas, colores o tamaños.

Después llega el momento de llevar esas decisiones a la práctica. En ocasiones, las características de los materiales o la complejidad de determinadas tareas requieren el acompañamiento y la intervención del adulto. Pero eso no resta protagonismo al alumnado: las producciones son el resultado de un proceso compartido en el que sus ideas y decisiones tienen un papel fundamental.

Colorear, recortar, pegar o construir nos permite desarrollar habilidades motrices, coordinación y precisión. Pero, además, cuando estas acciones responden a una intención previamente pensada y acordada, adquieren un significado mucho más amplio.

Una historia que nos invita a hablar, escuchar y escribir

La preparación del teatro también nos está ofreciendo numerosas oportunidades para avanzar en nuestro proceso alfabetizador.

La lectura y comprensión de la historia, el descubrimiento de palabras poco habituales, la construcción de frases, la ampliación del vocabulario y los primeros ensayos nos ayudan a desarrollar el lenguaje oral, organizar nuestro discurso y comprender la importancia de escuchar para saber cuándo intervenir.

Porque alfabetizar no consiste únicamente en aprender letras o comenzar a escribir palabras. También implica comprender lo que escuchamos, expresarnos con claridad, enriquecer nuestro lenguaje y descubrir para qué sirven la lectura y la escritura.

También hemos realizado un taller de comprensión y secuenciación narrativa a partir de seis escenas que representan momentos importantes de nuestra obra. Las imágenes se presentaron desordenadas y cada niño y niña tuvo que observarlas, identificar qué sucedía en cada una, reconstruir el hilo de la historia y colocarlas en el orden adecuado, recortándolas y pegándolas posteriormente en otra hoja. Un trabajo que ya podéis ver expuesto en nuestro tablón y que nos permite desarrollar comprensión oral, memoria, organización temporal, relaciones de causa y efecto y pensamiento secuencial.

Porque comprender una narración no es solamente recordar lo que ocurre, sino entender cómo se relacionan los acontecimientos y por qué suceden en un determinado orden. Estas habilidades constituyen una base fundamental para la futura comprensión lectora y forman parte del proceso alfabetizador mucho antes de que la lectura convencional esté plenamente adquirida.

La escritura también ha encontrado su lugar dentro del proyecto. Hemos elaborado un cartel con el reparto de personajes en el que cada cual ha escrito su nombre y algunos compañeros y compañeras han añadido dibujos. Una pequeña muestra de cómo la escritura adquiere una función comunicativa real, al servicio de una necesidad que surge de nuestra propia actividad.

Y desde el área de Música estamos preparando una canción final acompañada de percusión corporal, incorporando nuevas formas de expresión a esta experiencia compartida.

Aprender a equivocarnos y seguir adelante

Los primeros ensayos nos han regalado también conversaciones importantes. Todavía estamos familiarizándonos con nuestras intervenciones, aprendiendo a reconocer cuándo nos toca hablar y a escuchar atentamente a los demás, antes de incorporar los gestos y la interpretación.

En este proceso han aparecido emociones como el miedo o la vergüenza ante la posibilidad de actuar delante del público. Hemos hablado de ellas y también de algo que nos ha ayudado a mirar la situación de otra manera: quienes vengan a vernos no conocen nuestras frases exactas y, si alguna se nos olvida, siempre podemos buscar otra manera de contar lo que queremos decir.

Equivocarse no significa que tengamos que detenernos. Podemos improvisar, pedir ayuda, buscar alternativas y continuar.

El teatro nos permite así trabajar la confianza, la empatía, la tolerancia a la frustración y la autorregulación. Aprendemos a reconocer lo que sentimos, a expresar nuestras preocupaciones, a respetar las emociones de los demás y a encontrar recursos para afrontar situaciones que inicialmente pueden generarnos inseguridad.

También ponemos en juego nuestras funciones ejecutivas, un conjunto de procesos cognitivos que nos permiten dirigir nuestra conducta hacia un objetivo, regular nuestros impulsos y adaptarnos a situaciones nuevas. Entre ellas destacan tres especialmente importantes durante la infancia:

  • La memoria de trabajo, necesaria para recordar las intervenciones, mantener presente la secuencia de la historia y reconocer las señales que indican cuándo nos toca participar.
  • El control inhibitorio, que nos ayuda a esperar nuestro turno, mantener la atención y evitar intervenir impulsivamente cuando otro compañero se equivoca.
  • La flexibilidad cognitiva, imprescindible para buscar alternativas, improvisar cuando algo no sucede como esperábamos y aceptar que las propuestas propias pueden modificarse o enriquecerse con las de los demás.

Estas habilidades no se desarrollan únicamente mediante ejercicios específicos. La investigación en neuroeducación destaca el valor de las experiencias globalizadas que integran movimiento, emoción, relaciones sociales y actividad cognitiva. El teatro constituye un contexto especialmente rico para ponerlas en práctica de manera significativa.

Y todo ello ocurre mientras nos preparamos para compartir algo que estamos creando juntos.

Todavía nos quedan ensayos, decisiones, materiales por elaborar y seguramente más de un pequeño problema que resolver. Pero quizá ahí esté una de las mayores riquezas de este proyecto: el aprendizaje no espera al día de la representación; está sucediendo ya, en cada conversación, en cada propuesta y en cada decisión compartida.

Y mientras nuestro proyecto teatral va tomando forma, también lo hace nuestro rincón de otoño, que continúa enriqueciéndose con las aportaciones que van llegando de casa y con nuestros propios descubrimientos. Os dejamos algunas imágenes para que podáis ver cómo está quedando este pequeño espacio compartido.

Y entre tantos preparativos también hemos tenido tiempo para celebrar los cumpleaños de nuestros compañeros Bruno y Leo G. ¡Muchas felicidades a los dos! Nos encanta seguir compartiendo estos momentos tan especiales en la clase verde.

Nos reencontramos el martes, después del festivo, para continuar dando forma a nuestro proyecto.

NOTA: Hoy se os ha enviado por correo el plan anual de actividades. Os recomiendo anotar las fechas importantes que en él aparecen.

¡Disfrutad de estos días!

Esther Justicia

El otoño entra en la clase verde

Buenas tardes familias,

Esta semana el otoño ha empezado a hacerse muy presente en nuestra clase. Y no solo a través de las conversaciones o de todo lo que va llegando de casa, sino porque hemos querido salir a buscarlo, observarlo y experimentarlo en algunos de los espacios que forman parte de nuestro día a día.

Nuestro jardín nos ha permitido reconocer algunos de los árboles que nos regalan sus frutos en esta época: caqui, membrillo, almendro… Hemos observado algunas de sus características y recogido caquis de nuestros propios árboles para llevarlos después a la asamblea y probarlos juntos.

A ellos se han ido sumando otras aportaciones que han llegado desde casa: boniato asado, higos, azufaifas, además de frutas y frutos de otoño, rimas, canciones, pequeños elementos decorativos, animales del bosque e incluso alguna poesía creada por el propio alumnado. Con todo ello iremos preparando próximamente nuestro pequeño rincón de otoño, un espacio que irá tomando forma y enriqueciéndose con aquello que vayamos descubriendo y compartiendo entre todos.

Y esta observación ha llegado también a nuestro taller de expresión plástica. A través de la técnica del frottage, las hojas nos han permitido descubrir sus formas, contornos, nervaduras y texturas para, posteriormente, intentar representarlas mediante el dibujo. Una misma realidad que primero tocamos y observamos y que después tratamos de interpretar y trasladar al papel.

Nuestra asamblea continúa siendo uno de los grandes puntos de encuentro de cada jornada. Como habéis podido conocer también a través de la entrada de la clase roja, en ella se concentran multitud de aprendizajes, responsabilidades y conversaciones. En el grupo verde iremos aumentando progresivamente la complejidad de algunas de las tareas del súper-ayudante y, a lo largo del curso, tendremos ocasión de acercaros algunas de ellas con más detalle.

Esta semana hemos incorporado además una responsabilidad nueva y muy especial: la Patrulla Medioambiental o Patrulla Verde. Cada semana, uno de nuestros equipos será responsable de prestar especial atención al cuidado de los espacios y recursos que compartimos: recoger materiales y juguetes, comprobar que quedan correctamente colocados después de utilizarlos, apagar luces o asegurarnos de que el climatizador queda desconectado cuando no es necesario. Pequeños gestos cotidianos con los que trabajamos autonomía, responsabilidad, corresponsabilidad y cuidado de lo común, y que tendrán continuidad durante la etapa de Primaria.

También seguimos avanzando en algo que está siendo especialmente importante durante estas primeras semanas: aprender a convivir como un grupo que todavía se está construyendo. A través de las diferentes propuestas de juego estamos animándonos a abrir nuestros círculos, compartir con compañeros y compañeras diferentes y acercarnos a materiales y posibilidades de juego que quizá inicialmente despertaban menos nuestro interés. Poco a poco, los grupos de amistad con los que llegamos a la clase verde empiezan a hacerse más flexibles y aparecen nuevas interacciones.

En ese proceso estamos dedicando también mucho tiempo a la resolución positiva de los pequeños conflictos cotidianos: aprender a expresar lo que necesitamos, escuchar al otro, buscar alternativas y encontrar maneras de continuar jugando juntos. Es un aprendizaje que necesita práctica, acompañamiento y tiempo, pero empezamos ya a ver pequeños avances que merece la pena valorar.

Nuestro trabajo de inteligencia emocional continúa teniendo también un espacio propio. Seguimos aprendiendo a reconocer lo que nos ocurre, poner palabras a nuestras emociones y utilizar pequeños recursos que nos ayuden a recuperar la calma cuando lo necesitamos. La respiración y la conciencia corporal forman parte de este aprendizaje y, poco a poco, vamos incorporando también nuevos elementos a nuestro “botiquín de emociones”, una herramienta de la que os hablaré con más detalle en otra entrada.

También hemos compartido con la clase roja un taller de modelado con plastilina. A partir de bolitas, churros y sus múltiples transformaciones hemos trabajado la fuerza de la mano, la prensión, la precisión y la coordinación, descubriendo al mismo tiempo todo lo que puede surgir de unas formas aparentemente tan sencillas.

Y terminamos con otra novedad que nos acompañará durante todo el curso: comienza nuestro préstamo semanal de biblioteca. Cada jueves por la tarde llevaremos a casa un libro para disfrutarlo durante la semana y el jueves siguiente por la mañana deberá regresar al colegio para poder realizar un nuevo préstamo por la tarde. Una rutina sencilla con la que queremos seguir alimentando el gusto por los libros y, al mismo tiempo, aprender a cuidar, responsabilizarnos y devolver aquello que compartimos.

Han sido días llenos de experiencias diferentes, pero todas ellas van dando forma a algo común: una clase verde que empieza a ampliar sus relaciones, asumir responsabilidades, cuidar lo que comparte y descubrir nuevas maneras de aprender juntos.

¡Buen fin de semana!

Esther Justicia.

¿QUÉ VEMOS CUANDO NOS MIRAMOS?: EL AUTORRETRATO

Buenas familias,

Seguimos avanzando en estas primeras semanas, afianzando rutinas y encontrando poco a poco nuestra manera de funcionar como grupo. Como tuve oportunidad de contaros en nuestra reunión, autonomía, autoestima y autoconocimiento están muy presentes en este momento. Ser cada vez más capaces de desenvolverse por sí mismos, reconocer aquello que pueden hacer, descubrir también dónde necesitan ayuda y sentirse seguros para intentarlo son aprendizajes fundamentales en estas edades.

Y todo ello tiene una dimensión individual, pero también colectiva. Conocerse a uno mismo ayuda a encontrar el propio lugar dentro del grupo, a relacionarse con mayor seguridad, reconocer las diferencias, pedir y ofrecer ayuda y comprender que no todos necesitamos lo mismo ni hacemos las cosas de la misma manera. Seguimos, por tanto, construyendo autonomía personal mientras vamos construyendo también nuestra identidad como clase verde.

Poco a poco, la dinámica de la clase verde va tomando forma y hemos comenzado también muchos de los talleres y propuestas específicas que nos acompañarán a lo largo del curso. La lógica-matemática, la expresión artística, el desarrollo emocional, la promoción del lenguaje y los primeros procesos vinculados a la alfabetización van encontrando ya su espacio dentro de nuestra vida cotidiana. Diferentes lenguajes y diferentes maneras de aprender que iremos combinando a través del juego, la experimentación, la manipulación y propuestas cada vez más ajustadas a las necesidades e intereses del grupo.

También nuestra asamblea empieza a convertirse en algo más que ese momento en el que nos encontramos al comenzar el día. Las conversaciones se enriquecen, aparecen preguntas, pequeñas reflexiones, acuerdos, aprendizajes compartidos… y empieza a adquirir ese lugar tan importante que tendrá durante todo el curso en la vida de la clase verde. Pero sobre todo lo que ocurre allí, que es mucho más de lo que parece, os hablaré con calma en una próxima entrada.

Esta semana, sin embargo, quiero detenerme especialmente en una de las propuestas que hemos desarrollado dentro de nuestro taller de expresión artística: el autorretrato.

Esta semana hemos llevado ese “mirarnos a nosotros mismos” al terreno de la expresión artística a través del autorretrato.

Realizar un autorretrato es mucho más que dibujar una cara. Antes de representarnos necesitamos observarnos: reconocer nuestros rasgos, tomar conciencia de las diferentes partes del rostro, su posición y proporción y trasladar esa imagen que tenemos de nosotros mismos al papel. Entran en juego el esquema corporal, la percepción, la orientación espacial y la coordinación visomotriz, pero también algo mucho más personal: cómo me veo, qué rasgos reconozco como propios y cómo decido representarme.

Y esta vez hemos añadido un reto: la acuarela.

Es una técnica preciosa, pero nada sencilla a estas edades. La cantidad de agua, la intensidad del color o la presión del pincel modifican continuamente el resultado y obligan a ajustar nuestras acciones. Además, trabajar con ella requiere seguir y mantener una pequeña secuencia: mojar el pincel, controlar el exceso de agua, cargar suficiente pigmento, pintar y volver a comenzar.

Una sucesión aparentemente sencilla que supone un estupendo ejercicio para nuestras funciones ejecutivas. Necesitamos memoria de trabajo para recordar los pasos mientras estamos pintando; control inhibitorio para contener las ganas de actuar deprisa, cargar demasiado el pincel o saltarnos parte del proceso; atención y paciencia para sostener la tarea; y flexibilidad cognitiva para aceptar que el agua y el color no siempre hacen exactamente lo que habíamos imaginado y buscar otra manera de continuar cuando el resultado no es el esperado.

Y precisamente ahí aparece uno de los aprendizajes que más nos interesa: no todo tiene que salir bien a la primera. Aprender a detenerse, observar, modificar una acción, tolerar una pequeña frustración y volver a intentarlo también forma parte del proceso creativo y, sobre todo, del aprendizaje.

Nuestros autorretratos nos han permitido trabajar técnica, pensamiento, cuerpo y emoción en una misma propuesta. Y aunque todos hemos partido de una consigna común, el resultado no podía ser más personal: tantas maneras de mirarse y representarse como niños y niñas forman nuestra clase verde.

¡Gracias por vuestra asistencia a la reunión!

Esther Justicia