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Viaje a «Parapanda»

Queridas familias,

El viaje a Parapanda ha supuesto para el grupo verde una reafirmación de su autonomía (individual y grupal), de sus valores, de las relaciones de amistad/compañerismo, y un aumento de su responsabilidad (intra e interpersonal). Todo ello gracias a una estrecha e intensa «convivencia granjera», pasando unos días inolvidables todos juntos y siendo, sin duda alguna, una experiencia digna de recordar durante mucho tiempo.

Los distintos montajes que os enlazo a lo largo de esta entrada, intentan mostrar con todo lujo de detalles cada uno de los momentos vividos en nuestro viaje de fin de curso. Aunque es justo decir que todas las anécdotas, experiencias, bromas, consuelos, risas, sorpresas, etc. que vivimos allí (Natalia y yo),  se quedan en nuestra «mochila personal» de vivencias docentes, que es uno de los mayores tesoros que tiene esta profesión. El proceso de selección de todas las imágenes (han sido casi 500) me ha llevado a revivir muchos de esos momentos, sin poder evitar emocionarme en cada uno de ellos ¡Es difícil expresar el sentimiento de satisfacción y plenitud! pero así me siento en estos momentos.

Dejando a un lado «mis ñoñerías» ¡se nota que se acerca el fin de curso!… os dejo la crónica resumida de nuestro viaje:

Como pudisteis comprobar en la despedida del aparcamiento del cole, sus caras de ilusión por emprender el viaje lo decían todo.

Durante el trayecto fuimos leyendo todos los carteles indicadores que había en la carretera y que previamente habíamos visto en el cole, mediante el trabajo del mapa y la localización, pero la energía era tan desbordante que la algarabía era algo incontrolable.

Una vez en nuestro destino, el transporte de nuestro equipaje hasta las habitaciones y la visita a las dependencias principales, nos tuvo entretenidos un buen rato. César y Álvaro (nuestros monitores) nos hicieron algunos juegos de presentación, una simpática bienvenida y por supuesto un adelanto de todo lo que íbamos a conocer y vivir, en esos dos días.

Tras un tentempié de fruta y pan, dieron un pequeño paseo de reconocimiento, por las distintas dependencias de la granja. El objetivo era proporcionar seguridad en los desplazamientos y aumentar la confianza ante posibles incertidumbres. De esta forma también pudieron conocer qué alimentos les gustaban a los distintos animales, dónde conseguirlos y cómo vivían. Datos importantes a tener en cuenta para cuando nos tocase ir a alimentarles y cuidarles. Mientras Natalia y yo cerramos el programa de actividades, con la coordinadora, para aprovechar todo nuestro tiempo al máximo y que se adaptase a nuestra experiencia previa.

Como el calor no apretaba demasiado y había otros colegios de visita, decidimos comenzar nuestra aventura con la excursión por la montaña, para visitar una la antigua mina de plomo de San Antonio, que se encuentra en desuso, y así llevar a cabo las «tareas granjeras» más tranquilos por la tarde, cuando ya nos quedamos solos.

Tras una buena dosis de protección solar, nuestras gorras y una breve visita al baño … ¡nos vamos!

El camino era largo y nada fácil de transitar, pero demostraron ser unos auténticos senderistas y llegamos a destino según lo previsto. Al llegar a la entrada de la mina (algo estrecha, ya veréis en las fotos) debíamos «dejarnos caer» para pasar y una vez dentro, permanecer agachados ya que el espacio era bastante reducido. Decidimos entrar en dos grupos (caballos y conejos), así que mientras un grupo estaba dentro el otro disfrutó de un agradable ratito en la montaña. Ni que decir tiene que la cueva carecía de iluminación y tan sólo nos guiábamos por la luz de unas cuantas velas, dispuestas especialmente para ello y tres puntos de luz móviles que nos dieron, por seguridad. Una aventura en toda regla en la que demostraron su valentía e ilusión, a partes iguales. Pudimos llegar hasta el fondo de la mina, vimos arañas bailarinas, estalactitas, pedimos deseos tras caer sobre nosotros «lágrimas de gnomo» y nos manchamos un montón (las últimas lluvias hacían que el terreno estuviese resbaladizo y algunos tramos fue necesario hacerlos «arrastrando el culo».

De vuelta a la granja, un poquito exhaustos pero muy ilusionados, tan sólo hacían planear qué más cosas hacer, cuándo ver a los gnomos o enanitos que habitaban la granja…

Pero debíamos reponer fuerzas, así que decidimos tomar primero nuestro almuerzo, para continuar la aventura granjera con nuestra energía al cien por cien.

Para paliar un poquito el calor de esas horas del día, decidimos llevar a cabo un taller interio, relacionado con el tema medioambiental y creativo ¡fabricamos nuestro propio papel reciclado!. Usamos distintos trozos de papel usado, que rasgamos para convertirlos en más pequeños, añadimos un poco de agua, un chorrito de colorante y mediante una batidora industrial batimos muy bien la mezcla para integrar todos los ingredientes. Después colocamos la mezcla sobre un cedazo, presionamos con un paño, damos unos pequeños golpecitos y … ¡voilà! ya tenemos nuestro papel reciclado listo para secar (lo utilizaremos próximamente en clase, para un taller creativo-plástico).

Álvaro y César, nos contaron una fantástica historia en la que los antiguos habitantes de granja (gnomos ) quedaron hechizados por un encantamiento, de manos del hada Margarita, convirtiéndose en piedra. Tan sólo Fermín, que ese día no estaba en la granja (sino de expedición en la montaña) pudo librarse del hechizo y ahora cada vez que un colegio visita la granja, solicita su ayuda para cuidar de los animales. Mediante un dinámico juego de pistas y pruebas, recorrimos muchos lugares de la granja, hasta salir de ella y dar con el gnomo Fermín. Pudimos verlo, aunque eso sí de lejos porque es algo tímido y tras decir las palabras mágicas «Sinsalabín, que aparezca el gnomo Fermín».

A la vuelta merendamos para volver a coger energía y…

¡Yujuuu una granja para nosotros solos!

Junto a Ángela y Teresa, nuestras monitoras de esa tarde-noche, realizamos el siguiente taller, que consistió en la elaboración de un riquísimo bizcocho casero, que tomamos en el desayuno del día siguiente.  Nosotros ya estamos experimentados en realizar talleres de cocina, así que seguimos los pasos sin ningún problema.

Una vez se hubieron marchado todos los colegios, nos dispusimos a realizar las tareas granjeras correspondientes a la zona de los establos. Allí dimos de comer a los caballos (Trueno y Pelusa), cepillamos a las vacas (Margarita y Mazuela), visitamos a los burritos (Castaña, Petunia y Noviembre), fabricamos bolitas de cereales para dar de comer a los cerdos (Pin y Pon), acariciamos a la cabrita (Luci), nos atrevimos a tocar al lechón (Babe), perseguimos a los conejos, observamos a las gallinas incubando y un sinfín de tareas granjeras más que nos tuvieron muy atareados gran parte de la tarde.

Antes de irnos a cenar visitamos la zona de la charca, pudimos ver patos, ocas, pavos, pavos reales, gallinas, faisán (común), un avestruz (Mochi), una burrita llamada Paquita y hasta una colmena. En ese espacio, muchos animales viven en libertad, así que mientras nos afanamos en darles de comer nos acompañaban desde cerquita. Ángela nos contó cómo vivían las abejas, cómo se organizaban en la colmena, porqué son tan importantes y algunos consejos prácticos a llevar a cabo si queremos conservarlas. Hasta escenificamos la polinización, con ayuda de algunos voluntarios.

Tras la cena, una velada con juegos al aire libre, y después una excursión nocturna por la granja, pusieron fin a una intensa jornada granjera. 

Antes de irnos a dormir nos fuimos hasta la jaima, donde el hada Margarita nos contó un emotivo cuento que nos haría tener sueños felices. Una vez cumplido el objetivo llegó la hora de acostarse, así que tal y como habíamos ensayado en clase, guardamos la ropa sucia en nuestra bolsa de la maleta, nos pusimos el pijama y nos fuimos hasta el baño para asearnos un poco y lavarnos los dientes. Tras un espectacular desfile de pijamas… ¡a roncar!

Al día siguiente, como fuimos muy madrugadores, desayunamos súper rápido y organizamos nuestro equipaje en un periquete, nos dio tiempo a hacer dos talleres más, además de hacer todas las tareas de granja que nos quedaron pendientes y visitar la zona del invernadero. 

Uno de ellos consistió en fabricar unas «bombas de semillas», que nos ayudarán a repoblar algunas zonas de nuestro parque. Para ello tuvimos que aprender la proporción exacta de agua, arcilla y semillas, visitamos la colonia de lombrices que tenían en la compostera (que por supuesto también nos regalaron para reactivar la nuestra del cole) y nos manchamos muchísimo, ja, ja, ja. El otro taller fue de cocina, para elaborar unos deliciosos  roscos que tomamos en la merienda y que también pudimos llevarnos a casa a la vuelta del viaje ¡cuánta actividad!

Tras el almuerzo las fuerzas ya flaqueaban y aunque teníamos prevista una breve visita a la almazara, los ánimos no acompañaban mucho. Decidimos entonces quedarnos en el interior (debido al calor) e intercambiar impresiones sobre todo lo vivido, recoger nuestros trabajos de los talleres y jugar un ratito.

Como habréis leído (y ya os habrán contado vuestros peques) no nos faltó un detalle por hacer en nuestro viaje. Volvimos realmente cansados, pero muy contentos y satisfechos de la experiencia vivida.

Natalia y yo disfrutamos muchísimo también, así que deseamos que recuerden esta «primera noche fuera», durante mucho tiempo.

Espero que os hayan gustado los vídeos y los disfrutéis en familia.

Un abrazo,

Esther Justicia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡AVENTURA EN LA GRANJA! PRIMERA PARTE

Queridas familias,

El viaje a Parapanda ha supuesto para el grupo verde una reafirmación de autonomía, valores, amistad y responsabilidad, que hemos puesto en práctica a través de la estrecha convivencia durante dos «jornadas granjeras» muy intensas.

Los documentos gráficos que tanto Bárbara como yo realizamos a lo largo de esos días han sobrepasado los 400, de modo que la selección, edición y montaje está siendo una tarea algo ardua, pero preciosa a la vez ¡revivir todos los momentos vividos es magnífico!

A continuación os dejo una pequeña crónica de lo que llevamos a cabo a lo largo del primer día, hasta la hora del almuerzo. Más abajo, un montaje audiovisual os muestra con lujo de detalles nuestras aventuras.

Como veréis, las caras de ilusión por emprender el viaje lo decían todo. Una vez en nuestro destino, el transporte de nuestro equipaje hasta las habitaciones y la visita a las dependencias principales, nos tuvo entretenidos un buen rato. Algunos juegos de presentación, bienvenida y por supuesto el adelanto que Azu (nuestra monitora) nos hizo de todo lo que íbamos a conocer y vivir, nos hizo tener muchas más ganas aún de compartir esta experiencia en grupo.

Tras un tentempié de fruta y pan, dimos un paseo por la zona de los establos. Allí pudimos ver conejos, gallinas, cabras (Mija), cerdos (Pin y Pon) ovejas y hasta una ternera (Mazuela). Conocimos qué alimentos les gustan, dónde conseguirlos y cómo viven en sus dependencias. Datos importantes a tener en cuenta para cuando nos tocase ir a alimentarles y cuidarles.

Después nos fuimos hasta la zona del estanque, donde disfrutar de la compañía de patos, ocas, gallinas y hasta pavos reales en libertad, fue simplemente precioso. Uno de los animales que más les impresionó fue Monchi, el avestruz. Conocer que las ocas son «algo mandonas» y no dejan tranquilos a los patos o poder ver cómo incubaban sus huevos, fue otro de los hitos importantes esa mañana.

Azu nos propuso realizar una excursión por la montaña, para visitar una antigua mina de plomo, que se encuentra en desuso y en la que ahora vive el gnomo Eustaquio. Nos contó qué nos encontraríamos allí, nos habló de las estalactitas y las estalagmitas, de qué era el plomo y hasta de porqué ahora está habitada por un gnomo. Una buena dosis de protección solar, nuestras gorras, visita al baño y … ¡nos vamos!

El camino era largo y nada fácil de transitar, pero estos verdecitos demostraron ser unos auténticos senderistas y llegamos a destino antes de lo previsto. Al llegar a la entrada de la mina (algo estrecha, ya veréis) debíamos «dejarnos caer» para pasar y una vez dentro permanecer agachados ya que el espacio era bastante reducido. Ni que decir tiene que carecía de iluminación y tan sólo nos guiábamos por la luz de unas cuantas velas dispuestas especialmente para ello. Una aventura en toda regla en la que demostraron su valentía e ilusión, a partes iguales. Pudimos hablar con el gnomo Eustaquio (Gustafio para los amigos, ja, ja, ja) preguntarle un montón de cosas y hasta verle ¡sus caras de impresión me las quedo de regalo!

De vuelta a la granja, tan sólo hacían planear cuándo volver, cómo convencer a su familia para ir a Parapanda y compartir las anécdotas y vivencias individuales, que cada uno/a de ellos/as había tenido.

Continuará…

Esther Justicia.

 

¡Aventura granjera! Viaje fin de curso grupo verde

Queridas familias,

Por fin está aquí el montaje audiovisual de nuestra experiencia en la granja escuela Parapanda.

La edición se ha resistido un poquito, pero  creo que el resultado muestra con todo lujo de detalles cada uno de los momentos vividos en nuestro viaje de fin de curso. Realizar el montaje me ha traído a la memoria mil y una anécdotas, que estoy segura vuestros peques os han contado ya o lo harán al visualizar las imágenes.

Vivimos unos días inolvidables de juegos, experiencias, convivencia y cercanía. Sin duda alguna ha sido una experiencia digna de recordar durante mucho tiempo, que ha proporcionado al grupo un gran bagaje en las relaciones sociales, así como de autonomía personal y grupal.

Crónica del viaje:

Nos montamos en el bus muy ilusionados y expectantes ante lo que nos esperaba. Por el camino fuimos leyendo todos los carteles indicadores que había en la carretera y que previamente habíamos visto en el cole, mediante el trabajo del mapa y la localización.

Nada más llegar allí dejamos nuestras maletas en las habitaciones … ¡un hotel! decían algunos, ja, ja, ja. Y nos fuimos hasta la jaima con nuestros monitores Álvaro y Azu.  Nos contaron cómo era la granja, qué nos íbamos a encontrar allí, los animales que la habitaban, sus nombres, el porqué de ellos… Después tomamos un sano tentempié de fruta y pan con aceite y nos dispusimos a realizar un pequeño recorrido de identificación de los lugares más emblemáticos. El objetivo era proporcionar seguridad en los desplazamientos y aumentar la confianza ante posibles incertidumbres.

Como el calor apretaba y había otros colegios de visita, decidimos realizar los talleres interiores para resguardarnos un poquito del sol y así llevar a cabo las «tareas granjeras» más tranquilos por la tarde cuando ya nos quedamos solos. Pero antes nos fuimos hasta «el teatro» donde Álvaro nos contó una fantástica historia en la que los antiguos habitantes de granja (gnomos ) quedaron hechizados por un encantamiento convirtiéndose en piedra. Tan sólo Fermín, que ese día no estaba en la granja pudo librarse del hechizo y ahora cada vez que un colegio visita la granja, solicita su ayuda para cuidar de los animales. Mediante un dinámico juego de pistas y pruebas recorrimos muchos lugares de la granja, hasta salir de ella y dar con el gnomo Fermín. Pudimos verlo, aunque eso sí de lejos porque es algo tímido. A la vuelta almorzamos para coger energía y…

¡Yujuuu una granja para nosotros solos!

El primer taller consistió en la elaboración de un riquísimo bizcocho casero, que tomamos en la merienda de esa misma tarde. Nosotros ya estamos experimentados en realizar talleres de cocina, así que seguimos los pasos sin ningún problema (divididos en dos equipos para evitar la contaminación cruzada del gluten).

El segundo taller estuvo más relacionado con el tema medioambiental y creativo ¡fabricamos nuestro propio papel reciclado!. Usamos distintos trozos de papel usado, que rasgamos para convertirlos en más pequeños, añadimos un poco de agua, un chorrito de colorante y mediante una batidora industrial batimos muy bien la mezcla para integrar todos los ingredientes. Después añadimos unos pétalos de rosa secos, que otorgaron un precioso toque decorativo.

Aprovechamos los ratitos de «tiempo libre» para hacernos unas preciosas fotos individuales en las que salen guapísimos y guapísimas todos. Mientras Encarna y yo almorzamos, jugaron a reloj-reloj, pilla-pilla y otros juegos de movimiento.

Una vez se hubieron marchado todos los colegios, nos dispusimos a realizar las tareas granjeras correspondientes a la zona de los establos. Allí dimos de comer a los caballos (trueno y pelusa), cepillamos a la vaca (Margarita), visitamos a los burritos (castaña y noviembre), nos encontramos con que Lolita (la ternera bebé) se había escapado, fabricamos bolitas de cereales para dar de comer a los lechones (pin y pon), acariciamos a las ovejas recién esquiladas, perseguimos a los conejos y un sinfín de tareas granjeras más que nos tuvieron muy atareados gran parte de la tarde.

Antes de realizar el descanso previsto, visitamos la zona de la charca, en la que al día siguiente llevaríamos a cabo nuestro trabajo granjero ¡que habíamos ido para trabajar y disfrutar!, ja, ja, ja.

Tras refrescarnos un poquito, pasar por el baño y merendar, nos dispusimos a emprender la marcha hacia la montaña en la que se encuentra la antigua mina de plomo de San Antonio. El terreno era bastante irregular y el camino algo largo, pero estos peques están fuertes, así que conseguimos llegar sin ningún contratiempo. Una vez allí nos introdujimos en una pequeña cala, en la que nos encontramos una grata sorpresa ¡otro gnomo había sobrevivido al encantamiento del hada! la gruta estaba llena de velas y por las paredes pudimos observar estalactitas. El gnomo Osgualdofaldo no se dejó ver pero si contestó a muchas de nuestras preguntas y hasta nos gastó alguna que otra broma.

De vuelta a la granja, el cansancio parecía asomar un poco, pero una deliciosa cena y la ilusión por disfrutar de la velada nocturna, nos espabiló.

Tras la velada de juegos, canciones y bailes, nos visitó un mago que nos requirió ayuda para realizar una pócima mágica que … y allí que nos ofrecimos nosotros para buscar esos objetos por toda la granja, a oscuras y sin más luz que una pequeña linterna ¡qué valientes!

Una vez cumplido el objetivo llegó la hora de acostarse, así que tal y como habíamos ensayado en clase, guardamos la ropa sucia en nuestra bolsa de la maleta, nos pusimos el pijama y nos fuimos hasta el baño para asearnos un poco y lavarnos los dientes. Tras un espectacular desfile de pijamas… ¡a roncar!

Al día siguiente como fuimos muy madrugadores no sólo nos dio tiempo a hacer todas las tareas de granja en la zona de la charca sino que hicimos otro taller de cocina para tomar unos deliciosos  roscos en la merienda ¡cuánta actividad!

En la zona de la charca pudimos ver patos, ocas, ponys (arabito), pavos, gallinas, faisanes (dorado y común), pavos reales y hasta una colmena. En ese espacio, muchos animales viven en libertada así que mientras nos afanamos en darles de comer nos acompañaban desde cerquita.

Cuando llegó la hora de descansar un poco antes de nuestra marcha, nadie quería irse de vuelta a casa, querían más y más, así que improvisamos una visita a la almazara. Aunque no es tiempo de recogida de aceituna y no la pudimos ver en funcionamiento, sí que observamos la maquinaria necesaria para la transformación de la aceituna en aceite, visitamos un pequeño espacio donde se lleva a cabo un taller de aceite de forma artesanal y por último descubrimos un poquito de la historia del olivo Lucio, la variedad que utilizan allí.

Como veis no nos faltó un detalle por hacer en nuestro viaje y pese a que todos querían quedarse, no tardaron ni cinco minutos en dormirse en el autobús de vuelta a casa.

Encarna y yo hemos estado encantadas con la experiencia y esperamos que la lleven en su recuerdo durante mucho tiempo.

Espero que os guste el vídeo y lo disfrutéis en familia.

¡Un fuerte abrazo!

 

 

VIAJE FIN DE CURSO «PARAPANDA»

Estoy segura que vuestros peques os han contado ya muchísimas cosas de nuestro viaje, aún así a continuación os pongo una crónica de las dos jornadas (con lo más significativo) y os enlazo unos vídeos que muestran cómo lo pasamos de bien.

CRÓNICA:

Durante el trayecto en bus fuimos observando el paisaje y leyendo los carteles, para comprobar si lo trabajado con respecto al plano era acertado o no. Al llegar a nuestro destino nos esperaban Nusa, Nerea y Marta, que fueron nuestras monitoras durante los dos días. Para comenzar nos reunieron en la «jaima», hicieron las presentaciones pertinentes, nos dividieron en dos equipos (árboles y mariposas) y luego tomamos pan con aceite y manzana.

Una vez divididos por grupos realizamos un paseo por todas las instalaciones exteriores, con objeto de conocer las distintas dependencias de los animales así como las normas que debíamos seguir para respetar a los demás grupos de visitantes y por supuesto a los animales.

En el teatro, nos contaron una fantástica historia acerca de porqué las escuelas visitan la granja escuela Parapanda y porqué hay tantos enanitos de piedra por todos los rincones. Decidimos salir a buscar al gnomo Fermín y para ello seguimos las pistas que encontramos en nuestro camino. ¡Qué sorpresa, Fermín es un bailongo! y además lo acompaña Blancanieves.

Tras el almuerzo hicimos un taller creativo-reciclado, para fabricarnos unas simpáticas huchas de búhos, que decoramos con elementos naturales recogidos en nuestro paseo. Así evitamos el calor de esas horas y Encarna y yo pudimos tener un ratito para almorzar.

El equipo de los árboles fue el encargado de trabajar como granjeros y granjeras en la zona de los conejos, ovejas, vaca, caballos, cerdos… y el equipo de las mariposas hizo lo mismo en la zona de la charca.

Como merienda tomamos leche con cacao y pan con chocolate. Con las fuerzas repuestas nos atrevimos con otro taller. En esta ocasión de cocina, elaboramos unos deliciosos roscos que nos desayunamos al día siguiente.

Cuando el calor ya se había pasado, entorno a las 19.00, emprendimos la aventura para subir la cima hasta una antigua mina de plomo (en realidad es sólo una cata). La subida se presentaba algo complicada, pero son unos intrépidos senderistas y en poco tiempo ya estábamos arriba. Las vistas eran impresionantes y darnos cuenta de todo lo que habíamos subido les impresionó bastante. Entonces llegó la hora de adentrarnos en la cata y para ello hicimos dos grupos también, debíamos entrar por un agujero bastante estrecho y acostumbrar nuestra vista a la oscuridad (ya que sólo estaba iluminada por algunas velas). Dentro, Nusa y Nerea, nos explicaron cómo se forman las estalactitas que veíamos y nos contaron una leyenda del pueblo de Alomartes, del porqué las paredes están húmedas, ¡son lágrimas de gnomo!. Fue una experiencia fantástica y hasta nos pudimos comunicar con el gnomo Fermín.

Acabamos exhaustos, estábamos de vuelta cerca de las 21.00, así que decidimos cenar y llevar a cabo nuestra velada, para poder ir a descansar. En la velada recorrieron las dependencias de los animales para ver cómo dormían, observaron en el cielo la fantástica «estrella verde» de Parapanda, escucharon historias del fantástico cuento del gnomo Fermín y hasta algunas propusieron una relajación con Mindfulness (mientras aprovechamos las profes para cenar).

Llegó la hora del cambio de ropa, lavado de dientes y preparaciones varias para dormir…, todo salió fenomenal. Fueron muy ordenados con sus pertenencias y aunque a algunillos les costó un poco dejar de charlar y reír, entorno a las 00.00 todos estaban ya descansando. Algunas toses, ronquidos, despertares para ir al baño, sollozos entre sueños y a las 6.00 … ya estaban los más madrugadores en pie. Decidimos permanecer en la cama un ratito descansando, para no despertar al resto y a las 9.00 ya estábamos aseados de nuevo, vestidos, desayunados y con las maletas recogidas. ¡Prueba superada!


Comienza la segunda jornada en la granja y aunque se nota en el ánimo el cansancio del día anterior, nos volvimos a convertir en granjeros y granjeras. En esta ocasión intercambiamos los espacios visitados el día anterior por los distintos equipos, para que así todos disfrutáramos de las distintas experiencias.

Aprendimos un montón de cosas, como por ejemplo a diferenciar un pato de una oca, a saber si es un pato hembra o macho, qué come cada animal, extraer los granos de maíz de una mazorca y dejar sólo el pabilo, cómo se limpia un establo, de dónde extraer las hojas para poner en el suelo del establo y cuadra, qué hierbas les gustan más a los conejos, cómo se comporta una oca que está incubando si nos acercamos demasiado, porqué son importantes las abejas, que el avestruz es el ave más rápida (aunque no vuela)… y un sinfín de cosas más que estoy segura ellos recordarán mejor que yo. También tuvimos oportunidad de ver el cortejo del pavo real o cómo salían de los huevos cuatro crías de pavo (entre otras muchas cosas).

Tras toda esa actividad y con ganas de más nos fuimos a hacer un taller de pan. Nusa nos fue relatando todo el proceso desde el nacimiento del cereal hasta la transformación en harina y luego en pan. Nos explicó cómo se hacía el pan antiguamente y porqué se necesita la levadura. Para el amasado se inventó una graciosísima historia que íbamos escenificando con nuestra masa, de modo que la encogimos, estiramos, amasamos, golpeamos … hasta que finalmente le dimos la forma que cada uno quiso y la horneamos.

Una vez almorzados, nos volvió a tocar el turno a Encarna y a mí, pero para no desaprovechar ni un minuto decidimos hacerlo  a la velocidad del rayo e irnos al taller de elaboración de aceite. Esta época del año no es la propicia para llevarlo a cabo, pero utilizamos de forma simbólica unas aceitunas que tenían reservadas en la cámara frigorífica y así pudieron ver todo el proceso completo. Para finalizar nos embotellaron unas pequeñitas botellas para cada uno.

Llegó la hora de volver y todos querían quedarse y repetir, la experiencia ha sido fantástica y  os aseguro que inolvidable para todos.


Hoy hemos contado en la asamblea lo que más nos gustó y lo hemos dejado reflejado en un dibujo, que formará parte de nuestro «Cuaderno de granja». También hemos contado la prometida historia de miedo-risa (ya que esa noche estaban agotadísimos y no pudimos hacerlo).

¡Espero que con esta entrada, podáis asomaros un poquito a lo que vivimos allí!

Un fuerte abrazo,

Esther Justicia.

 

EMPIEZA LA CUENTA ATRÁS ¡NOS VAMOS A PARAPANDA!

Estimadas familias,  tan sólo nos quedan tres días para nuestro viaje fin de curso y tengo que deciros que vuestros peques están muy ilusionados, a la par que algo «nerviosillos» ante la incertidumbre de todo lo que nos espera y sobre todo de dormir fuera de casa sin vosotros.

A continuación os voy a contar algunos aspectos relevantes, tratados y trabajados con ellos para conferirles una mayor seguridad y confianza:

    1. EQUIPAJE. Hoy hemos llevado a cabo un taller alfabético en el que hemos escrito todo lo necesario para llevar como equipaje. De esta forma se les hace más significativo lo que contiene su mochila o pequeña maleta y serán capaces de mostrar una mayor autonomía. Como consejo os digo que es conveniente que la preparéis con ellos, así saben lo que llevan. También que intentéis respetar las prendas que hemos escrito, si echáis más mudas no sabrán qué ponerse. Si tenéis alguna duda, podéis consultarme cuanto necesitéis.
    2. TARJETAS SANITARIAS y MEDICAMENTOS. Aún faltan algunas por entregar, os ruego lo hagáis a la mayor brevedad posible para que pueda ir ultimando todo lo que debo llevarme. El alumnado que necesite tomar medicación debe entregarme en mano tanto la autorización debidamente cumplimentada como los medicamentos correctamente marcados. Yo seré la encargada de administrarlos.
    3. PERSONAL ADULTO QUE ACOMPAÑA. Tal y como se os explicó en la carta informativa, el lugar que visitamos pone a nuestra disposición personal suficiente para hacerse cargo del grupo (dividido en varios subgrupos) a la hora de realizar los diferentes talleres y faenas de granja. Aún así desde el centro irán acompañados por Encarna y por mí, que por supuesto asistiremos de igual forma a todas las actividades a llevar a cabo.
    4. REPARTO DE HABITACIONES. Mañana llevaremos a cabo el reparto de habitaciones y realizaremos un taller creativo para escoger un dibujo que represente a ambos grupos. Como ya habréis imaginado, un grupo dormirá con Encarna y otro conmigo. Estando ambas habitaciones una enfrente de otra y con el baño contiguo.

Tan sólo nos quedaría terminar nuestra maqueta, para la cual ya tenemos preparados un montón de «accesorios».

La próxima entrada ya será nuestra experiencia en Parapanda y a la vuelta… a preparar el tema de la fiesta fin de curso (General: Las civilizaciones clásicas Ciclo 3-6: El Imperio Romano).

Un abrazo,

Esther Justicia.