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Crónica granjera (Viaje a la granja escuela Parapanda)

Queridas familias:

Aunque esta entrada del blog se ha hecho esperar un poquito más de lo habitual, por fin puedo compartir con vosotros una pequeña crónica de nuestra estancia en la granja escuela. Entre algunas circunstancias personales que han retrasado su elaboración y la ardua tarea de revisar y seleccionar entre cientos de fotografías para mostrar una representación significativa de todo lo vivido, han pasado ya un par de semanas desde aquella aventura. Sin embargo, las imágenes, los recuerdos y, sobre todo, las emociones siguen tan presentes como el primer día.

Esta salida, enmarcada dentro de nuestro Plan de Centro, ha supuesto una experiencia extraordinaria para nuestro alumnado. Más allá de las numerosas actividades realizadas, me gustaría destacar la ilusión, la motivación y las ganas de aprender que demostraron nuestros niños y niñas durante las dos jornadas. Muchos de ellos llegaban con una mezcla de emoción y nerviosismo ante la idea de pasar una noche fuera de casa, pero una vez comenzó la aventura, esos temores dieron paso a la curiosidad, la convivencia y el disfrute compartido.

La emoción comenzó incluso antes de llegar a nuestro destino. Durante el trayecto en autobús fuimos identificando algunos de los pueblos que habíamos trabajado previamente en nuestro mapa de clase. Ver cómo aquellos nombres y lugares que habíamos estudiado cobraban vida ante nuestros ojos convirtió el viaje en una actividad de aprendizaje desde el primer momento.

Tras nuestra llegada y una vez visitadas las habitaciones y organizado el equipaje y todo lo que llevábamos, nos reunimos en un lugar especial de la granja, para tomar un pequeño tentempié y conocer algunos de los espacios que íbamos a visitar durante nuestra estancia allí.

Mientras tanto «los profes» organizamos las actividades a realizar, teniendo en cuenta las altas temperaturas previstas para aquellos días y nos preparamos para una de las experiencias más esperadas: la excursión a la antigua mina de plomo.

Equipados con nuestras gorras, protección solar y suficiente agua para el camino, afrontamos un recorrido que supuso un pequeño reto motriz para todos. La llegada a la mina, iluminada únicamente por velas y envuelta en el misterio de los pequeños gnomos que habitan la granja, despertó la imaginación y el asombro de todo el grupo. Fue una de esas experiencias difíciles de olvidar.

De regreso a las instalaciones visitamos la almazara y algunos espacios exteriores de la granja.

Allí pudimos profundizar en el conocimiento de las materias primas que obtenemos tanto de origen animal como vegetal y observar cómo muchas de ellas se transforman en otros productos que consumimos habitualmente. Esta actividad conectó de forma muy significativa con el trabajo realizado durante el primer trimestre en torno al aliño de aceitunas. Aquellas aceitunas que conocíamos tan bien aparecían ahora transformadas en un magnífico aceite de oliva virgen extra ecológico, elaborado con una variedad propia de la zona. Además, cada uno pudo llevarse una pequeña muestra de este producto tan representativo de nuestro entorno.

 

La hora del almuerzo nos dejó también una gran satisfacción. El personal de la granja quiso felicitarnos por el excelente comportamiento mostrado en el comedor, por la autonomía demostrada y por la magnífica actitud hacia la alimentación. Recibimos con orgullo estas palabras, que reflejan el gran trabajo que familias y escuela realizamos conjuntamente en aspectos tan importantes como los hábitos de alimentación y convivencia.

Mientras Alberto y yo comíamos y para resguardarlos un poquito del sol, estuvieron llevando a cabo un tranquilo taller de papel reciclado que les permitió reflexionar sobre la importancia de reutilizar materiales y reducir residuos. Una actividad plenamente conectada con las iniciativas de educación ambiental que desarrollamos habitualmente en nuestro centro y que ayudó al alumnado a comprender, de forma práctica y manipulativa, que muchos materiales pueden tener una segunda vida.

Posteriormente recorrimos la zona de la charca, donde observamos pavos, gallinas, patos y otros animales.

También conocimos algunos aspectos relacionados con el trabajo de las abejas y la producción de miel. Divididos en nuestros equipos Conejo y Cerdito, acompañados por monitores y profesorado, pudimos cepillar caballos, alimentar animales y seguir descubriendo la riqueza de la vida en la granja desde una perspectiva cercana, respetuosa y participativa.

La tarde continuó con la celebración del cumpleaños de Lucas y un taller de transformación de alimentos en el que elaboramos unos deliciosos roscos. Además de disfrutar enormemente durante su preparación, la experiencia nos permitió comprender mejor los procesos de elaboración de algunos alimentos y valorar el trabajo que existe detrás de aquello que consumimos. La recompensa llegó al día siguiente, cuando pudimos degustarlos en el desayuno.

La primera jornada había sido tan intensa como emocionante. Habíamos aprendido mucho, habíamos convivido, explorado, descubierto y disfrutado juntos. Algunas de las fotografías que acompañan esta entrada muestran perfectamente ese momento en el que el cansancio comenzaba a hacerse notar en nuestras caras.

Llegó la hora de coger fuerzas cenando y aprovechamos el momento para dar la medicación pertinente a aquellos compañeros que la necesitaron.

Tras la cena, los monitores compartieron con los niños y niñas una bonita historia sobre los gnomos que habitan la granja y la visita de un hada muy especial, y dio comienzo una de las actividades más mágicas de toda la estancia. Equipados con nuestras sudaderas y linternas, iniciamos una pequeña aventura nocturna siguiendo pistas repartidas por distintos rincones de la granja.

No hace falta extenderse demasiado para explicar lo especial que resultó aquella experiencia. Ver la granja en silencio, observar cómo descansaban los animales, caminar bajo una hermosa luna y un cielo estrellado y contemplar los rostros de ilusión del alumnado fue, probablemente, uno de los recuerdos más bonitos que nos llevamos de estos dos días. La jornada concluyó con la visita de aquella entrañable hada en la zona de asamblea, poniendo el broche perfecto a una noche que muchos recordarán durante mucho tiempo.

Antes de ir a dormir llegó otro momento cargado de aprendizajes. Cada niño y cada niña tuvo la oportunidad de demostrar su grado de autonomía personal al organizar sus pertenencias, cambiarse de ropa, prepararse para descansar y gestionar sus materiales. Más allá de la propia experiencia de dormir fuera de casa, estos momentos cotidianos constituyen importantes oportunidades para desarrollar la responsabilidad, la planificación y la confianza en uno mismo.

El despertar nos regaló también algunos momentos especialmente entrañables. Compartir la mañana junto a los compañeros y compañeras, después de un curso tan intenso y lleno de vivencias nos permitió apreciar, una vez más, cuánto han crecido durante estos meses. Organizados en pequeños grupos, fueron vistiéndose, aseándose y preparando sus pertenencias con una autonomía que, en muchos casos, nos sorprendió gratamente.

Las imágenes del cepillado de dientes tras el desayuno reflejan perfectamente esa mezcla de responsabilidad, compañerismo y naturalidad con la que afrontaron cada momento de la estancia.

La segunda jornada comenzó con energías renovadas y con nuevas experiencias por delante. Tras el desayuno nos convertimos nuevamente en auténticos granjeros y granjeras. Visitamos la zona de los establos para conocer de cerca a cabras, ovejas, conejos, faisanes, cerdos, burros, vacas y caballos. Aprendimos qué alimentación necesita cada especie, recogimos hierba fresca, paja y distintos tipos de pienso, y tuvimos la oportunidad de acceder a algunos de sus espacios para participar activamente en su cuidado.

Especialmente emocionante resultó poder alimentar a varios de estos animales con nuestras propias manos, siempre siguiendo cuidadosamente las indicaciones de los monitores. Entre las muchas curiosidades aprendidas, nos sorprendió descubrir que las vacas no tienen dientes en la parte superior de la boca, algo que permitió a algunos compañeros acercarse con mayor confianza a la hora de alimentarlas. También disfrutamos enormemente dando de comer a las ovejas y compartiendo momentos de contacto directo con los animales.

La mañana continuó con nuevas propuestas relacionadas con la transformación de alimentos y el cuidado del entorno. Elaboramos nuestro propio pan, que posteriormente pudimos llevar a casa, y participamos en un interesante taller de bombas de semillas que nos ayudó a comprender la importancia de contribuir activamente a la conservación y mejora del medio natural. Y nos fuimos a almorzar para reponer energías, que a esas alturas ya nos quedaban bien pocas.

Casi sin darnos cuenta llegó el momento de regresar. No sin antes vivir la última experiencia inolvidable.

A través de un juego de pistas pudimos ver a lo lejos al gnomo. Algo tímido no quiso acercarse demasiado pero nos concedió un deseo mágico que solo sucede en lugares como ese. Sacó uno de los personajes de cuento para que pudiésemos conocerlo en persona. La mismísima Blancanieves apareció de entre los olivos y nos dedicó un baile lanzándonos besos y abrazos a todos.

Como culminación de la etapa de Educación Infantil, esta aventura ha supuesto un magnífico broche final. Han demostrado autonomía, responsabilidad, capacidad de adaptación, curiosidad por aprender y una extraordinaria convivencia entre compañeros y compañeras. Los docentes regresamos cansados, ya nos visteis, pero profundamente satisfechos y agradecidos por haber tenido el privilegio de acompañarlos en una experiencia tan especial.

Esperamos que esta crónica y la selección fotográfica que la acompaña os permitan revivir, aunque sea un poquito, todo lo que vuestros hijos e hijas experimentaron durante estos inolvidables días en la granja escuela.

¡Un fuerte abrazo!

Esther Justicia.

 

SALIDA A LA GRANJA ESCUELA «PARAPANDA» (Grupo verde)

Buenas noches familias,

Dado que con la inmensa mayoría de vosotros he podido intercambiar muchísima información acerca de todo lo que vivimos el pasado jueves y viernes, en nuestra salida de fin de curso, no voy a extenderme en detalles.

Ya sabéis que lo pasamos en grande, que superamos retos (como dormir fuera de casa), que disfrutamos realizando tareas de granja, que nos convertimos en auténticos escaladores y espeleólogos, que cocinamos nuestro desayuno y merienda, que compartimos mil juegos y aventuras, que aprendimos a hacer papel reciclado, bombas de semillas y hasta aceite, pero sobre todo  ¡lo pasamos genial!

Tanto para Encarna como para mí, fue un verdadero placer poder acompañar a vuestros peques en esta gran aventura que es salir de casa por primera vez, para dormir fuera junto al resto del grupo. Una experiencia inolvidable que sin duda marcará su desarrollo.

Agradecemos al equipo de Parapanda el trato dispensado y la cercanía y el cariño con los que nos atienden siempre. Especialmente este año a Mafalda, Teresa y Ángela, nuestras monitoras. Que hicieron que pasáramos unos días muy enriquecedores y divertidos.

Como se suele decir en muchas ocasiones, una imagen vale más que mil palabras ¿no? Y si se trata de más de cien… ni os cuento, ja, ja, ja.

Os dejo este montaje fotográfico, que intenta ilustrar con lujo de detalles todo lo vivido en esas dos jornadas. Aconsejo encarecidamente que lo veáis junto a vuestros hijos e hijas, para que os vayan comentando cada uno  de los acontecimientos y experiencias que en él se muestran.

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¡Nos vemos en la próxima aventura!

Esther Justicia.

¡Nos vamos a Parapanda! Continuación del proyecto: «la granja»

Buenas familias,

A tan solo un día de nuestra salida a la «Granja Escuela Parapanda», os dejo todo lo que hemos trabajado hasta ahora en relación a ella, desde la última entrada de blog, relacionada con esta temática.

Teniendo en cuenta que tan sólo hemos tenido siete jornadas lectivas y la cantidad de actividades significativas que hemos tenido que incluir en ellas (dos conferencias de experto, clausura talleres sobre habilidades sociales, clausura actividad de yoga  y las sesiones con los especialistas de inglés, música y educación física) nos hemos tenido que organizar muy bien para realizar parte del trabajo previo que llevamos a cabo dentro de nuestro proyecto; «La granja». Siguiendo el «mapa de tareas» que os enlacé en una entrada anterior y que nos ha ayudado mucho con la planificación.

Hemos ido dando lectura a todos los ejemplares, que sacamos de la biblioteca,  en relación a los animales de granja o el huerto. También hemos tenido oportunidad de repasar algunos de los contenidos trabajados en el proyecto «los alimentos», sobre todo en lo referente a su origen y la diferenciación entre las materias primas y los productos derivados, que podemos obtener en una granja. Aprovechando para recoger algunas lechugas y guisantes de nuestro propio huerto y darles de comer a nuestros conejos y gallinas. 

Algunos compañeros/as más se han animado con la aportación de fotografías sobre animales de granja, y con cada presentación nos han ido informando también de algunas curiosidades sobre ellos. 

Los tiempos de juego han estado destinados a la elaboración de la maqueta, en la que hemos intentado plasmar todos los conocimientos que tenemos y vamos adquiriendo.

Para ello hemos realizado varias sesiones en las que hemos alternado el trabajo en gran grupo, con el trabajo en pequeños grupos, repartiendo tareas y responsabilidades. Cada jornada han ido incluyendo aquellos elementos que acordamos iban a mejorar la maqueta para estar más completa

La formulación de hipótesis, tanto verbales como de acción sobre los objetos, han ido validándose o descartándose por ellos mismos atendiendo a criterios tan diversos como tamaño, apariencia, función que realizan …

Parte del grupo se ha encargado de seleccionar los animales que teníamos en clase o que habían sido aportados de casa, otros se han afanado en modelar aquellos objetos que nos faltaban (zanahorias, lechugas…) otros en buscar materiales o elementos básicos a incluir en la maqueta (comederos, mesas, cestas, personajes, piedras para el camino, arena para hacer barro…), otros en fabricar árboles y otros en construir algunos de los habitáculos de los animales. Un verdadero trabajo en equipo, en el que la cooperación ha dado como resultado mucho más que la mera suma de las aportaciones individuales.

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¡La maqueta ha quedado impresionante!

Os recomiendo entrar en clase para disfrutar de cada detalle incluido y que os comenten vuestros peques cómo ha sido el proceso de elección, creación…

Esta misma tarde algunos/as han decidido seguir construyendo más elementos y para ello han utilizado las piezas pequeñas de Lego. Algunos han realizado construcciones de manera creativa y otros han preferido seguir las instrucciones ofrecidas por este material. Una práctica super recomendada para el fomento de la atención, la memoria de trabajo, la organización y de manera indirecta la demora de la recompensa.

Mientras otras han decidido practicar contenidos relacionados con las áreas de alfabetización (grafomotricidad) o lógica-matemática (aritmética y orientación espacial).

Otra parte importante relacionada con nuestra salida es la planificación de nuestra estancia allí. Aunque los talleres a realizar se organizan desde el lugar a visitar, hay una parte que les inquieta a la vez que les ilusiona:

¡Vamos a dormir todos juntos sin nuestras familias!

Nos os podéis imaginar la experiencia tan positiva y bonita que viven en esta salida. Aunque a estas alturas hemos «superado» ya muchas cosas, persisten algunas incertidumbres, pequeños miedos y algo de nervios incluso.

Volvemos a recordar cómo son las habitaciones, dónde se ubica el baño e incluso les insisto en que como ambas profes dormiremos con ellos/as, nos pueden llamar tantas veces como necesiten. A través de una especie de «teatrillo» les escenifico cómo pasaremos la noche entre visitas al baño, toses, «sed contagiosa» y el canto del gallo que nos despierta bien temprano, ja, ja, ja.

Aún no sabemos si podremos dormir todos juntos en una misma habitación o si necesitaremos dividir el grupo en dos equipos. Por si acaso, hemos realizado una especie de concurso de dibujo en el que han decidido no qué dibujo es el mejor sino el que a su criterio les gusta más. Nos ha dado pie para hablar de la subjetividad de los gustos que tiene cada persona y el respeto hacia el trabajo de los demás. Finalmente eligieron los dibujos de Emma y Elena. Así que nuestros equipos se llamarán «CONEJO» y «CABRA». 

Otra de las tareas o responsabilidades que teníamos que hacer era escribir la lista con todo lo necesario a llevar a la salida. Para ello volvemos a poner en práctica la escritura autónoma (copia solo en algunos casos puntuales), respetando los ritmos individuales de cada uno/a y realizando la actividad en varias sesiones. Dado que el acompañamiento ha sido personalizado, algunos han participado en gran grupo, otros en pequeño grupo y otros de manera individual. Una tarea alfabética nada fácil a estas edades y en la que han puesto gran empeño, cada uno en función de su desarrollo y capacidad en estos momentos.

Como es de imaginar, y dado que el jueves estaremos camino a la granja, esta semana el préstamo de libros de la biblioteca lo llevaremos a cabo mañana, miércoles.

A lo largo de estos días hemos seguido leyendo varios ejemplares de los adquiridos en el vivero.

Nuestro proyecto «la granja» no va a finalizar con la salida, aún nos quedan algunos aspectos a tratar, actividades a realizar y experiencias que vivir.  

A modo de ejemplo deciros que llevamos bastante avanzado el trabajo en torno a los «mini-expertos grupales», quedándonos tan solo la parte expositiva.

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Hemos dividido al grupo en cuatro subgrupos de trabajo, eligiendo mediante votación qué animales íbamos a investigar:  PAVO, CABALLO, VACA Y CONEJO. Siendo yo la que ha conformado cada uno de los equipos y orientado sobre cómo realizar las cartulinas.  La fase de investigación, selección de fotografías y elaboración del soporte gráfico, ha estado coordinada por Elena (alumna en prácticas) colaborando activamente también otras personas del departamento de Orientación que realizan apoyo al grupo.

Como habréis comprobado, tras la lectura de esta entrada, los verdecitos somos capaces ya de trabajar a un ritmo … y nuestro grado de autonomía y responsabilidad frente a las tareas, nos permite realizar varias cosas a la vez en el aula. Han respondido fenomenal en cuanto a la planificación de las tareas planteadas y la ejecución de las mismas ¡merecen un reconocimiento por vuestra parte, por el esfuerzo realizado!

¡A seguir!

Esther Justicia.

 

 

 

 

 

 

 

Viaje a «Parapanda»

Queridas familias,

El viaje a Parapanda ha supuesto para el grupo verde una reafirmación de su autonomía (individual y grupal), de sus valores, de las relaciones de amistad/compañerismo, y un aumento de su responsabilidad (intra e interpersonal). Todo ello gracias a una estrecha e intensa «convivencia granjera», pasando unos días inolvidables todos juntos y siendo, sin duda alguna, una experiencia digna de recordar durante mucho tiempo.

Los distintos montajes que os enlazo a lo largo de esta entrada, intentan mostrar con todo lujo de detalles cada uno de los momentos vividos en nuestro viaje de fin de curso. Aunque es justo decir que todas las anécdotas, experiencias, bromas, consuelos, risas, sorpresas, etc. que vivimos allí (Natalia y yo),  se quedan en nuestra «mochila personal» de vivencias docentes, que es uno de los mayores tesoros que tiene esta profesión. El proceso de selección de todas las imágenes (han sido casi 500) me ha llevado a revivir muchos de esos momentos, sin poder evitar emocionarme en cada uno de ellos ¡Es difícil expresar el sentimiento de satisfacción y plenitud! pero así me siento en estos momentos.

Dejando a un lado «mis ñoñerías» ¡se nota que se acerca el fin de curso!… os dejo la crónica resumida de nuestro viaje:

Como pudisteis comprobar en la despedida del aparcamiento del cole, sus caras de ilusión por emprender el viaje lo decían todo.

Durante el trayecto fuimos leyendo todos los carteles indicadores que había en la carretera y que previamente habíamos visto en el cole, mediante el trabajo del mapa y la localización, pero la energía era tan desbordante que la algarabía era algo incontrolable.

Una vez en nuestro destino, el transporte de nuestro equipaje hasta las habitaciones y la visita a las dependencias principales, nos tuvo entretenidos un buen rato. César y Álvaro (nuestros monitores) nos hicieron algunos juegos de presentación, una simpática bienvenida y por supuesto un adelanto de todo lo que íbamos a conocer y vivir, en esos dos días.

Tras un tentempié de fruta y pan, dieron un pequeño paseo de reconocimiento, por las distintas dependencias de la granja. El objetivo era proporcionar seguridad en los desplazamientos y aumentar la confianza ante posibles incertidumbres. De esta forma también pudieron conocer qué alimentos les gustaban a los distintos animales, dónde conseguirlos y cómo vivían. Datos importantes a tener en cuenta para cuando nos tocase ir a alimentarles y cuidarles. Mientras Natalia y yo cerramos el programa de actividades, con la coordinadora, para aprovechar todo nuestro tiempo al máximo y que se adaptase a nuestra experiencia previa.

Como el calor no apretaba demasiado y había otros colegios de visita, decidimos comenzar nuestra aventura con la excursión por la montaña, para visitar una la antigua mina de plomo de San Antonio, que se encuentra en desuso, y así llevar a cabo las «tareas granjeras» más tranquilos por la tarde, cuando ya nos quedamos solos.

Tras una buena dosis de protección solar, nuestras gorras y una breve visita al baño … ¡nos vamos!

El camino era largo y nada fácil de transitar, pero demostraron ser unos auténticos senderistas y llegamos a destino según lo previsto. Al llegar a la entrada de la mina (algo estrecha, ya veréis en las fotos) debíamos «dejarnos caer» para pasar y una vez dentro, permanecer agachados ya que el espacio era bastante reducido. Decidimos entrar en dos grupos (caballos y conejos), así que mientras un grupo estaba dentro el otro disfrutó de un agradable ratito en la montaña. Ni que decir tiene que la cueva carecía de iluminación y tan sólo nos guiábamos por la luz de unas cuantas velas, dispuestas especialmente para ello y tres puntos de luz móviles que nos dieron, por seguridad. Una aventura en toda regla en la que demostraron su valentía e ilusión, a partes iguales. Pudimos llegar hasta el fondo de la mina, vimos arañas bailarinas, estalactitas, pedimos deseos tras caer sobre nosotros «lágrimas de gnomo» y nos manchamos un montón (las últimas lluvias hacían que el terreno estuviese resbaladizo y algunos tramos fue necesario hacerlos «arrastrando el culo».

De vuelta a la granja, un poquito exhaustos pero muy ilusionados, tan sólo hacían planear qué más cosas hacer, cuándo ver a los gnomos o enanitos que habitaban la granja…

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Pero debíamos reponer fuerzas, así que decidimos tomar primero nuestro almuerzo, para continuar la aventura granjera con nuestra energía al cien por cien.

Para paliar un poquito el calor de esas horas del día, decidimos llevar a cabo un taller interio, relacionado con el tema medioambiental y creativo ¡fabricamos nuestro propio papel reciclado!. Usamos distintos trozos de papel usado, que rasgamos para convertirlos en más pequeños, añadimos un poco de agua, un chorrito de colorante y mediante una batidora industrial batimos muy bien la mezcla para integrar todos los ingredientes. Después colocamos la mezcla sobre un cedazo, presionamos con un paño, damos unos pequeños golpecitos y … ¡voilà! ya tenemos nuestro papel reciclado listo para secar (lo utilizaremos próximamente en clase, para un taller creativo-plástico).

Álvaro y César, nos contaron una fantástica historia en la que los antiguos habitantes de granja (gnomos ) quedaron hechizados por un encantamiento, de manos del hada Margarita, convirtiéndose en piedra. Tan sólo Fermín, que ese día no estaba en la granja (sino de expedición en la montaña) pudo librarse del hechizo y ahora cada vez que un colegio visita la granja, solicita su ayuda para cuidar de los animales. Mediante un dinámico juego de pistas y pruebas, recorrimos muchos lugares de la granja, hasta salir de ella y dar con el gnomo Fermín. Pudimos verlo, aunque eso sí de lejos porque es algo tímido y tras decir las palabras mágicas «Sinsalabín, que aparezca el gnomo Fermín».

A la vuelta merendamos para volver a coger energía y…

¡Yujuuu una granja para nosotros solos!

Junto a Ángela y Teresa, nuestras monitoras de esa tarde-noche, realizamos el siguiente taller, que consistió en la elaboración de un riquísimo bizcocho casero, que tomamos en el desayuno del día siguiente.  Nosotros ya estamos experimentados en realizar talleres de cocina, así que seguimos los pasos sin ningún problema.

Una vez se hubieron marchado todos los colegios, nos dispusimos a realizar las tareas granjeras correspondientes a la zona de los establos. Allí dimos de comer a los caballos (Trueno y Pelusa), cepillamos a las vacas (Margarita y Mazuela), visitamos a los burritos (Castaña, Petunia y Noviembre), fabricamos bolitas de cereales para dar de comer a los cerdos (Pin y Pon), acariciamos a la cabrita (Luci), nos atrevimos a tocar al lechón (Babe), perseguimos a los conejos, observamos a las gallinas incubando y un sinfín de tareas granjeras más que nos tuvieron muy atareados gran parte de la tarde.

Antes de irnos a cenar visitamos la zona de la charca, pudimos ver patos, ocas, pavos, pavos reales, gallinas, faisán (común), un avestruz (Mochi), una burrita llamada Paquita y hasta una colmena. En ese espacio, muchos animales viven en libertad, así que mientras nos afanamos en darles de comer nos acompañaban desde cerquita. Ángela nos contó cómo vivían las abejas, cómo se organizaban en la colmena, porqué son tan importantes y algunos consejos prácticos a llevar a cabo si queremos conservarlas. Hasta escenificamos la polinización, con ayuda de algunos voluntarios.

Tras la cena, una velada con juegos al aire libre, y después una excursión nocturna por la granja, pusieron fin a una intensa jornada granjera. 

Antes de irnos a dormir nos fuimos hasta la jaima, donde el hada Margarita nos contó un emotivo cuento que nos haría tener sueños felices. Una vez cumplido el objetivo llegó la hora de acostarse, así que tal y como habíamos ensayado en clase, guardamos la ropa sucia en nuestra bolsa de la maleta, nos pusimos el pijama y nos fuimos hasta el baño para asearnos un poco y lavarnos los dientes. Tras un espectacular desfile de pijamas… ¡a roncar!

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Al día siguiente, como fuimos muy madrugadores, desayunamos súper rápido y organizamos nuestro equipaje en un periquete, nos dio tiempo a hacer dos talleres más, además de hacer todas las tareas de granja que nos quedaron pendientes y visitar la zona del invernadero. 

Uno de ellos consistió en fabricar unas «bombas de semillas», que nos ayudarán a repoblar algunas zonas de nuestro parque. Para ello tuvimos que aprender la proporción exacta de agua, arcilla y semillas, visitamos la colonia de lombrices que tenían en la compostera (que por supuesto también nos regalaron para reactivar la nuestra del cole) y nos manchamos muchísimo, ja, ja, ja. El otro taller fue de cocina, para elaborar unos deliciosos  roscos que tomamos en la merienda y que también pudimos llevarnos a casa a la vuelta del viaje ¡cuánta actividad!

Tras el almuerzo las fuerzas ya flaqueaban y aunque teníamos prevista una breve visita a la almazara, los ánimos no acompañaban mucho. Decidimos entonces quedarnos en el interior (debido al calor) e intercambiar impresiones sobre todo lo vivido, recoger nuestros trabajos de los talleres y jugar un ratito.

Como habréis leído (y ya os habrán contado vuestros peques) no nos faltó un detalle por hacer en nuestro viaje. Volvimos realmente cansados, pero muy contentos y satisfechos de la experiencia vivida.

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Natalia y yo disfrutamos muchísimo también, así que deseamos que recuerden esta «primera noche fuera», durante mucho tiempo.

Espero que os hayan gustado los vídeos y los disfrutéis en familia.

Un abrazo,

Esther Justicia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡AVENTURA EN LA GRANJA! PRIMERA PARTE

Queridas familias,

El viaje a Parapanda ha supuesto para el grupo verde una reafirmación de autonomía, valores, amistad y responsabilidad, que hemos puesto en práctica a través de la estrecha convivencia durante dos «jornadas granjeras» muy intensas.

Los documentos gráficos que tanto Bárbara como yo realizamos a lo largo de esos días han sobrepasado los 400, de modo que la selección, edición y montaje está siendo una tarea algo ardua, pero preciosa a la vez ¡revivir todos los momentos vividos es magnífico!

A continuación os dejo una pequeña crónica de lo que llevamos a cabo a lo largo del primer día, hasta la hora del almuerzo. Más abajo, un montaje audiovisual os muestra con lujo de detalles nuestras aventuras.

Como veréis, las caras de ilusión por emprender el viaje lo decían todo. Una vez en nuestro destino, el transporte de nuestro equipaje hasta las habitaciones y la visita a las dependencias principales, nos tuvo entretenidos un buen rato. Algunos juegos de presentación, bienvenida y por supuesto el adelanto que Azu (nuestra monitora) nos hizo de todo lo que íbamos a conocer y vivir, nos hizo tener muchas más ganas aún de compartir esta experiencia en grupo.

Tras un tentempié de fruta y pan, dimos un paseo por la zona de los establos. Allí pudimos ver conejos, gallinas, cabras (Mija), cerdos (Pin y Pon) ovejas y hasta una ternera (Mazuela). Conocimos qué alimentos les gustan, dónde conseguirlos y cómo viven en sus dependencias. Datos importantes a tener en cuenta para cuando nos tocase ir a alimentarles y cuidarles.

Después nos fuimos hasta la zona del estanque, donde disfrutar de la compañía de patos, ocas, gallinas y hasta pavos reales en libertad, fue simplemente precioso. Uno de los animales que más les impresionó fue Monchi, el avestruz. Conocer que las ocas son «algo mandonas» y no dejan tranquilos a los patos o poder ver cómo incubaban sus huevos, fue otro de los hitos importantes esa mañana.

Azu nos propuso realizar una excursión por la montaña, para visitar una antigua mina de plomo, que se encuentra en desuso y en la que ahora vive el gnomo Eustaquio. Nos contó qué nos encontraríamos allí, nos habló de las estalactitas y las estalagmitas, de qué era el plomo y hasta de porqué ahora está habitada por un gnomo. Una buena dosis de protección solar, nuestras gorras, visita al baño y … ¡nos vamos!

El camino era largo y nada fácil de transitar, pero estos verdecitos demostraron ser unos auténticos senderistas y llegamos a destino antes de lo previsto. Al llegar a la entrada de la mina (algo estrecha, ya veréis) debíamos «dejarnos caer» para pasar y una vez dentro permanecer agachados ya que el espacio era bastante reducido. Ni que decir tiene que carecía de iluminación y tan sólo nos guiábamos por la luz de unas cuantas velas dispuestas especialmente para ello. Una aventura en toda regla en la que demostraron su valentía e ilusión, a partes iguales. Pudimos hablar con el gnomo Eustaquio (Gustafio para los amigos, ja, ja, ja) preguntarle un montón de cosas y hasta verle ¡sus caras de impresión me las quedo de regalo!

De vuelta a la granja, tan sólo hacían planear cuándo volver, cómo convencer a su familia para ir a Parapanda y compartir las anécdotas y vivencias individuales, que cada uno/a de ellos/as había tenido.

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Continuará…

Esther Justicia.