
La semana en nuestra clase naranja ha ido bien. Cada vez nos sentimos más grupo y tenemos más confianza unos con otros. Y, precisamente porque compartimos más juegos, espacios e intereses, también van surgiendo pequeños conflictos: queremos el mismo juguete, nos cuesta esperar nuestro turno o no siempre estamos de acuerdo con lo que propone un compañero. Son situaciones habituales a estas edades y forman parte de nuestro día a día. Seguimos acompañándolos, ayudándoles a poner palabras a lo que sienten, a escuchar a los demás, a esperar y a buscar pequeñas soluciones. Poco a poco vamos entendiendo que formar parte de un grupo también significa aprender a convivir y tener en cuenta a los compañeros.
Esta semana hemos preparado el fondo del cartel que anunciará la fiesta de otoño del próximo viernes 6 de noviembre. Para ello, hemos hecho algo diferente: en lugar de utilizar pinceles, hemos colocado pintura de colores sobre un papel continuo blanco y la hemos cubierto con film transparente de cocina.
A través de él, han podido presionar y arrastrar la pintura con sus manos, observando cómo se desplazaba de un lado a otro. Ha sido una experiencia curiosa, porque podían ver el movimiento de la pintura, aunque no siempre conseguían llevarla hacia donde querían. Sus manos permanecían limpias… ¡Una manera diferente de experimentar con la pintura!
Pero si hay una propuesta que ha destacado especialmente esta semana, ha sido la de los disfraces.
Era una propuesta que estaban esperando y que han recibido con muchísimas ganas. Eligen aquello que quieren ponerse, en quién quieren convertirse y cómo van dando forma a sus propios juegos. El lenguaje está muy presente, al igual que la imaginación y la creatividad.
Y hay algo más que nos interesa, todo lo que ocurre mientras intentan vestirse y desvestirse. Se esfuerzan por ponerse los disfraces, quitarse los zapatos, buscar la manera de hacerlo solos, probar una y otra vez o pedir ayuda cuando la necesitan. A veces lo consiguen a la primera y otras necesitan un poquito de ayuda, pero lo importante es ofrecerles tiempo y oportunidades para intentarlo. Son pequeños retos cotidianos que les permiten ganar autonomía y confianza en sí mismos. Dedicamos un ratito al dibujo, poniendo sobre el papel nuestras representaciones.

También aprovechamos los momentos de media mañana para trabajar pequeñas destrezas. Cada día, cuando toca tomar fruta, los naranjitas preparan su propia mandarina. Pelarla requiere coordinación, paciencia y bastante concentración, y es curioso ver cómo mantienen toda su atención puesta en conseguirlo. Es un ejercicio estupendo para trabajar la motricidad fina. Os animo a dejarles participar también en casa, dándoles tiempo para intentarlo sin prisas.
En nuestras propuestas de lógica-matemática trabajamos el concepto de cantidad utilizando el dado y, además, con palitos de colores reproducimos diferentes formas a partir de imágenes, trabajando la observación y la orientación espacial.
Terminamos la semana presentando, durante nuestra tarde cooperativa, el cartel que anuncia la fiesta de otoño del próximo viernes. Un trabajo compartido en el que cada clase ha aportado su granito de arena: nosotros hemos preparado el fondo experimentando con la pintura, la clase roja ha elaborado una bonita bellota para decorarlo y la clase verde ha creado las palabras que anuncian la fiesta. 
Nos espera una semana llena de preparativos, entre ellos un taller de cocina en el que elaboraremos nuestras deliciosas galletas de coco. Y es que el viernes tendremos una visita muy especial: ¡el señor y la señora Otoño vendrán a compartir con nosotros nuestra fiesta!
¡Feliz semana!
Silvia.














nuestro collage de otoño en el 




