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CUENCOS JAPONESES

Estos bonitos trabajos responden a una actividad donde integramos caligrafía y cerámica en un mismo trabajo.

Como sabéis, una de las culturas elegidas para la fiesta de fin de curso, por el tercer ciclo de primaria, ha sido la cultura japonesa.

Con esta práctica hemos pretendido acercar a los alumnos a una histórica tradición  japonesa,  como es el ritual en torno a la ceremonia del té. Esta ceremonia se hace en diferentes versiones en buena parte del este de Asia, destacando además de Japón, Corea, China, Taiwan y Vietnam.  En esta ocasión Japón centra nuestra atención. En esta ceremonia la cerámica se convierte en uno de los elementos fundamentales ya que representa el elemento tierra.

El Chawan «Taza o cuenco para el té» se considera en Japón una parte muy importante de su patrimonio nacional. Tener uno hace que beber el té sea una experiencia especial. Eleva el tazón cotidiano a una obra de arte. Los chawans tienen forma de tazón, pero difieren entre sí, unos son más cilíndricos ( Tsutsu Chawan) y otros más cónicos ( Hira Chawan).

Nuestros cuencos son de este último tipo, ésta forma hace que el té se enfríe antes, lo que es de agradecer en climas más templados. Además se puede ver con más facilidad el té que estamos tomando.

Nuestros alumnos no están en edad de tomar té por sus cualidades estimulantes. Lo pueden usar para otro tipo de infusión o incluso para beber agua y hacer también de ello una experiencia muy especial, bebiendo en un recipiente hecho por ellos mismos.

Quise transmitirles otros aspectos que están ligados a esta ceremonia. Representa una oportunidad para el encuentro,  que debería ser atesorado porque podría no volver a repetirse. Se crea para ello un ambiente tranquilo, sin prisas y rodeado de materiales dotados de significado.  Son de gran importancia en este ritual cuatro principios fundamentales:

La armonía. Entre las personas y la naturaleza (wa).

El respeto igualmente hacia las personas y la naturaleza (kei).

La pureza mental y sensorial (sei).

La tranquilidad derivada de la paz mental y la percepción de abundancia en la naturaleza (jaku).

La ceremonia del té puede hacer la vida más natural, agradable y contemplativa, te ayuda a vivir en armonía en las diversas estaciones del año, añade un cierto refinamiento en la forma de pensar, mejorando las relaciones con otras personas, ser más honesto, no dejarse llevar por el miedo y tener buena educación.
Quietud, sobriedad, humildad, moderación, simplicidad, naturalidad, profundidad son adjetivos que me surgen cuando pienso en ello. Adjetivos que contrastan con ritmos y experiencias que reproducimos en la cultura occidental en la que nos desenvolvemos.
En la sesión donde  hicimos esta actividad, los alumnos estaban muy distraídos y excitados por un mercadillo que hicieron ese día. Soy consciente que nada de esto les llegó. Estamos inmersos en el mundo de las prisas y lo superficial  que no nos deja ver otros ritmos.

Como padres y educadores está en nuestras manos, no hablo de hacer la ceremonia del té, pero si de cualquier otra, que nos aporte otros ritmos, otras energías que contrarresten la vorágine de acontecimientos que nuestra vida cotidiana atrae cada día.

LA CASA DEL TÉ

“En las ciudades actuales donde no hay mucho espacio, la ceremonia del té puede hacerse en cualquier lugar de la casa adaptado para ello, puesto que lo importante es ofrecer un entorno tranquilo con el espíritu de la ceremonia. 

Originalmente, el chashitsu o la «casa de té» está situada en el jardín, los invitados esperan en el jardín y caminan a través de un sendero llamado roji, que ha sido rociado con agua. Esto significa la limpieza de todos los embrollos mentales. Además, los invitados aclaran su boca y se lavan las manos en un recipiente de piedra.

La «casa de té» es una pequeña cabaña construida con materiales naturales, tiene una entrada pequeña a través de la cual los invitados entran de rodillas, lo que significa que cualquier tipo de arrogancia es dejada fuera, solo los humildes pueden entrar.

Los invitados dejan fuera los zapatos y normalmente se ponen unos calcetines blancos llamados tabi. Se acercan al tokonoma, una alcoba con un rollo suspendido en la pared. Hay dos tipos de rollos: de caligrafía o de pintura. El rollo representa el espíritu de su creador, también se elige en función de la persona invitada, y ésta se inclina ante él. Además hay un adorno de flores siempre naturales que tiene relación con la estación del año, y se llama chabana.

El anfitrión alimenta el fogón, cuyos cinco elementos representan el mundo material del taoísmo: el metal de la tetera, la madera del carbón, la tierra de la cerámica, el fuego y el agua.”

Ana Martín