¿Cómo aprendemos matemáticas en nuestro equipo segundillo? ¿Se trata solamente de aprender a sumar, restar o resolver operaciones? Para nosotros, aprender matemáticas va mucho más allá de obtener un resultado correcto. Significa comprender los números, descubrir las relaciones que existen entre ellos, buscar estrategias, formular hipótesis, resolver problemas y desarrollar, poco a poco, una manera de pensar que nos permita interpretar el mundo que nos rodea.
Por eso, en el aula apostamos por una forma de trabajar las matemáticas que sitúa al alumnado en el centro de su propio aprendizaje. Nuestra herramienta fundamental es el método ABN (Algoritmos Abiertos Basados en Números), que complementamos con otros recursos, como los cuadernos Siete y medio, para favorecer el desarrollo del razonamiento lógico-matemático y consolidar los aprendizajes.
Comprender antes que mecanizar
Una de las características fundamentales del ABN es que propone una manera diferente de acercarse al cálculo. Frente a la aplicación de un único procedimiento que todo el alumnado debe reproducir de la misma forma, este método permite explorar distintas estrategias para resolver una misma operación, adaptándose al razonamiento y al ritmo de aprendizaje de cada niño y niña.
La clave está en trabajar con los números entendiendo las cantidades que representan y las relaciones que mantienen entre sí, en lugar de operar únicamente con cifras siguiendo unos pasos memorizados. Así, una suma no es simplemente una cuenta que hay que resolver, sino una oportunidad para descubrir cómo podemos descomponer una cantidad, compensar, completar decenas o utilizar aquello que ya sabemos para llegar a un resultado de una manera más sencilla.
Por ejemplo, ante una suma como 38 + 25, podemos pensar en añadir primero 20 al 38 y después los 5 restantes. También podemos completar la siguiente decena o descomponer las cantidades de otra manera. Lo importante es que el alumnado comprenda qué está haciendo, por qué lo hace y cómo puede comprobar si el resultado tiene sentido.
Esta flexibilidad permite que cada alumno o alumna construya sus propias estrategias, gane confianza y avance progresivamente hacia procedimientos cada vez más eficientes. El objetivo no es que todos piensen exactamente igual, sino que desarrollen herramientas matemáticas que puedan utilizar de manera autónoma y flexible.
De lo concreto a lo abstracto
Para comprender conceptos matemáticos que, por su naturaleza, son abstractos, necesitamos ofrecer experiencias que permitan al alumnado observarlos, manipularlos y representarlos. Por eso, la experimentación y el trabajo con materiales tienen un papel tan importante en nuestra manera de aprender.
Cuando podemos representar una cantidad, descomponerla, agruparla o modificarla, estamos construyendo una comprensión más profunda de aquello que sucede matemáticamente. Poco a poco, esas experiencias concretas se transforman en representaciones gráficas, estrategias mentales y procedimientos que podemos utilizar sin necesidad de tener siempre los materiales delante.
Este tránsito de lo concreto a lo abstracto es fundamental en segundo de Primaria. No buscamos adelantar procedimientos sin que exista una comprensión previa, sino construir unas bases sólidas que permitan al alumnado enfrentarse a aprendizajes cada vez más complejos. Cuando comprendemos el sentido de los números y de las operaciones, resulta más fácil transferir lo aprendido a situaciones nuevas y resolver problemas que no hemos practicado exactamente de la misma manera.
Pensar, practicar y ganar seguridad
Junto a este trabajo utilizamos recursos que complementan este enfoque mediante la práctica de diferentes contenidos matemáticos. Trabajamos en torno a seriaciones, patrones y diferentes propuestas de cálculo. El valor de todo ello está en ofrecer oportunidades para practicar, afianzar lo aprendido y ganar progresivamente agilidad y seguridad. La práctica tiene un papel importante en el aprendizaje matemático, pero cobra especial sentido cuando se apoya en una comprensión previa: no se trata de repetir por repetir, sino de consolidar estrategias que ya empezamos a entender, descubrir regularidades y desarrollar recursos que nos permitan calcular cada vez con mayor autonomía.
Así, a través de las diferentes propuestas comprendemos los números, las cifras, exploramos caminos diferentes y construimos estrategias de cálculo con los que ejercitar y afianzar esos aprendizajes. Comprensión y práctica se dan la mano para que el conocimiento matemático sea cada vez más sólido y funcional.
El valor de equivocarse y volver a intentarlo
En este proceso también hay algo esencial: aprender a enfrentarnos a los retos. Resolver una situación matemática implica interpretar, decidir, probar, comprobar y, en ocasiones, cambiar de estrategia. No siempre encontramos la solución a la primera, y eso forma parte del aprendizaje.
Por eso, damos valor al razonamiento que hay detrás de cada respuesta. Nos interesa que los niños y niñas puedan explicar cómo han pensado, escuchar otras formas de resolver una misma situación y descubrir que el error no es un fracaso, sino una oportunidad para revisar nuestras ideas y seguir avanzando.
Además de la competencia matemática, este trabajo favorece el desarrollo de habilidades como la atención, la planificación, la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva, la perseverancia y la autonomía. Son capacidades que necesitamos cuando resolvemos un problema, pero también cuando nos enfrentamos a cualquier otro desafío de nuestro día a día.
Y es que las matemáticas también se aprenden compartiendo. Escuchar la estrategia de un compañero puede ayudarnos a descubrir una posibilidad que no habíamos contemplado; explicar nuestro razonamiento nos obliga a organizar las ideas y comprender mejor lo que hacemos. De esta manera, el aula se convierte en un espacio en el que pensar juntos multiplica las oportunidades de aprender.
Tatiana Molina -tutora 2ºEPO-





