Esta semana en segundo hemos seguido aprendiendo a través de experiencias que nos invitan a pensar, experimentar, compartir ideas y comprender mejor el mundo que nos rodea. Entre los momentos destacados, queremos detenernos especialmente en una propuesta de nuestra sesión semanal del área de Emprendimiento, que nos ha permitido descubrir que, cuando trabajamos en equipo, el resultado depende mucho más que de nuestras propias ideas: también necesitamos aprender a escuchar, dialogar, tomar decisiones y construir junto a los demás.
Emprender es aprender a trabajar en equipo, así hemos planteado un espacio en el que nos acercamos progresivamente a habilidades y actitudes que nos ayudarán a desenvolvernos en la vida: la iniciativa, la creatividad, la capacidad de resolver problemas, la toma de decisiones y, por supuesto, la colaboración con otras personas.
Esta semana hemos querido profundizar en una de las bases fundamentales del emprendimiento: el trabajo en equipo. Porque emprender no consiste únicamente en tener una buena idea, sino también en ser capaces de compartirla, escuchar otras propuestas, llegar a acuerdos y encontrar soluciones junto a los demás.
Para ello, nos hemos enfrentado a un reto muy concreto: construir, por grupos, una torre que fuera lo más alta y sólida posible. Todos los equipos partían exactamente de los mismos materiales: dos pajitas de plástico, un folio y un trocito de plastilina. ¡Nada más! Con estos recursos, debíamos pensar cómo utilizarlos, imaginar diferentes posibilidades y organizarnos para conseguir nuestro objetivo.
Pronto hemos comprobado que no bastaba con ponerse a construir rápidamente. Antes de actuar, era necesario observar los materiales, pensar distintas alternativas, escuchar las propuestas de los compañeros y tomar decisiones conjuntas. Algunos equipos han tenido que modificar sus planes sobre la marcha; otros han descubierto que una idea que parecía estupenda al principio no funcionaba como esperaban. Y ahí estaba precisamente una parte muy valiosa del aprendizaje: probar, equivocarse, revisar lo que hemos hecho y volver a intentarlo.
Porque trabajar en equipo no significa que todos pensemos igual ni que una sola persona decida por los demás. Significa aprender a aprovechar las ideas de cada miembro del grupo, expresar nuestras opiniones con respeto y encontrar una solución compartida. También supone tener paciencia, repartir tareas, aceptar que otras propuestas pueden ser mejores que las nuestras y comprender que todas las personas pueden aportar algo importante.
Una vez terminada la construcción, hemos dedicado un tiempo a la asamblea para poner en común lo vivido y reflexionar sobre cómo había trabajado cada equipo. Más allá de la altura alcanzada por las torres, nos interesaba descubrir qué habíamos aprendido durante el proceso. ¿Nos habíamos escuchado? ¿Habíamos hablado antes de empezar? ¿Habíamos conseguido ponernos de acuerdo? ¿Qué dificultades habían aparecido? ¿Qué podríamos hacer de otra manera la próxima vez?
A partir de estas preguntas, hemos identificado algunas acciones esenciales para que un equipo funcione: pensar, decidir, escuchar, comunicarse, observar, organizarse, resolver problemas, revisar, etc. También hemos hablado de la importancia de respetar los turnos de palabra, valorar las aportaciones de los demás y mantener una actitud flexible cuando algo no sale como habíamos imaginado.
Esta reflexión nos ha permitido comprender que una dificultad no tiene por qué convertirse en un obstáculo definitivo. Puede ser una oportunidad para detenernos, analizar lo que ocurre y buscar una alternativa entre todos. Del mismo modo, hemos visto que una buena idea individual puede enriquecerse cuando se comparte y se combina con las ideas de otras personas.
Durante esta actividad hemos trabajado la creatividad y la resolución de problemas, pero también habilidades sociales, comunicativas y de autorregulación que necesitamos desarrollar en nuestro día a día en el aula.
Seguiremos buscando nuevas oportunidades para poner en práctica esta y otras habilidades, porque aprender a colaborar, confiar en las propias posibilidades y valorar las de los demás es una herramienta fundamental para afrontar futuros retos.
Aprendemos a cuidarnos: el plan de emergencia
Esta semana también hemos contado con la visita de nuestra directora, Loli, que nos ha acompañado para explicarnos en profundidad el plan de emergencia del colegio.
A través de su charla, hemos podido conocer cómo debemos actuar si escuchamos un aviso por megafonía y por qué es tan importante mantener la calma, prestar atención a las indicaciones y seguir las instrucciones de las personas responsables. También hemos hablado de algunas medidas concretas que debemos tener presentes ante situaciones como un incendio, un terremoto o una inundación.
Hemos aprendido que, en una situación de emergencia, no se trata de correr ni de actuar por nuestra cuenta, sino de escuchar, mantenernos tranquilos y seguir las pautas establecidas. Conocer previamente cómo debemos comportarnos nos ayuda a sentirnos más seguros y a responder de una manera adecuada si alguna vez necesitamos ponerlo en práctica.
Estas conversaciones forman parte de un aprendizaje imprescindible: cuidarnos también significa saber cómo actuar para protegernos a nosotros mismos y a las personas que nos rodean. Familiarizarnos con estas medidas desde pequeños nos ayuda a desarrollar responsabilidad, autonomía y conciencia colectiva.

Las tres erres: pequeños gestos para cuidar nuestro entorno.
En el área de Ciencias continuamos explorando y conociendo nuestro entorno más cercano. Durante las sesiones anteriores hemos prestado atención a algunos de los espacios naturales que forman parte de nuestro colegio, como el huerto, la granja, el estanque y el jardín. Observarlos nos ayuda a descubrir la riqueza de nuestro entorno y a comprender que también tenemos una responsabilidad en su cuidado.
Esta semana hemos dado un paso más y nos hemos acercado a la importancia de reducir nuestro impacto sobre el medioambiente a través de la conocida regla de las tres erres: reducir, reutilizar y reciclar.
Hemos reflexionado sobre cómo nuestras acciones cotidianas generan residuos y sobre la posibilidad de tomar decisiones que contribuyan a disminuirlos. Reducir significa intentar consumir menos y evitar residuos innecesarios; reutilizar consiste en dar una segunda vida a los objetos siempre que sea posible; y reciclar nos permite separar correctamente determinados residuos para facilitar su tratamiento y aprovechamiento.
Nos hemos centrado especialmente en esta última R, aprendiendo a identificar los contenedores de diferentes colores y a relacionarlos con los residuos que debemos depositar en cada uno. A través de esta actividad, hemos empezado a comprender que separar correctamente la basura no es un gesto aislado, sino una práctica que, cuando se convierte en un hábito compartido, contribuye al cuidado de nuestro planeta.
Además, hemos conectado este aprendizaje con los espacios naturales que conocemos y disfrutamos en el colegio. Cuidar el huerto, respetar la granja, mantener limpio el jardín o proteger el entorno del estanque son acciones que cobran aún más sentido cuando entendemos que nuestras decisiones tienen consecuencias sobre el medio que compartimos.
¡Porque cuidar el planeta empieza con decisiones pequeñas que están al alcance de todos!
Tatiana Molina -tutora 2ºEPO-








